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The Marshmallow Challenge: ¿Qué deja como lección a un CEO?

Un simple experimento lúdico enseña valiosas lecciones sobre innovación, experimentación y trabajo colaborativo a ejecutivos.

The Marshmallow Challenge: ¿Qué deja como lección a un CEO?

Un simple experimento lúdico, como el reto del marshmellow enseña valiosas lecciones sobre innovación, experimentación y trabajo colaborativo a ejecutivos.

Los materiales son 20 fideos espagueti, un rollo de cinta adhesiva, una madeja de pabilo y un marshmellow. Los equipos son por lo general integrados por seis o diez ejecutivos de diferentes áreas. El reto: armar la torre más alta, que se sostenga en el piso por si sola, y que tenga en la cima al marshmellow. ¿Es posible lograr ese objetivo con estos elementos? A Peter Skillman, ingeniero de la Universidad de Massachusetts, con trayectoria en el ámbito del diseño en Nokia y Microsoft, se le ocurrió que sí. Parece descabellado pero la realidad es que estos elementos, combinados, ofrecen no solo la posibilidad de cumplir el reto, sino dejar lecciones que ninguna escuela de negocios había facilitado en tan poco tiempo. Skillman llamó a este experimento The Marshmallow Challenge.

No obstante, teniendo en cuenta que los espaguetis son frágiles y ligeros como para sostenerse verticalmente, y que el marshmellow, blando y pesado, podría ser el elemento que termine por derribar la torre, no se trata de un desafío nada fácil. Si bien es posible recurrir al pabilo y la cinta, mal utilizados representan otra razón para pensar con detenimiento cómo enfrentar este dilema en solo 18 minutos, tiempo reglamentario de esta dinámica. No hay reglas en cuanto a la forma ni el diseño de la torre. Gana aquella que alcance la mayor altura sin desmoronarse, bajo la premisa de que el marshmellow debe ir sobre la parte más alta. Eso es innegociable. Este reto fue popularizado por Tom Wujec en un clásico de Ted Talk, cuyas vistas ya superan los 4.2 millones de reproducciones.

¿Qué busca demostrar este reto? Los resultados varían dependiendo del grupo al que se le presenta el ejercicio, según cuentan Skillman y Wujec. Pero los hallazgos son también elocuentes.

-Trabajo en equipo: Teniendo en cuenta que se trata de un encargo grupal, este reto fomentar la colaboración y el liderazgo compartido. No obstante, según el análisis de Wujec, muchas veces son tres personas como máximo las que aportan el mayor número de ideas.

-Potenciar la creatividad: Como se trata de un reto, en el que además se compite con otros equipos y se dispone de un plazo perentorio de 18 minutos, los equipos tratarán de resolver el problema de la forma más imaginativa posible en el periodo de tiempo más breve.

-Conceptualización y prototipado: Generalmente los equipos que pierden son aquellos que no compartieron ideas previamente al armado de la torre o que no esbozaron sobre un papel una idea mínima de prototipo posible. Conceptualizar la mejor torre es la clave del éxito.

-La importancia de la iteración: Repetir un proceso hasta alcanzar una meta deseada, un objetivo o resultado previsto, es la base de todo proceso de creación. En ese sentido, intentar dos o tres posibilidades antes de que termine el plazo deja lecciones sobre la innovación.

Según el análisis de Wujec, él ha llegado a cuatro importantes conclusiones tras desarrollar esta dinámica entre grupos de ejecutivos de empresas de todos los tamaños.

1. Los niños de kindergarten rinden mejor: Todos los estudiantes de kindergarten a los que se les aplicó la prueba obtuvieron mejores resultados y armaron estructuras más interesantes que los graduados de escuelas de negocios. La constante: no tienen miedo de probar alternativas.

2. Los prototipos importan: La razón por la que los niños tienen mejor desempeño que los adultos es porque se toman el tiempo de jugar, experimentar y hacer prototipos en el camino. A diferencia de los ejecutivos, ellos no se obsesionan con ganar sino con imaginar.

3. El uso del marshmellow: Los niños no necesariamente dejan el marshmellow para el final, sino que construyen la estructura alrededor de la forma y peso de este para que la torre lo sostenga. Los ejecutivos, en cambio, lo ponen al final, por lo que las estructuras ceden al peso.

4. El marshmellow es una metáfora para nuestros prejuicios: Si asumimos que, porque el marshmellow es blando y ligero al sujetarlo en las manos, la torre lo podrá aguantar, lo más probable es que nuestros esfuerzos estén mal encaminados y el resultado sea negativo.

Esta dinámica se puede aplicar a toda clase de organizaciones. Desde salones de clase hasta hospitales, pasando por fábricas, agencias de publicidad o bancos. En su página web, Wujec recomienda hacer esta dinámica cuando el equipo cuente con por lo menos una hora de tiempo para hacerlo. Es importante el ejercicio mismo, pero también la conversación y el análisis posterior en el que los participantes deben intercambiar impresiones después de haber participado. Wujec señala que en cierta ocasión ofreció un premio de 10.000 dólares a un grupo con varios equipos.

El resultado, en ese caso, fue desastroso y la performance de todos empeoró. ¿Por qué? Todos se enfocaron en el resultado y ninguno en el proceso. Meses después repitió la experiencia con los mismos equipos, pero sin el estímulo económico, y los resultados fueron hasta cinco veces mejores. En ese sentido, queda claro que un incentivo en un contexto de mucha presión puede generar el efecto contrario. Por otro lado, perder el miedo a probar enfoques distintos, de la mano del trabajo coordinado y bien repartido, es el derrotero a seguir si se busca que los obstáculos y desafíos de una empresa se conviertan en estímulos para la innovación y la creatividad.

¿Está dispuesto a someter The Marshmallow Challenge a su organización? Los resultados seguramente le sorprenderán.

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