Pequeños revolucionarios

La disrupción viene en tamaño pyme

Transformación. El ecosistema disruptor está en pleno desarrollo en el Perú y las microempresas llevan las de ganar. Estas son las barreras por derribar.

Ilustración: Víctor Aguilar.

Manuela Zurita Periodista

Primero fue el long play (LP), después el caset, después el CD y el discman, después Steve Jobs en sus jeans azules y polo negro reveló al mundo el iPod y después, llegaron los smartphones. La disrupción tecnológica en la industria musical -el tema de la obra de teatro mudo participativo Los Q´upas- ilustra el concepto. “Es aquel tipo de innovación que propone una forma totalmente nueva de interacción entre el cliente y el producto ofrecido, generando por ello en un muy corto período de tiempo un tremendo impacto en el mercado”, explica Darío Gastelo, profesor de Emprendimiento e Innovación, de la Escuela de Postgrado Universidad del Pacífico

“El reto está en la integración de la gran empresa en el ecosistema de innovación y emprendimiento, que puede impulsar aun más y potenciar los esfuerzos del Gobierno”. Ivonne Quiñones, CEO de Urbaner

En el Perú el caso emblemático -más recordado- es la plataforma de reserva de entradas Cinepapaya, adquirida el año pasado por la estadounidense Fandango, cuyo objetivo es terminar con las colas en los cines. Pero no es el único ejemplo. En el camino, han aparecido proyectos como Mesa 24/7 (reserva de restaurantes), Kambista (cambio de monedas en línea) o Urbaner (courier colaborativo). Los tres partieron como emprendimientos pequeños antes de despegar en el cibermercado. Es que, en efecto, las microempresas -pese a que solo el 40% está digitalizada en el país, según un estudio de McKinsey referido por Claro- son el caldo de cultivo por excelencia de estas ideas transformadoras.

“Las empresas que recién comienzan coquetean con la desaparición todos los días y esto las lleva a reinventarse constantemente para perdurar en el tiempo y consolidarse”, afirma Yoel Chlimper, fundador y CEO de Mambo, que impulsa proyectos de innovación en empresas en seis países de la región. En ese sentido, a juicio del ejecutivo, las grandes empresas tienen mucho que aprender de las start-ups. “Lamentablemente solo reaccionan cuando las disrupciones que amenazan sus mercados ya se materializaron”, advierte.

“Una oportunidad para acelerar el proceso de transformación digital de las empresas se centra en el uso intensivo del internet móvil para el despliegue de aplicaciones de negocios”. Ricardo Odría, Director de mercado corporativo de Claro

Gastelo asegura que el potencial de las pequeñas para innovar ha sido advertido por los biólogos y trasladado a la administración. “Los organismos y sistemas más antiguos y más grandes tienen mayor lentitud y dificultad en realizar cambios, ello se llama inercia y es un hecho físico que cuenta con leyes que lo explican”, detalla. De allí que los jóvenes (y los de espíritu joven) -sin preconceptos ni ataduras- suelan liderar las tendencias disruptoras.

US$8,5 millones

Era el valor de Cinepapaya en el 2016.

US$6 millones

Generaron los 240 restaurantes de la plataforma Mesa 24/7 el año pasado.

US$290 mil

Totalizó la mayor operación cambiaria de Kambista.

500

Empresas, comercios y personas usan plataforma de logística ondemand Urbaner.

Derribar barreras

¿Qué está permitiendo afianzar el ecosistema disruptivo? A juicio de Ryan Frazee, start-up mentor en The Founder Mentor, una actitud más positiva hacia el concepto de emprededurismo, que valora las buenas ideas. También lo propicia el mayor acceso a información (por ejemplo, sobre ideas foráneas que pueden adaptarse el mercado local) y el menor costo de arranque. Esto último levanta la barrera de acceso, pero no la hace menos retadora.

“Hace 15 años uno podía solicitar una inversión con un Power Point, ahora se espera una prueba de concepto. Los inversionistas quieren ver más”, sostiene Frazee. Al respecto, Aldo Bresani, director del Centro de Emprendimiento de ESAN, destaca la creación de fondos públicos y privados (incluidos los de universidades) que alientan la innovación.

No obstante, observa que un elemento disuasivo regulatorio de la disrupción en las empresas -en particular las MIPYME-, es el requisito de contratar a un investigador con PhD para obtener la devolución del 175% del IGV. “Una start-up no tiene los recursos para asumir su sueldo”, dice. Pero el dinero no debería ser un problema para un emprendedor tenaz. Daniel Bonifaz, CEO de Kambista, enseña que la clave está en buscar “smart money”. “No solo una persona que te dé plata, sino que quiera involucrarse”, define. En esa línea, Frazee acota que es importante identificar ángeles que “abran puertas”. “Hay que buscar capital para un negocio escalable”, concluye.

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