El despegue desde las redes sociales

Fuera de serie. Cinammon Style, El Turco y LalaLove gestaron su éxito empresarial en Internet y en las redes sociales. Ahora van por más, incluso en el mundo físico.

“Recibimos 600 clientes al mes. Con 150 alcanzamos el punto de equilibrio”, dice Luis Ángel Pérez, gerente de Barbería El Turco.

Manuela Zurita Periodista

“Queríamos ser una empresa, una marca”, afirma Natalia Merino, socia y fundadora -con su enamorado, Sebastián Guerrero Elías- del blog especializado en moda Cinnamon Style. El proyecto nació en el 2013, inspirado en blogs foráneos similares, cuenta Merino. “Tuvimos una conversación sobre lo serio que iba a ser”, dice la emprendedora, modelo y protagonista de las imágenes que difunde. Aunque partieron con canjes con marcas -ella posaba con las prendas y luego se las quedaba-, el negocio tomó forma cuando decidieron elaborar su primer tarifario.

Así, generan ingresos por fotos, videos, artículos, campañas publicitarias, apariciones en eventos y lanzamientos. Eso sí, siempre con honestidad, advierte. “No vamos a recomendar algo en lo que no creemos”, acota. El “universo retail” está en sus planes, como también el servicio de asesoría en márketing digital para marcas de ropa. Además, el blog original se ha convertido en una revista digital, mientras que Natalia ahora aparece en plataformas como You Tube e Instagram. Aunque a los 13 no tenía la barba que hoy luce, a Luis Ángel Pérez ya le decían “El Turco”, el apodo con el que bautizó a su negocio de productos para el cuidado de la barba.

Empezó vendiendo aceites y otros productos en línea y en locales de terceros, y la experiencia le mostró que existía un nicho desatendido en Lima. Creó una comunidad virtual, y luego una real a través del concurso “El barbudo más barbudo”. Hoy ya tiene dos locales, planea abrir uno más en Barranco y también una escuela de barberos.

Para Paola Ford, creadora de la marca de zapatos LalaLove, su presencia en redes (tiene casi 214 mil ‘fans’ de Facebook) impulsó la apertura de su local en el Jockey Plaza, la segunda tienda de su marca (cuenta con otra en Miraflores). En su caso, había un reto que la virtualidad de las redes no podía resolver. “Era importante tener un lugar para que las chicas se prueben los zapatos”, cuenta.

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