ngido como el opositor de turno con el 41% en primera vuelta, Toledo enfrentaba una guerra oficial -que lo mostraba como dubitativo y contradictorio frente a la firmeza de Fujimori- y otra sucia y subalterna, que alimentaba historias de adicción al vicio problemas maritales y, por primera vez, el rumor de una hija ilegítima. Después de los acontecimientos del 9 de abril del 2000, Toledo advertía que no se presentaría a ninguna elección si persistía el “andamiaje fraudulento”. El 18 de mayo, Perú Posible anunció su retiro de la segunda vuelta del 28, pero, al mismo tiempo, solicitó el aplazamiento de las elecciones para el 18 de junio. En medio de la confusión, Fujimori ganó la segunda vuelta con el 74,3% de votos y sin observación electoral.