La brigada de los peruanos en Normandía

Cinco peruanos y un francés que adoptó a nuestro país como su segundo hogar se enrolaron como voluntarios en el ejército de Bélgica para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Estas son sus historias.

Escoge el peruano

André

Layseca

Nació en Francia, partió a Sudamérica en busca de aventuras y terminó enrolándose en el ejército belga. Finalizado el conflicto regresó al Perú y permaneció en el país hasta su muerte en el 2010.

André Emmanuel Layseca nació en Blingel, el 14 de febrero de 1918. Sin embargo, al momento de enrolarse trabajaba como granjero en Trujillo. Al enrolarse, el joven de 28 años recibió el número de matrícula 6387.

El deseo de vivir una aventura al otro lado del mundo motivó a André Layseca a cambiar su natal Francia, donde vivía junto a su madre y hermana, por Sudamérica a finales de la década de 1930. Pasó por Brasil, Argentina y Chile antes de llegar al Perú con 10 soles de oro en el bolsillo. Por tres años realizó diferentes trabajos entre Lima y Trujillo antes de luchar en la Segunda Guerra Mundial.

No logró enrolarse en el ejército de su país por falta de cupos para voluntarios, pero se enteró que las exiliadas fuerzas belgas necesitaban soldados. Convenció a su amigo Jorge Sanjinez, a quien había conocido en el hipódromo, y juntos se inscribieron. A los pocos meses partían hacia Norteamérica desde el Callao.

Tras seguir el mismo entrenamiento que Sanjinez en Canadá y el Reino Unido, participó de la campaña de Normandía como parte del segundo pelotón de la Segunda Compañía Motorizada de la Brigada Pirón.

“Recuerdo que me contó un episodio vivido en Normandía. Era de noche y estaba de guardia junto a otros compañeros intentando escuchar si algún nazi se acercaba. De repente, una bala le pasó muy cerca de la cabeza. Cuando volteó, vio que el casco de su amigo volaba. Lo habían matado. Eso le impactó mucho”, cuenta Violeta Denegri, viuda de Layseca.

“Mi papá no solía hablar de su participación en la guerra. Además, en nuestra casa no se podían ver películas bélicas”, recuerda su hija Michèle.

Terminada la guerra, Layseca sentía que su aventura había sido interrumpida y que conocía a más personas en el Perú que en Francia. Decidió volver y trabajó en haciendas de Nasca y Chimbote antes de ser contratado por una fábrica de harina de pescado en Samanco, propiedad del empresario Luis Banchero Rossi.

El terremoto de 1970 destruyó su casa, obligándolo a mudarse con su esposa y dos hijas a Lima. En la capital trabajó en diversos hoteles antes de recibir una oferta para laborar en hospedajes de la selva. Layseca odiaba el caos de la ciudad por lo que aceptó de inmediato y se mantuvo en ese empleo hasta poco antes de fallecer en marzo del 2010, un mes después de cumplir 92 años.

Recuerdos de guerra.

Tras la Guerra, mi padre decidió volver al Perú para continuar su aventura. Al llegar, fue recibido como un héroe por todos sus amigos. Pese a ellos, nunca le gustó mucho hablar sobre su participación, especialmente con nosotras”

Michèle Layseca, hija de Layseca.

Luis Miguel

Chirichigno

Combatió en el conflicto con Ecuador de 1941 antes de formar parte de la Brigada Pirón. Vivió entre América y Europa antes de morir en el 2015.

Luis Miguel Chirichigno formaba parte de la división de tanques del batallón de artillería del Ejército peruano en el conflicto con Ecuador de 1941. El chiclayano tenía apenas 23 años cuando terminó esa guerra y se enteró que podía enrolarse en una aún más grande. Por puro deseo de conocer Europa se unió a los voluntarios belgas, viajó para entrenar con ellos en Canadá y ahí conoció a Arnoldo Zamora, un comerciante puneño de 27 años.

“Durante los entrenamientos en Canadá y Reino Unido, Zamora se afeitaba con un vidrio. Les cobraba 10 chelines a los soldados que quisieran ver ese espectáculo. Era un acto muy afamado entre las filas de la Brigada Pirón”, cuenta José Mogrovejo, historiador y biógrafo de Jorge Sanjinez.

Los dos llegaron junto a los otros peruanos hasta Londres, pero ninguno desembarcó en Normandía. “Ellos querían participar pero su comandante les indicó que no todos podrían ir porque no alcanzaban los barcos. Además, necesitaban a alguien en Londres que se encargue de la logística, recibir a los heridos y organizar las cosas desde ahí”, explica Cecilia Gil de Castritius, sobrina de ambos veteranos.

Estar lejos de Francia no los eximía del peligro. Londres era bombardeada casi a diario y ellos no podían estar en los refugios porque eran solo para civiles.

Chirichigno y Zamora continuaron sirviendo en las filas belgas hasta uno y dos años después de terminado el conflicto, respectivamente. Luego regresaron al Perú, el primero casado con una inglesa y el segundo con una suiza. Al poco tiempo, Zamora se divorció y años más tarde contrajo matrimonio con María Cristina Gil, media hermana de Chirichigno.

Luis Miguel se mudó con su familia a Inglaterra, volvió al Perú y finalmente se estableció en la isla de Gran Canaria, donde falleció en el 2015, un mes antes de cumplir los 97 años. Zamora trabajó como periodista. Jaime Bayly lo incluyó en su libro “Los últimos días de La Prensa”, pero le cambió el nombre a Zamorano. El veterano peruano falleció a mediados de la década de 1990.

Ninguno fue condecorado o participó de alguna ceremonia conmemorativa por parte del gobierno belga.

Recuerdos de guerra.

Mi tío era un cosmpolita. Recuerdo que él fue quien consoló a mis padres cuando decidí mudarme a Alemania. Había liberado a Europa del yugo nazi y quería que los más jóvenes disfrutemos de eso”.

Cecilia Gil de Castritius, sobrina de Chirichigno.

Jorge

Sanjínez

Escapó de los golpes de un padre alcohólico cuando era niño y terminó viviendo en plazas hasta que encontró en el hipódromo su hogar. Ahí un amigo lo animó a combatir en la Segunda Guerra Mundial. Actualmente es el único soldado de su compañía que sigue vivo.

A los 12 años huyó de los golpes de un padre alcohólico y se refugió en plazas, calles y hasta un burdel. Jorge Sanjinez ganó sus primeras monedas en un periódico y luego pasó a trabajar en el hipódromo de San Felipe en Jesús María. Corría el año 1942 cuando un amigo lo convenció para dejar los establos y enrolarse como voluntarios en el ejército belga que luchaba en la Segunda Guerra Mundial.

Gracias a ello pudimos conocer que nació el 06 de junio de 1920 en Lima, vivía en la hacienda de San Andrés, en Trujillo, antes de enrolarse y era mecánico de profesión. En la Brigada Pirón formó parte de la Segunda Unidad Motorizada y su número de soldado era el 4351. Además, según la ficha militar, se habría mantenido vinculado al ejército belga hasta 1954.

Condecorado. El congreso Peruano le rindió homenaje a Jorge Sanjinez y Francia lo nombró Caballero de la Legión por su coraje, entrega y trayectoria ejemplar.

“Durante la guerra conoció a Guyponcelet, un joven belga que había escapado de su país y fue acogido por la Brigada Pirón. El joven de 18 años tenía la costumbre de arrancarle los dientes de oro y objetos valiosos a los cuerpos que quedaban en el campo de batalla. Un día, Guyponcelet quedó bajo la supervisión de Sanjinez. En un descuido, el joven salió a buscar estos preciados objetos, pisó una mina y quedó despanzurrado. Esa imagen marcó mucho a Sanjinez”, explica José Mogrovejo, biógrafo del veterano peruano.

En 1946 Sanjinez regresó a Lima y pasó los siguientes dos años como desempleado hasta que encontró un puesto en la antigua empresa de telefonía. Posteriormente se incorporó a la compañía aérea Faucett donde llegó a ocupar el cargo de gerente comercial hasta la década de 1970, cuando se jubiló.

Durante todo ese tiempo mantuvo una estrecha relación con el veterano André Layseca, hasta la muerte de este último en el 2010. Sanjinez, de 100 años, vive actualmente en Pucallpa junto a su tercera esposa. Es padre de cinco hijos y la condecoración más reciente que ha recibido, la Legión de Honor de Francia en grado de caballero, le fue entregada a inicios del 2017.

Recuerdos de guerra.

Al inicio Sanjinez prefería no hablar sobre su participación en la Guerra. El recuerdo estaba fresco. Todo cambió cuando en 1994 viajó a Bruselas junto a Layseca y vio que era el último sobreviviente de su compañía. Supo que debía compartir sus vivencias”.

José Mogrovejo, biógrafo de Sanjinez.

Arnoldo

Zamora

Uno de los más rudos del grupo. Zamora se dedicó al periodismo luego de servir por cuatro años en la Brigada Pirón. Es uno de los personajes de "Los últimos días de La Prensa" de Jaime Bayly.

Luis Miguel Chirichigno formaba parte de la división de tanques del batallón de artillería del Ejército peruano en el conflicto con Ecuador de 1941. El chiclayano tenía apenas 23 años cuando terminó esa guerra y se enteró que podía enrolarse en una aún más grande. Por puro deseo de conocer Europa se unió a los voluntarios belgas, viajó para entrenar con ellos en Canadá y ahí conoció a Arnoldo Zamora, un comerciante puneño de 27 años.

“Durante los entrenamientos en Canadá y Reino Unido, Zamora se afeitaba con un vidrio. Les cobraba 10 chelines a los soldados que quisieran ver ese espectáculo. Era un acto muy afamado entre las filas de la Brigada Pirón”, cuenta José Mogrovejo, historiador y biógrafo de Jorge Sanjinez.

Los dos llegaron junto a los otros peruanos hasta Londres, pero ninguno desembarcó en Normandía. “Ellos querían participar pero su comandante les indicó que no todos podrían ir porque no alcanzaban los barcos. Además, necesitaban a alguien en Londres que se encargue de la logística, recibir a los heridos y organizar las cosas desde ahí”, explica Cecilia Gil de Castritius, sobrina de ambos veteranos.

Estar lejos de Francia no los eximía del peligro. Londres era bombardeada casi a diario y ellos no podían estar en los refugios porque eran solo para civiles.

Chirichigno y Zamora continuaron sirviendo en las filas belgas hasta uno y dos años después de terminado el conflicto, respectivamente. Luego regresaron al Perú, el primero casado con una inglesa y el segundo con una suiza. Al poco tiempo, Zamora se divorció y años más tarde contrajo matrimonio con María Cristina Gil, media hermana de Chirichigno.

Luis Miguel se mudó con su familia a Inglaterra, volvió al Perú y finalmente se estableció en la isla de Gran Canaria, donde falleció en el 2015, un mes antes de cumplir los 97 años. Zamora trabajó como periodista. Jaime Bayly lo incluyó en su libro “Los últimos días de La Prensa”, pero le cambió el nombre a Zamorano. El veterano peruano falleció a mediados de la década de 1990.

Recuerdos de guerra.

Tanto Zamora como Chirichigno se cuidaban de no hablar de la guerra frente a los más pequeños de la casa. No querían que ellos supieran la ‘terrible carnicería’ que se vivió en el campo de batalla”.

Cecilia Gil de Castritius, sobrina política de Zamora.

Carlos

Pérez-Barreto

Formó parte del primer grupo de peruanos que viajaron a Londres para entrenarse con las Fuerzas Libres de Bélgica.

En el caso de Carlos Pérez-Barreto, no se pudo ubicar a ningún familiar o persona cercana que nos brinde mayor información. Sin embargo, la asociación de veteranos de la Brigada Pirón le proporcionó a El Comercio el folder militar de Perez-Barreto.

Gracias a ello pudimos conocer que nació el 06 de junio de 1920 en Lima, vivía en la hacienda de San Andrés, en Trujillo, antes de enrolarse y era mecánico de profesión. En la Brigada Pirón formó parte de la Segunda Unidad Motorizada y su número de soldado era el 4351. Además, según la ficha militar, se habría mantenido vinculado al ejército belga hasta 1954.

Folder militar. Registros de los peruanos que combatieron para Bélgica.

Hay una foto del 10 de enero de 1943, un día antes de partir hacia Norteamérica, donde se ve a Pérez-Barreto y Sanjinez junto a otros colegas del hipódromo en un chifa de la Calle Capón. A veces una imagen transmite mucho y a mí me transmitió tristeza”.

José Mogrovejo, biógrafo de Sanjinez.

Carlos

Oyanguren

Registros de la guerra dan cuenta de su participación en las filas de la Brigada Pirón, a donde habría llegado luego que el resto de peruanos. Sin embargo, su historia continúa siendo un misterio.

Oyanguren pasó por el mismo proceso de instrucción pero llegó en otro grupo, después que los otros peruanos. De él no sé mucho más”.

José Mogrovejo, biógrafo de Sanjinez.

La ruta

hacia la guerra

En base a registros de la época logramos reconstruir el trayecto que siguieron los veteranos hasta la zona de guerra.

La brigada

Pirón

En 1940 el ejército belga se vio obligado a refugiarse en Londres. Ahí se entrenarían por cinco años antes de liberar Bruselas.

El 27 de mayo de 1940 el rey Leopoldo III selló la capitulación de su ejército frente a la invasión de la Alemania nazi. Sin embargo, el teniente general Chevalier Van Strydonk de Burkel se hizo cargo de las tropas que pasaron a llamarse las Fuerzas Belgas Libres.

En paralelo, el primer ministro Henri Jaspar realizó un llamado a “todos los belgas del mundo, unirse en el Reino Unido para combatir a los nazis”. Dos años después, en 1942, el mayor Jean Baptiste Pirón –quien ya había servido durante la I Guerra Mundial– llegó a Escocia para perfeccionar el entrenamiento de las tropas terrestres belgas, labor que realizó en territorio de EE.UU. y Canadá. A finales de ese año, Pirón estaba al mando de la Primera Brigada Belga. Entre 1943 y 1944 se iniciaron ejercicios de desembarco y un contingente de Luxemburgo fue adherido a la unidad. La brigada estaba compuesta por 2.200 hombres que hablaban 33 lenguas diferentes.

La campaña

de Normandía

Estadounidenses, británicos y franceses acordaran en 1943 realizar una invasión a través del Canal de la Mancha. Al año siguiente, el 6 de junio de 1944, tropas aliadas desembarcaron en cinco playas de la región francesa de Normandía (bautizadas como Utah, Omaha, Sword, Gold y Juno) en lo que se conoció como el Día D. Esta operación militar duró varios días. La primera jornada de combates fue casi un desastre ya que los aliados solo consiguieron controlar un pequeño terreno de playa. Los enfrentamientos se extendieron hasta el 30 de agosto, fecha en que los nazis se retiraron por el valle del río Sena.

BAJAS DE LOS ALIADOS

226.386

BAJAS DE LOS NAZIS

450.000

Lima
en 1940

ARCHIVO EL COMERCIO

Un terremoto que destruyó casi toda la capital seguido de un maremoto que arrasó gran parte del Callao marcaron el inicio de la década del 40 para Lima. La ciudad veía cómo su población de 662 mil ciudadanos -el Perú tenía poco más de 7 millones de habitantes, según el Censo General de 1940- aumentaba rápidamente debido a la migración andina.

La Plaza de Armas, el Jirón de la Unión y la Plaza San Martín eran las zonas más transitadas de la ciudad. Mientras que el Hipódromo de San Felipe recibía a elegantes limeños cada fin de semana. En época de verano, sin embargo, la mayoría de capitalinos pasaban los días en las playas de Chorrillos.

En el plano político, el presidente Manuel Carlos Prado y Ugarteche conducía al país al segundo conflicto armado de nuestra historia contra Ecuador, en 1941. Y deportivamente la selección de fútbol intentaba, sin suerte, repetir las brillantes actuaciones que había realizado durante la década anterior.

Así informó

El Comercio

Seleccionamos 15 portadas históricas de nuestro archivo para narrarles los principales episodios de la Segunda Guerra Mundial.