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Mujer de rojo

Allison García Montes tiene 31 años y es psicóloga de profesión. Mide aproximadamente 1.60 cm. y es de figura menuda, pero ello poco le importó cuando su vocación de servicio la llevó a inscribirse en la Compañía de Bomberos Cosmopolita 11 de San Borja. Hace 8 años, cuando iba a cumplir 23, Allison ingresó como bombera alumna. Luego fue seccionaria y ahora ya es una de las 614 subtenientas del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios que hay en todo el país.

Allison es soltera y no tiene hijos. El porcentaje de mujeres bomberas en el Perú es de 21%, según cifras oficiales. Y dentro de ese grupo, el porcentaje de mujeres solteras alcanza el 78.5%. La mayoría de mujeres bomberas se queda como seccionaria, el primer escalón luego de ser bombero alumno.

Una de las causas de que las mujeres sean todavía un grupo minoritario, según explica Allison García, es que la maternidad se convierte en su prioridad en determinado momento. Ingresan varias adolescentes y jóvenes, pero no duran mucho tiempo, sostiene. Ella continúa al paso de los años y cientos de emergencias. Cuando no está trabajando en un centro educativo como psicóloga, viste su pesado traje rojo y sigue adelante.

¿Es complicado el trabajo? Lo es, dice Allison, pero a veces “la maña es más importante que la fuerza”. Aun así, la voluntad de ayudar puede pesar más. “Uno diría que la mujer no tiene la misma fuerza que el hombre, pero en el momento la adrenalina te hace sacar fuerzas de donde sea”, declara.

Las herramientas son pesadas, cargar un tanque de aire es pesado. “En los últimos que han llegado el arnés es para un hombre talla L, pero te lo ajustas y chambeas; la puerta de los vehículos es muy alta, pero puedes acomodarla”. Allison siempre tiene una respuesta y una alternativa. No hay obstáculos para obedecer al llamado altruista, no obstante “tienes que poner de tu parte”, advierte la bombera.

“Haces ejercicios, te preparas. Si es lo que quieres hacer, entonces te motivas. Si hay que hacer algo pues lo aprendes, si no puedes lo vuelves a intentar y si ya no puedes pides ayuda, pero sigues aprendiendo”, sentencia.

Durante la emergencia por la caída de huaicos en la Carretera Central y el posterior cierre, Allison acudió junto a un equipo con el fin de apoyar con un vehículo para iluminar el trabajo de las retroexcavadoras.

Además, estuvo disponible para los cansados viajeros que, tras días de caminata por la vía bloqueada, se rendían apenas avistaban asistencia. Como quien ve la luz al final del túnel, deshidratados y agotados, saludaban la presencia de los hombres de rojo. Estos les ofrecían su apoyo como paramédicos y en algunos casos los trasladaban a centros de salud. Ahí, entre varones socorristas, estuvo Allison.

En el Cuerpo General de Bomberos también hay madres de familia. No asisten regularmente y se dedican muy pocas horas al servicio. “Esperan que crezcan un poco los hijos y vuelven, pero luego no vienen unas semanas”, dice Allison. Sin embargo, ese no es un problema en la población masculina. Son padres, son esposos, pero asisten casi con normalidad.

En sus años como bombera, Allison ha apoyado en múltiples emergencias médicas, rescates, e incendios. Algunas de las experiencias han marcado su vida, por lo impactantes o por lo dolorosas. “Encontrar en un incendio a una niña dentro de un clóset ya calcinada. Para mí, eso fue lo más impactante”, manifiesta con pesar.

No obstante, ser bombera también le ha dado a la joven mujer satisfacciones la mayor parte del tiempo. Una de las experiencias más gratificantes, afirma, es ayudar a salvar una vida: “Cuando llegas al centro médico y dices: te traigo a este paciente. Logras salvarlos y dices ¡rayos, pude hacer algo!”

Texto y fotos: Natalia Molina
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