Ilustración libre. Se ve a Hernando de Montenegro e hijo mestizo con el marqués de Cañete y mujer india. Al fondo, las viñas del español.
Ilustración libre. Se ve a Hernando de Montenegro e hijo mestizo con el marqués de Cañete y mujer india. Al fondo, las viñas del español.
Catherine Contreras

La primavera va llegando a la avenida Abancay, reverdeciendo los frágiles arbustos de hojas negras de tanto smog. Allí, en la esquina con la cuadra 5 del jirón Huallaga, hace más de 475 años, la escena debe haber pintado diferente: tras dormir el invierno limeño, algunos brotes asomaban de los sarmientos en los parrales que un conquistador español había plantado en la huerta de su solar y regado con las aguas del Huatica. Hernando de Montenegro fue su nombre, y su mérito el haber dado inicio a la historia de la vitivinicultura en Lima, en el Perú y en toda Sudamérica.

La curiosidad pisquera puede conducir a un investigador por caminos insospechados. Sucedió con Guillermo Toro-Lira Stahl. Ingeniero electrónico, psicólogo, investigador de la historia, escritor. En el 2011 –seis años después de publicar su "Alas de los querubines", crónica novelada sobre el redescubrimiento del pisco punch– decidió esclarecer las contradicciones detectadas en cronistas como Garcilaso de la Vega, Bernabé Cobo y Pedro Cieza de León sobre el origen de los cultivos de vides en el antiguo reino del Perú.

El investigador Guillermo Toro-Lira ubicó este mapa de la Lima de 1664, donde se observan los cuatro principales campos cultivados en Lima. Fuente: Biblioteca del Congreso de los EE.UU., Washington DC.
El investigador Guillermo Toro-Lira ubicó este mapa de la Lima de 1664, donde se observan los cuatro principales campos cultivados en Lima. Fuente: Biblioteca del Congreso de los EE.UU., Washington DC.

Con la paciencia y el tiempo que concede el retiro laboral, Toro-Lira estudió paleografía del siglo XVI y se entregó a la lectura de protocolos y poderes notariales, contratos de compra y venta, y los libros del cabildo de Lima que halló en fuentes como la Biblioteca Nacional, el Archivo General de la Nación y el Archivo Histórico de la Municipalidad de Lima.

Investigador Guillermo Toro-Lira. La edición de su libro tiene el color de la uva listán prieto y las letras llevan el color de la plata, por el fin comercial que tuvieron las primeras viñas: el vino había que hacerlo en Perú para llevarlo a Potosí. (Foto: EFE)
Investigador Guillermo Toro-Lira. La edición de su libro tiene el color de la uva listán prieto y las letras llevan el color de la plata, por el fin comercial que tuvieron las primeras viñas: el vino había que hacerlo en Perú para llevarlo a Potosí. (Foto: EFE)

La punta de la madeja fue una lista de taberneros escrita en un libro del cabildo de Lima, pista que lo llevó a lo que él considera su primer hallazgo: el contrato de compra-venta de una viña, fechado en 1549, entre doña María Martel y Antón Ruiz de Guevara, alcalde del Cusco. Aquellos cultivos de aproximadamente dos cuadras estaban cerca a lo que es hoy la Biblioteca Nacional. Pero esos no fueron los únicos ni quizá los primeros.

Libro del cabildo de Lima ( 1553-1557 ).
Libro del cabildo de Lima ( 1553-1557 ).

Vengan las vides
Tierra fértil encontraron los conquistadores aquí en el Perú. Explica Toro-Lira que una carta del primer obispo del Cusco y Sudamérica Vicente de Valverde, escrita al rey en 1539, da cuenta del arribo de las primeras vides a nuestra ciudad: "Esperando ahora plantas, así de vides como de otros árboles, que se traerán de Guatemala".

Fueron esquejes de listán prieto los que poblaron las primeras viñas de Lima. La que heredó la viuda Martel, la que tuvo Jerónimo de Aliaga, la de Francisco Pizarro y la de Hernando de Montenegro (Villanueva de la Torre, Castilla-La Mancha, 1496), otro de los primeros residentes a los que el conquistador concedió terrenos tras la fundación de Lima. A este último personaje se asocia otro importante hallazgo de Toro-Lira: una probanza de 1586 (solicitada por su nieta Lucía de Montenegro) incluye otra de 1556 en la que el propio Hernando de Montenegro consulta a ocho testigos –entre otras cosas– si es verdad que fue "la primera persona que plantó viñas en esta tierra y otros muchos árboles de Castilla, y que todas cuantas plantas hay hasta Chile han salido y sido el origen de ellas la huerta y viña del dicho Montenegro".

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Dieron fe de ello, entre otros, el primer alcalde de Lima, Nicolás de Ribera El Viejo, confirmando que de su viña "se han hinchido todo el reino, y esto lo dice por lo que ha visto" (sic). Y Alonso Martín de Don Benito (alcalde en 1551) corroboró: "Es verdad que fue el primero que empezó a poner viña en esta ciudad y la plantó, y de su casa y viña se ha producido así esta ciudad como Huamanga, Cusco, Arequipa y Chile, por ser una viña de buen vidueño".

De Montenegro –cuenta Toro-Lira– solo habló Bernabé Cobo en sus crónicas. Garcilaso de la Vega solo cita una vez a Francisco de Caravantes, pero de este personaje el investigador no ha encontrado ninguna información.

Hágase el vino
Calcula Toro-Lira que un litro de vino puesto en Lima en el siglo XVI costaba entre 300 y 400 dólares, por lo complicado del transporte desde España. Por eso los conquistadores y migrantes con pasta de empresarios pensaron que hacer vino aquí sería más barato. Había demanda (en Lima, los indios, que ya contaban con cultura alcohólica por la chicha, eran grandes consumidores de vino, según graficó Huaman Poma de Ayala) y también mano de obra para el cultivo. "Los nativos peruanos fueron, en realidad, quienes desarrollaron la viticultura", reflexiona Toro-Lira.

Tras su larga investigación, el autor deduce que el primer vino local se hizo en Lima en 1551. "Hay una ordenanza de ese año en que el Cabildo de Lima da licencia de tabernas", anota, aunque esta no especifica que allí se debía vender vino nativo. Sí indica que eran 14 las tabernas que había en la Lima de entonces, y que lucían ramos verdes, "una antigua tradición romana -detalla el investigador- que estuvo vinculada con la disponibilidad de vino recién producido por los vinicultores".

A esa evidencia se suman otras más, asociadas al término de fermentación de vinos en el Perú y al costo de la uva: escritos revelan que Montenegro se quejaba del precio de venta de uva justo en una época en que la época de vendimia estaba por comenzar.

El primer mercado de ese vino nativo sería Potosí, advierte el escritor, que pone en duda la típica explicación de que el vino en Perú se empezó a producir para cubrir los requerimientos de la Iglesia para la consagración en misa. "Se creó la ruta Lima-Potosí-Lima, el vino regresaba en plata. En el camino estaba Arequipa, y plantaron viñas allí. A la larga ese vino reemplazó al limeño y desaparecieron las viñas en la ciudad", dice.

"La vitivinicultura fue por plata", concluye Toro-Lira. Por eso el color plateado de la tipografía del título de su libro, cuya cubierta lleva un característico color a esa uva madre: la listán prieto.

Título: "Las viñas de Lima"
Autor: Guillermo Toro-Lira Stahl
Editorial: Universidad Ricardo Palma