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La crítica gastronómica de Paola Miglio a Tanta de San Isidro

Esta semana reseñamos una visita al restaurante de cocina peruana y pastelería ubicado en el distrito de San Isidro

El Tanta de San Isidro no se queda quieto. Se encuentra en una de las esquinas más queridas del barrio, aquella donde alguna vez estuvo la fuente de soda Del Pilar, esa que con sus pollos broaster y mayonesa inolvidable remataba alegre mis sábados de infancia. Donde también se ubicaba la pastelería Montserrat, conocida por sus ratones de mantequilla y esas tortas de cumpleaños que recreaban cuentos mágicos con mazapán y merengue italiano. Ante tal historia, no podía sino acomodarse en esa cuadra de Pancho Fierro un local igual de acogedor y entrañable. Un espacio que ha sabido cómo abrazar un vecindario de esencia sosa, con guisos calientes, recetas golosas y sabores de hogar.

Un consejo, no vaya pensando "a ver, qué se me antoja", tenga definido por lo menos el tipo de comida que va a pedir –piqueo, ensalada, fondo–, de lo contrario puede perderse en una carta juguetona y un poco larga, incluso a veces barroca (lo que puede aturdir), que alberga un espíritu festivo y contagioso que anima a quererlo todo. Y todo no se puede tener (ni comer). Por eso, ir una vez no basta, hay que regresar (abre desde el desayuno), aunque sea solo por una de esas reconfortantes y equilibradas cremas de zapallo loche o una sopa criolla sabrosa.

El magnetismo de Tanta radica en el cambio constante, pero sin alejarse de los clásicos. Además de la generosidad de las porciones y esa facilidad de acercarse a los sabores de casa que ha logrado con la experiencia. Su cebiche es sencillo e impecable, balanceado en ácidos, de camote y choclo bien elegido y pesca del día. Su lomo saltado regala un ahumado puntual, arroz graneado, gajos de tomate vigorosos y de cebolla crujientes.

Las papas, eso sí, llegaron esta vez algo marchitas y nada crocantes, arrastrando un ligero sabor a tiempo. Pero se reivindicaron con la jugosa empanada de lomo saltado y los tamalitos, delicados y de textura consistente: el verde y el de alcachofas, con pedazos de corazón insertados en la masa. Una anotación para tener en cuenta: las causitas a veces se plantean algo apagadas, y lo mismo sucede con las tapas del mostrador, quizás es por las horas que pasan expuestas, pero ingresar y ver el despliegue marchito no es reflejo de lo que se va a servir y puede confundir al comensal.

En Tanta las fechas especiales también mandan y se incluyen platos de celebración, como el reciente bacalao de Semana Santa, que resultó un contundente potaje con menestras; o el picante de langostinos que no pude probar (por alergia) pero fue pedido en la mesa. Los postres, siguiendo la guía diestra de Astrid Gutsche, son un atractivo de por sí. También innovan por las fechas, incluso más que la carta salada. Lo último fueron unos robustos huevos de Pascua completamente rellenos, bastante dulces pero destinados al compartir. Me quedé con el de praliné y el de vainilla. Un dato extra: el turrón de Doña Pepa que hacen para octubre es uno de los más sólidos que hemos probado, de miel frutada y un toque ácido para despertar el almíbar, de masa pareja y quebradiza. Para todo el año, sus barras de cacao peruano, bombones y los macarrones, estos últimos un importante logro en una ciudad húmeda en la que todo se aplasta. Para Navidad, el panetón de mazapán y chocolate de origen.

Dentro de las virtudes del Tanta están su amable atención en sala, la creatividad y esa eterna curiosidad en la recreación de recetas y dulces de toda la vida, siempre desde una mirada más contemporánea, introduciendo lo lúdico, permitiendo que el comensal se divierta comiendo, que comparta y que disfrute del buen insumo. Su versatilidad permite descubrir platillos del día y la buena sazón del local de San Isidro ha sabido cómo mantenerse con los años. Así, se convierte en un lugar seguro al cual volver, pero que siempre tiene una sorpresa bajo la manga. Como la casa de mamá.

AL DETALLE
​Puntuación: 16/20
Tipo de restaurante: cocina peruana, pastelería.
Dirección: Pancho Fierro 115, San Isidro.
Horario: lun. a sáb. de 8 a.m. a medianoche, dom. de 8 a.m. a 10 p.m. (no aceptan reservas).
Estacionamiento: Algunos espacios frente al local.
Precio promedio por persona: (sin bebidas): S/50 para comidas, S/25 desayunos.
Carta de bebidas: larga y generosa.

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