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La crítica gastronómica de Paola Miglio al restaurante Casa Belga

Hay un intento de recrear clásicos del recetario belga y meterles un guiño local, pero la propuesta no termina de cuajar

El Centro de Lima reclama espacios de buena comida. Siempre lo hizo. Allí parece que el tiempo se ha estancado en el menú del día, algunos más sabrosos y reconfortantes que otros (campo importante para explorar próximamente), pero también en aquellos orientados al turista desprevenido. Los lugares con propuestas ingeniosas para darse una buena comilona están contados con los dedos y a veces un pequeño destello de luz en el horizonte puede conducirnos a una aventura que emociona al principio, aunque el final no siempre sea el más feliz. Eso pasó esta vez con Casa Belga Restaurant. El lugar es encantador: una casona restaurada, de aquellas con patio grande y techos altos, que podría sacar mejor provecho del ambiente si le dedicara unos minutos más al orden y la limpieza.

Lo de la prolijidad en salón podría pasarse por alto si la cocina se luciera con sus preparaciones, pero no es así (salvedad: en esta oportunidad hablaré de la carta "oficial", no de los menús del día ni de los especiales futboleros). Hay un intento de recrear clásicos del recetario belga y meterles un guiño local, pero la propuesta no termina de cuajar y la carta no transmite solidez ni el emplatado actualidad: remite a épocas viejas, y al abuso innecesario de salsas en la decoración. Algunos sabores están buenos, como el del chinito suelto en Bélgica, donde el arroz tiene una cocción impecable y resaltan los tonos orientales de la proteína bien aderezada. O el lomo Westmalle, en salsa de cerveza y con castañas tostadas, que casi lo logra, pero no: la carne no atina en la cocción requerida, aunque eso es enmendable si el cocinero se aplica. El plato bandera no pasó la prueba: a pesar de servirse con un puré casero de buena factura, el oiseau sans tête (el original suele ser un enrollado de chuletas de cordero, ternera o ave relleno de carne molida, asado o estofado) estuvo flojo de ataduras, servido con una reducción de cerveza negra un poco fuerte que se impuso al sabor de la carne. En la sección postres hay que hacer una reingeniería de fondo.

Algunos puntos a favor. Primero, el uso de papa nacional para las papas fritas o frites, emblema de la culinaria belga y vicio maravilloso de la peruana. El problema es que en las salchi belgas, si bien la fritura era la adecuada y las papas estaban crujientes y nada grasosas, el chorizo se pasó de punto y estaba seco y el huevo tenía la yema sobrecocida: se esfumó esa magia tan nuestra de reventar el líquido y que se derrame por encima de los ingredientes. Segundo: la selección de cervezas artesanales belgas y la creatividad para nombrar los cocteles (exploraron toda Pitufilandia). Hay una interesante variedad en carta (con nuevos ingresos cada tanto). Recordemos que Bélgica tiene más de 800 tipos distintos de cerveza y copas especiales para casi todas. Su maestría en esta bebida es histórica. Además, está la posibilidad de llevárselas a casa, pues las venden en packs. Ahora, cuenta la leyenda que existe una cerveza artesanal de la casa, pero siempre que se pide, no hay. Habrá que seguir insistiendo.

El nicho que abarca este local es prometedor y la idea es buena si se gestiona de manera adecuada. No hay muchos restaurantes especializados en comida belga ni en el binomio belga-peruano en Lima, y el comensal local siempre curioso busca lo diferente. Su ubicación es también estratégica, el servicio amable y la calidez del espacio tiene potencial. Con todos estos elementos, los ajustes en cocina deberían de verse como reto por cumplir a corto plazo, sobre todo cuando el ticket de carta es elevado: no solo la cantidad importa, el precio se justifica también con calidad y no se pueden dejar pasar detalles cotidianos que, después de cerca de cinco años de apertura, ya deberían tenerse dominados.

AL DETALLE
Puntaje: 11/20
Tipo de restaurante: belga-peruano.
Dirección: Jr. Azángaro 254-260, Cercado de Lima.
Horario: de lunes a viernes, de 12 a 6 p.m.; sábados de 12 a 9 p.m. Estacionamiento: playas aledañas.
Bebidas: pintoresca carta de cocteles e interesante propuesta cervecera. Precios promedio (sin bebidas): S/70, precio promedio de cervezas S/25.
Dato extra: menú del día S/25.

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Paola Miglio

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