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La crítica gastronómica de Paola Miglio a Rovegno

Esta semana reseñamos una visita a la tradicional bodega ubicada en Jesús María

La hora del almuerzo en el Rovegno de Jesús María es un entretenido descontrol que encuentra su propio ritmo y orden gracias a la experiencia de su equipo: salón comedor, panadería y pastelería se llenan de hambrientos clientes que llegan desde por una empanada hasta por un menestrón. Este antiguo local limeño ha tenido altas y bajas, pero ha sabido cómo conservar su encanto de bodega clásica, de esas que hoy quedan menos. Cada visita a Rovegno es un regreso a la infancia, a esas tortas de bizcochuelos suaves y cremas chantillís abundantes, a las galletas o masitas que las abuelas siempre tenían listas para cuando tocaba visita dominguera, a los mix de encurtidos hechos en casa y a una 'tavola calda' (mesa caliente) con las propuestas más hogareñas.

El proceso es rápido, la comilona veloz. No hay tiempo que perder y, si quieren para llevar, en pocos minutos alistan los platos en recipientes descartables (ojalá que pronto cambien a reciclables, porque aún sirven en plástico), siempre con una sonrisa breve pero cordial y el ojo vigilante esperando la siguiente comanda. El comedor ofrece un menú cumplidor: suculentos menestrones servidos en mostrador directamente de la olla; un pollo al horno especiado y jugoso; lomo saltado de buena relación calidad/precio; sencillas entradas, como ocopa y causas que matan el antojo; y chicharrón de cerdo jugoso con camote frito para comprar al peso. Hay platos con los que mejor es no meterse, como la lasagna, de factura débil, a cuyas salsas les falta cariño y tiempo.

La panadería y pastelería destaca por los clásicos, pero también panes campesinos, como el de cerveza. Hay que meterle más fuerza a la bollería y empanadas, que palidecen ante el resto de la oferta, y más cuidado a la sección (bastante amplia) de galletas, que se muestran apagadas, secas y nada apetecibles. Los pasteles son los tradicionales, grandes, con cremas abundantes (igual que las tortas) y se percibe una nula intención de puesta al día. La alta rotación permite, eso sí, que la mayoría de los productos sean frescos. Un detalle, ojo al turrón de Doña Pepa. Sí, ya sé que estamos noviembre, pero como para despedir definitivamente el mes morado: su masa es tierna y crujiente, aunque la miel podría mejorar.

El Rovegno de la Av. Arenales se constituye como uno de los grandes bastiones bodegueros que aún quedan en Lima, donde los vecinos y visitantes se encuentran y comparten rutina. Si bien su oferta culinaria se ha quedado un poco anclada en el tiempo, es justo reconocerle que forma parte de una cultura viva gastronómica que no debe desaparecer, que muestra la diversidad de una sabrosa Lima urbana. Aquella donde las tradiciones se integran, crecen de la mano y se nutren mutuamente.

AL DETALLE:
Puntuación: 14/20
Tipo de restaurante: panadería, pastelería, bodega y restaurante criollo-italiano.
Dirección: Av. Arenales 456, Jesús María.
Horario: de lunes a sábado, de 7 a.m. a 10 p.m.
Estacionamiento: puerta calle
Carta de bebidas: café, chocolate caliente, bebidas frías, cocteles clásicos y bastante retros.
Precios: menú ejecutivo S/22, menú económico S/15, sánguches a S/16.

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