Elecciones en EEUU: Nada como un trago en un país sin ley seca
Elecciones en EEUU: Nada como un trago en un país sin ley seca
Redacción EC

En Estados Unidos, el y el beber van juntos como el gin y el agua tónica, o como despertarse a la mañana siguiente y tragarse el doble de la dosis recomendada de ibuprofeno.

En la actualidad —con lo cual quiero decir específicamente hoy, 8 de noviembre, el punto culminante de una temporada de campaña históricamente pútrida—, los ciudadanos estadounidenses tienen más razones que nunca para buscar refrescos de adultos. Es un deber patriótico, por cuanto implica participar en una tradición nacional más antigua que la propia nación.

“Ofrecer alcohol al público en elecciones era una costumbre colonial tomada de Inglaterra”, escribe el distinguido psicofarmacólogo Ronald K. Siegel en su libro, Intoxication: The Universal Drive for Mind-Altering Substances (Embriaguez: el impulso universal en busca de sustancias que alteran la mente). George Washington no respetó esta tradición en su candidatura de 1755 a la Cámara de los Burgueses de Virginia. Los votantes criticaron su falta de hospitalidad. Rehusándose con valentía a cometer dos veces el mismo error, Washington se atuvo a la costumbre. En 1758, escribe Siegel, “Washington entregó 144 galones de ron, ponche, vino, sidra seca y cerveza; recibió 307 votos, más de dos votantes por galón”. El resto es historia estadounidense para los cursos avanzados.

En los días iniciales de Estados Unidos, en la década de 1800, la conexión entre el voto y la botella se fortaleció. A mediados del siglo XIX se vivió una epidemia de “cooping”, recientemente descrito por el Atlas Obscura como una operación de sacar personas a votar en la cual “pandillas violentas secuestraban a los votantes, les daban alcohol o drogas y los obligaban a votar múltiples veces vestidos con varios disfraces”. Aproximadamente en la misma época, Tammany Hall de Nueva York y los de su calaña se esmeraron en aportar diversión al sistema político por partidos: los jefes políticos operaban locales de votación en sus propias tabernas.

Si la actual competencia Clinton-Trump lo ha puesto nostálgico de los días en que uno podía simultáneamente ejercer el derecho a votar y metabolizar el alcohol, humildemente postulo el cóctel Old Fashioned o a la antigua.

Es al mismo tiempo una bebida dura y elementalmente bella. "Es una de las estructuras básicas de cóctel clásico", explicó Gates Otsuji, jefe de bar de Standard Hotels, de Nueva York. "Cuando uno piensa en el cóctel Old Fashioned, es como retrotraerse en el tiempo".

Esta dinámica es especialmente cierta en época de elecciones. Cuando la palabra cóctel por primera vez apareció impresa, era para referirse a esta bebida, un debut que se produjo en el contexto de emitir votos. En 1806, el editor de un diario llamado The Balance and Columbian Repository, de Hudson, estado de Nueva York, respondió a un lector confundido por una mención circunstancial de “cock-tail”:

"Cock-tail, entonces, es un licor estimulante, compuesto de alcoholes de cualquier tipo, azúcar, agua y bíter. Se supone que es una excelente poción para la votación por cuanto endurece el corazón y envalentona, a la vez que embriaga la cabeza. Se dice que es, también, de gran uso para un candidato demócrata: porque, después que una persona ha tragado un vaso de él, está dispuesto a tragarse cualquier otra cosa".

Además, la tradición del Old Fashioned es democrática con “d” minúscula: diversa y pluralista. Si bien se lo prepara típicamente con centeno o bourbon, funcionará con cualquier otro licor de base; las alternativas famosas incluyen el brandy, el ron y el aguardiente de manzana que templó gratamente a los soldados de Washington en el río Delaware.

Más aun, es uno de esos cócteles que son perfectamente aceptables de armar en el vaso que, por supuesto, es un vaso anticuado.

Al señalar que es apropiado dejar a un lado el vaso mezclador, estoy también tratando de insinuar que el Old Fashioned sobrevivirá al desinterés del barman hogareño por el control de calidad según avanza la noche de las elecciones. Como la república, marcha adelante.

(Fuente: Bloomberg)

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