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La crítica gastronómica de Paola Miglio a Barra Chalaca

"Los platos son grandes, incluso para compartir. En las veces que he visitado este local lo hice entre varios y siempre abrimos con un copón de leche de tigre."

barra chalaca

(Foto: Facebook)

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La proliferación de barras cebicheras en Lima, de un tiempo a esta parte, es notable. Las que logran distinguirse lo hacen porque
apuntan al combo calidad/ precio y porque han sabido cómo construir un concepto con marcada personalidad. Dentro de ellas está Barra
Chalaca, en San Isidro. El pequeño restaurante de alto tránsito tiene cola siempre y no molesta hacerla, pues avanza con rapidez. Para lograr este flujo, la atención ​tiene que ser atenta y efectiva, pero no atolondrada, y el equipo integrarse de manera correcta. Eso es lo que se manifiesta en sala o, en este caso, en barra y terraza.

Los platos son grandes, incluso para compartir. En las veces que he visitado este local lo hice entre varios y siempre abrimos con un copón
de leche de tigre. A pesar del intenso gusto a apio, un sabor del que suelo huir la mayoría del tiempo, en este caso está bien llevado y resulta hasta agradable. Además, es un gran punto a favor que el menjunje no venga licuado ni hecho trizas, una leche de tigre es el jugo que queda del cebiche, eso que tomábamos antiguamente del plato para cerrar la experiencia con un golpe intenso. Esta es ligera y reponedora, perfecta para un día con sol. Al pedido inicial se suma un arroz chaufa de grano largo y definido, con ese ahumado resultado del buen manejo de wok y los trozos de pimiento al dente. El cebiche
chalaco también encuentra equilibrio y ningún sabor se dispara ni opaca al otro. Y las almejas resultan frescas aunque esta vez se haya exagerado en la cantidad de chalaquita.

Algunos apuntes para revisar. A la causa con chimbombo, bien ejecutada (masa suave, balanceada, pescado frito jugoso y firme), se le pasó el dulzor de la salsa y la cebolla del escabechado pudo haber estado más crocante. También sería necesario prestar atención a la fritura del chicharrón de calamar que llegó bastante aceitoso y con abundante cáscara debido el exceso de enharinado (las yucas ni tocarlas: suaves, casi mantequilla). Y quizás al tiradito Chucuito se le podría rebajar la cantidad de mayonesa para disfrutar más del
resto de ingredientes. 

Una barra cebichera no necesita de mucho aparato para ser exitosa. Claro, influye el lugar, pero piezas claves son la dedicación, la calidad
del insumo, lo acorde del precio y la atención prolija. Trabajar con una carta corta y sin complicaciones es importante. Elegir lo que mande el mar, sin entrar en ese juego limeño de engreimientos, con confianza y sin complejos. La seguridad acá es importante y eso se refleja en la carta y en la mesa. Ahora, si quieren el punto dulce para cerrar el banquete, pues el alfajor rascacielo: varias capas de una masa crujiente, anisada, con recuerdos del turrón de Doña Pepa y un manjar potente que saca cara por el relleno. Ideal.

AL DETALLE

Tipo de restaurante: barra de cebiches.
Dirección: Av. Camino Real 1239, San Isidro.
Teléfono: no hay reservas, se atiende por orden de llegada.
Horario: todos los días de 11 a.m. a 5 p.m.
Estacionamiento: puerta calle. Bebidas: refrescos y cerveza.
Precio promedio por persona en carta (sin bebidas): S/ 50 – S/ 60
Calificación: 15 puntos de 20

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Paola Miglio

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