Módulos Temas Día

La crítica gastronómica de Paola Miglio al restaurante Félix Brasserie

A pesar de algunos traspiés fácilmente enmendables, Félix siempre da para volver

La terraza de Félix Brasserie es una de las más atractivas de Lima. A pesar de encontrarse en un espacio algo frío –como un centro empresarial–, los chefs Rafael Osterling y Ricardo Martins han logrado impregnarle un ritmo casual y descansado. En los almuerzos hay más movimiento y en las noches, tranquilidad a media luz. Los salones interiores y el bar del local están también en perfecta sintonía con el exterior. No hay duda: la estética ha sido bien pensada para crear una atmósfera distendida y con gracia que invita a la larga conversa y disfrute.

La puesta en escena se traslada a la carta, una breve selección de platos que no intimidan, que apuestan por el producto de mercado, por la pesca del día y el balance de sabores. Se entiende que a pesar de que la cocina la lleve Martins, Osterling tenga ahí huella fuerte. Hay guisos profundos y currys, pastas y carnes, como la entraña a la brasa y el asado de tira rostizado, dos de los favoritos por su exactitud en el punto de cocción y ternura. La propuesta es variada pero bien seleccionada y apunta al cuidado del insumo y a resaltar sus sabores primarios con delicados impulsos. Es una cocina sigilosa, con aires peruanos, mediterráneos, orientales y latinos, elegante mas no abundante, que logra ponerte de buen humor. El trato que se le da a los pescados y mariscos es también bastante prolijo: hay un tataki con jalapeños y piña que engloba sutileza y sabor, y un tiradito de conchas con granadilla, ciruela y palta que si está en carta, debe pedir. Nos hace sonreír.

A pesar de algunos traspiés fácilmente enmendables, Félix siempre da para volver. Primero, sobre sus tacos, de juego impecable, preguntamos si es necesario tener varias versiones al mismo tiempo en una carta tan pequeña y estacional. Luego, la hamburguesa de pollo (así sale en el menú) es en realidad un sánguche de pollo crispy al que no se le sintió el crujir por la cantidad de salsa coleslow y palta que llevaba: la carne se perdía tímida y lo crujiente se apagaba ante tanta humedad. Otro plato que quizá podría revisarse es el arroz verde con conchas cuyo caldo tan intenso aniquiló el delicado sabor del fruto de mar. Dos detalles: si bien la terraza en la noche se vuelve más amical y enamoradiza por la luz tenue, el problema es cuando se les va la mano y se alcanza el nivel penumbra, pues induce al sueño y no se ve ni lo que se come. Y luego, el servicio amable pero algo apurado también podría relajarse un poco para ir de acuerdo con el concepto total: la última vez que fuimos (lunes en la noche) no era tan tarde como para tanto correrío.

De Félix se quiere ver más. Incluso que su jefe de cocina, Ricardo Martins, se arriesgue con más sorpresas. Ya ha probado que sabe guisar, y bien. Está listo para elevar el reto. Sabemos que el público de la zona puede ser un poco conservador, pero su capacidad y talento pueden lograr una buena maniobra de timón. Finalmente, no olvidar los postres: deliciosos, generosos, indulgentes. Ese cobbler de uva borgoña con helado de leche vivirá en su recuerdo durante varios días después de haberlo probado. Es golosamente destructor.

AL DETALLE
Puntuación: 15/20
Tipo de restaurante: brasserie.
Dirección: Av. Santo Toribio 173, Centro Empresarial Camino Real, San Isidro.
Teléf.: 982 52-1 454.
Horario: de lunes a viernes de 12:30 a 3 p.m. y de 7:30 a 11 p.m., sábado de 1 a 4 p.m. y de 8 a 11 p.m., domingo de 1 a 4 p.m.
Valet parking: sí.
Precio medio por persona (sin bebidas): S/100.
Bodega: hay vinos y coctelería interesante, además clásicos de la casa bien hechos.

Tags Relacionados:

Paola Miglio

Leer comentarios ()

SubirIrMundial 2018Ir a Somos
Ir a portada