La niñez y la adolescencia, etapas tradicionalmente asociadas con la inocencia, el descubrimiento y el crecimiento, pueden ocultar una realidad mucho más compleja. En medio de una tormenta de factores, como el auge de la tecnología, el acoso escolar y el aislamiento, cada vez más jóvenes se sienten atrapados en un sufrimiento que no pueden expresar, y en ocasiones, ven en el suicidio la única salida posible.
La niñez y la adolescencia, etapas tradicionalmente asociadas con la inocencia, el descubrimiento y el crecimiento, pueden ocultar una realidad mucho más compleja. En medio de una tormenta de factores, como el auge de la tecnología, el acoso escolar y el aislamiento, cada vez más jóvenes se sienten atrapados en un sufrimiento que no pueden expresar, y en ocasiones, ven en el suicidio la única salida posible.
Por Milenka Duarte

Uno de los temas que genera gran preocupación en la sociedad contemporánea es, sin duda, el suicidio infanto-juvenil. Hace algunos años atrás, esta dolorosa y alarmante realidad era concebida como un problema de salud pública casi exclusivo de los adultos; sin embargo, hoy en día somos testigos de cómo este acto afecta cada vez más a personas de edades más tempranas, evidenciando así la fragilidad emocional y mental de nuestros jóvenes. En una etapa de la vida en la que el futuro debería estar lleno de sueños, descubrimientos y oportunidades, algunos niños y adolescentes sufren en silencio bajo el peso de sus emociones y las distintas circunstancias que los rodean, motivo por el cual, encuentran en la desesperanza un callejón sin salida.