• A cuatro siglos de la muerte del Inca Garcilaso de la Vega - 2
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Carlos Batalla

Cusco, 12 de abril de 1539. En esa fecha nació quien sería el primer maestro de la prosa en el Perú; aquel que con sus escritos se convirtió desde fines del siglo XVI en símbolo de la naciente nacionalidad peruana.

El Inca Garcilaso de la Vega, nombre con el que se hizo universal Gómez Suárez de Figueroa, ha sido estudiado escrupulosamente durante décadas por el historiador peruano Aurelio Miró Quesada Sosa, quien se centró principalmente en su obra cumbre: “Los comentarios reales de los Incas” (primera parte publicada en 1609), que explica el origen de los incas y su universo de leyes, normas y costumbres, antes del arribo de los conquistadores españoles.    

La obra del Inca significó la unión de dos culturas y dos lenguas; dos universos culturales ante los cuales el propio autor se identificaba orgullosamente como mestizo “a boca llena”. Fue hijo del capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega y de la noble cusqueña Isabel Chimpu Ocllo, nieta de Túpac Yupanqui.

Una vida entre dos culturas 

De niño y adolescente vivió en el Cusco, allí pudo conversar y ver a algunos de los últimos nobles incas, parientes suyos –como Cusi Huallpa– que recordaban claramente los últimos años de la civilización incaica. 

Algo de esa nostalgia caló en el espíritu del futuro escritor, pero también llegó a él ese orgullo de ser parte de un cultura autóctona y civilizatoria como la incaica. El cronista tuvo una educación clásica occidental, claramente renacentista; esa educación estuvo matizada por sus vivencias de las guerras civiles de la mano de su padre soldado. Este se separaría de Isabel, su madre, para casarse oficialmente con una dama española. Esa situación provocó no solo un comprensible dolor a su madre sino también al joven Garcilaso.

En 1559, cuando tenía 20 años de edad, murió su padre. Siguiendo un deseo de este, viajó a Montilla, en la provincia de Córdoba (España) para completar su educación; de allí se trasladó en 1562 a Madrid con el fin de buscar una recompensa real por los servicios de su padre a la Corona española. Pero no lo consiguió.

Durante la década de 1560, con el ímpetu de sus veintitantos años, Garcilaso peleó en España e Italia hasta 1570. Llegó al grado de capitán y regresó a Montilla y a Córdoba, en tierras andaluzas. Durante las décadas de 1570 y 1580 se dedicó al estudio, la lectura, la investigación y la producción intelectual.

El Inca Garcilaso no regresó al Perú, pero desde España hizo todo lo humanamente posible para obtener información desde diversas fuentes –tanto testimoniales como documentales– del antiguo Perú y de los temas clásicos de su tiempo. Entonces, Garcilaso, el peruano, demostró su dominio del Latín y del pensamiento clásico al traducir del italiano al castellano el libro “Diálogos de amor” (1590), de León Hebreo.

Obra menos conocida es su “Genealogía de Garci Pérez de Vargas” (1596), dirigida a sus descendientes como el fin de revelar el parentesco que los unía. Pero sus libros más recordados superaron la prueba del tiempo. Uno de ellos fue “La Florida del inca” (1605), crónica de la funesta expedición de Hernando de Soto en la península de La Florida, basada en el testimonio de Gonzalo Silvestre. Esta obra fue considerada una de las mejores epopeyas en prosa de esos años.

El valor de “Los comentarios reales”

Cuatro años después de la publicación de “La Florida…”, en 1609, y luego de muchos años de acopio de datos, testimonios y documentación, Garcilaso publicó la primera parte de “Los comentarios reales”, su obra más importante, la cual escribió pensando en el Perú, en su familia materna, y en la que dio cuenta de la cultura e historia de los incas. Esta parte fue redactada en la plenitud de su madurez.

La segunda parte de su fantástico relato la publicó póstumamente con el título de “La historia general del Perú” (1617). En ese caso, se dedicó a narrar la conquista y las guerras civiles entre españoles y, de paso, a la defensa de su padre, víctima de calumnias que lo acusaban de traición a la corona española.

Foto: Archivo

Esta monumental obra puede ser considerada la partida de nacimiento de lo que se llama Perú. El Inca Garcilaso de la Vega, según el doctor Jorge Cornejo Polar (“El Comercio”, 31/8/1996), fue “el primer peruanista de la historia”. Cornejo señaló que no era necesario ser extranjero y estudioso del país para ser un “peruanista”. En ese sentido, su idea era que nuestro Garcilaso fue un “peruanista nacional”. Y lo fue de la manera más concreta cuando dedicó justamente la segunda parte de su famosa crónica “a los indios, mestizos y criollos del grande y riquísimo imperio del Perú, el Inca Garcilaso de la Vega, su hermano, compatriota y paisano, salud y felicidad". Así, el cronista soñaba y apostaba por el futuro de nuestro país.

Humanista americano 

Otro punto importante es la herencia bibliográfica del Inca Garcilaso de la Vega. Su biblioteca personal sufrió muchos avatares, hasta que llegó a manos del historiador, investigador y profesor universitario peruano José Durand Flórez (1925-1990), otro gran estudioso de la obra garcilasista.

Durand, quien mantuvo los libros de Garcilaso consigo como parte de su biblioteca privada, realizó una tarea muy paciente y meticulosa, puesto que debió revisar testamentos y otros manuscritos redactados por albaceas que, a los pocos días de la muerte del Inca Garcilaso, debieron realizar complicados inventarios de los bienes dejados por el autor cusqueño.  

Junto con su tesis doctoral de 1949 –“La idea de la ‘honra’ en el Inca Garcilaso"–, Durand terminó la bibliografía completa de los libros de Garcilaso. Tras su muerte, en julio de 1990, la familia de Durand mantuvo sus libros a buen recaudo (incluidos los de Garcilaso). Pero luego los vendió a la Universidad de Notre Dame (https://www.nd.edu./), en Indiana, Estados Unidos, un centro universitario católico, el cual editó un nuevo catálogo en el que se consignó información de unos 80 libros del Inca Garcilaso, los que abordaban temas del Renacimiento y Humanismo italiano y español, de la épica clásica y moderna y de las crónicas de indios. En 1996, la Notre Dame registró esta valiosa información en Internet.

Pero, ¿dónde consiguió Durand esos valiosísimos libros? Especialistas de la Universidad Notre Dame indicaron que, además del costo en miles de dólares, el estudioso garcilasista peruano los habría adquirido no solo en el Perú y España, sino también en México y Francia. Durand logró tener las cuatro primeras ediciones de las obras completas del Inca Garcilaso de la Vega, entre ellas, por supuesto, “Diálogos de amor” (León Hebreo) y los clásicos “La Florida del Inca” y “Los comentarios reales de los Incas”.

Gran muestra garcilasista en Madrid 

Ha sido y es tan importante esta biblioteca garcilasista que, por estos días, en Madrid, en la sede de la Biblioteca Nacional de España, se presenta desde el 29 de enero del 2016 una exposición que reconstruye y actualiza este universo libresco colonial.

La muestra denominada “La biblioteca del Inca Garcilaso de la Vega” expone por primera vez al público el testamento y el registro o inventario de los libros del Inca; además exhibe cien de sus ejemplares más antiguos. La exposición de homenaje a Garcilaso estará abierta al público hasta el 2 de mayo próximo.

El estudioso garcilasista Paul Firbas –uno de los curadores de la exposición madrileña– ha señalado que allí se presentan numerosos libros del Inca, como un ejemplar de “El segundo cerco de Diu”, que es “un poema épico del portugués Jerónimo Corte-Real sobre el asedio otomano a las colonias lusitanas en el Océano Índico; la ‘Retórica’ de Aristóteles, libros del neoplatónico Ficino; tratados de educación y moral de la nobleza de Alessandro Piccolomini y Baldassare Castiglione, así como estudios de arquitectura romana de Andrea Palladio y Andrea Fulvio”.

Firbas declaró que el Inca poseía también diccionarios de lengua quechua, tratados filológicos del siglo XVI, las primeras ediciones de sus conocidos libros y, asimismo, traducciones francesas e inglesas y reimpresiones españolas.

El Inca Garcilaso de la Vega murió el 24 de abril de 1616, hace 400 años, pero aún hoy lo seguimos admirando y leyendo con la seguridad de estar conociendo la sensibilidad y el pensamiento del simbólico “primer peruano en el mundo”.