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La prevalencia de anemia obedece al déficit de hierro en los infantes, motivado por la ausencia de este nutriente en la alimentación de la madre desde el embarazo y del menor en su dieta diaria, así como por la recurrencia de enfermedades diarreicas originadas por la falta de acceso a agua potable y malos hábitos de higiene. (Imagen referencial/Archivo)

Más de 600,000 niños menores de tres años tienen anemia

Así lo advirtió Roxana Fernández, presidenta de la Sociedad Peruana de Nutrición, quien remarcó que las acciones del Gobierno deben reforzarse en los distritos más pobres de la capital.

En el Perú existen más de 600,000 niños y niñas menores de tres años que padecen anemia, de los cuales un poco más de la mitad reside en Lima Metropolitana, advirtió la presidenta de la Sociedad Peruana de Nutrición, Roxana Fernández, al destacar que las acciones que está emprendiendo el Gobierno deben reforzarse en los distritos más pobres de la capital.

La nutricionista señaló que la prevalencia de anemia obedece al déficit de hierro en los infantes, motivado por la ausencia de este nutriente en la alimentación de la madre desde el embarazo y del menor en su dieta diaria, así como por la recurrencia de enfermedades diarreicas originadas por la falta de acceso a agua potable y malos hábitos de higiene. A ello, según dijo, se suma un inicio de alimentación complementaria de manera inadecuada y la falta de lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida.

“Una adolecente que se embaraza a temprana edad y está mal alimentada y nutrida, difícilmente contará con los niveles necesarios, ácido fólico y hierro en su organismo, lo que finalmente deriva en partos prematuros o niños propensos a diversas enfermedades, como la anemia. Es decir, desde antes del empezar el partido, ese niño ya tiene el marcador en contra”, explicó.

Agregó que para equiparar las condiciones de ese niño que prácticamente nace con anemia debe ser tratado antes del año recibiendo el sulfato ferroso de manera regular, manteniendo su consumo de leche materna y una alimentación complementaria rigurosa.

“Lamentablemente, como la anemia es una enfermedad silenciosa y muchas madres no cumplen estrictamente con los controles de crecimiento y desarrollo (CRED) de sus niños, no detectan el problema hasta mucho después, cuando advierten que el menor no está desarrollando todas las capacidades mentales y motoras previstas para su edad”, dijo.

Por este motivo, insistió en la importancia de fortalecer la educación nutricional en las familias, principalmente de las madres, quienes son las responsables del cuidado de los niños, enseñándoles maneras económicas y prácticas para incorporar el hierro hemínico (hierro de origen animal) en la dieta y, sobre todo, fomentando buenos hábitos de higiene, como el lavado de manos.

“No solo basta con comer la sangrecita, el hígado, el pescado y las verduras de color amarillo, naranja y verde oscuro, tenemos que tener extremo cuidado en los hábitos de higiene, sobre todo en las zonas donde no llega la conexión de agua potable, puesto que una diarrea puede hacer retroceder todo lo avanzando en el tratamiento de la anemia”, subrayó.

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