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Aporte para prevenir las violaciones sexuales, por Gino Costa

La violación sexual es uno de los delitos más graves y más extendidos en el Perú...

Aporte para prevenir las violaciones sexuales, por Gino Costa

Aporte para prevenir las violaciones sexuales, por Gino Costa

La violación sexual es uno de los delitos más graves y más extendidos en el Perú. Uno de cuatro privados de libertad con sentencia por infringir la ley es violador sexual. La proporción de ellos en las cárceles peruanas es entre dos y tres veces más alta que la de otros países latinoamericanos, según el Estudio Comparativo de Población Carcelaria 2013 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), llevado a cabo en el Perú por Ciudad Nuestra. La cifra es sorprendente si se tiene en cuenta que solo una pequeña parte de las violaciones es denunciada. 

Como es de imaginar, la gran mayoría de víctimas son mujeres (93%) y el 70% tienen edades que fluctúan entre los 14 y los 17 años. Ahí se encuentra concentrado el problema. Para entenderlo mejor, el antropólogo Jaris Mujica ha indagado en la historia de violencia de 128 víctimas en Lima Metropolitana y otras ciudades como, Piura, Iquitos, Pucallpa y Madre de Dios, que denunciaron haber sido violadas entre los 16 y los 17 años de edad. 

Los hallazgos son muy interesantes. Primero, porque dan cuenta de que la mayoría de las víctimas había sido objeto de abuso sexual con anterioridad: violaciones o intentos de violaciones, tocamientos sexuales no consentidos e insinuaciones, propuestas y amenazas con objetivo de intercambio sexual. En el 86% de los casos hubo una violación sexual precedente no denunciada y solo en el 9% no se registró un hecho precedente.

Segundo, porque los abusos precedentes se inician a partir de los 10 años de edad y van creciendo hasta alcanzar su punto más alto entre los 14 y 17 años, para caer desde entonces. Todas las manifestaciones de violencia sexual siguen la misma curva. 

Tercero, la mayoría de violadores tenían una relación previa y cercana con la víctima, que podía ser familiar, de convivencia o de residencia, de amistad con la familia o de tutela parcial (maestros, cuidadores, entre otros).

Vistas así, las violaciones no son hechos aislados en la vida de las víctimas, ni resultado de la casualidad, ni obra de locos y pervertidos que aparecen sorpresivamente y se abalanzan sobre ellas en una calle oscura y desprotegida. Responden, más bien, a un patrón sistemático de abusos sexuales en el entorno más íntimo de la víctima, normalmente en el hogar, perpetrados por personas mayores con responsabilidad de cuidado y protección sobre ellas. 

La virtud del estudio de Jaris Mujica es que, al dar cuenta de la existencia de estos patrones de victimización, sienta las bases empíricas para el diseño de una política de prevención eficaz del fenómeno. El objetivo de la intervención debe ser las niñas; el principal escenario de actuación, la escuela; y los protagonistas, los profesores, para lo cual requieren ser previamente preparados. Pero la intervención no puede comenzar a los 15 años, cuando los abusos tienen tiempo de haberse iniciado, sino por lo menos a partir de los 9 o 10 años.

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