Bomberos voluntarios: historias de 116 mártires
Pamela Sandoval Del Águila

La trágica pérdida de tres jóvenes voluntarios que ingresaron a un local en llamas, ante la posibilidad de hallar posibles atrapados, devolvió al escenario público el invaluable servicio que los hombres y mujeres de rojo realizan por la comunidad, sin pedir nada a cambio.

Sin embargo, este sacrificio o desprendimiento en favor del otro no es algo inusual. Ha estado presente en los casi 156 años que cumple el Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú el próximo 5 de diciembre.

En su libro "Historia del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Perú al cierre del milenio", el Brigadier CBP Julio César Coz Vargas cuenta que el incidente más antiguo del que se tiene registro ocurrió el 30 de noviembre de 1860, cuando un gigantesco incendio consumió el molino de los señores Meller, Moore y C. ubicado en el puerto del Callao. Eran las 11 de la noche cuando el repicar de las campanas levantó a la población, entre ellos a los bomberos, la mayoría extranjeros y que se ponían en alerta cada vez que repicaban las campanas.

El Comercio en su edición del 1 de diciembre de ese año denunció la falta de una compañía de bomberos que brinde seguridad ante este tipo de desastres. "Los curiosos gritaban pidiendo agua para poder ayudar en algo después de haber agotado las de las cisternas inmediatas al lugar del suceso”, precisó la publicación.

Para el siglo XIX, sofocar un incendio o asistir a una emergencia dependía de los policías y de los pobladores. Fue recién en 1860 cuando, nuevamente un grupo de extranjeros, conscientes de las graves pérdidas que sufrían cada vez que sus empresas ardían, se fundó la compañía Paita, en Piura, la primera en ser legalmente constituida en noviembre de aquel año. Sin embargo, cuenta Coz, la falta de apoyo de las autoridades hizo que dejara de funcionar a los pocos años.

Vocación a prueba de fuego

Inspirados por los colegas de Paita, en el Callao, comerciantes, inmigrantes ingleses y vecinos del puerto crearon el 5 de diciembre de 1860 la compañía Chalaca, que más adelante se llamaría Unión Chalaca N 1.

Esta primera iniciativa se multiplicó rápidamente por todo Lima, apareciendo compañías integradas por nacionales y extranjeros ansiosos por defender la propiedad privada. De todos, sin duda los voluntarios de Roma N°2 y la bomba Garibaldi son los que más gloria alcanzaron por su participación en el combate del Dos de Mayo y el saqueo de Chorrillos, a manos del ejército chileno.

Durante la guerra con Chile, 13 'garibaldinos' que hoy puede visitar en el mausoleo del cementerio de Chorrillos fueron fusilados por el simple delito de apagar incendios. Ocurrió el 13 de enero de 1881. Ellos eran Enrique Nerini, Angel Cipollini, Angel Descalzi, Egidio Valentín, Juan Pauli, Pablo Risso , Lucas Chiappe, Pablo Marzano, Juan Bautista Leonardo, Giovanni Ognio, Felipe Bargna, José Orengo y Lorenzo Strana. Sus únicas armas eran sus mangueras y hachas para abrise paso entre los escombros.

Otros eventos para recordar son los más de 100 voluntarios que perecieron en las guardias civiles y los reductos que se activaron para defender Lima de la invasión chilena, o aquellos bomberos que contrajeron fiebre amarilla transportando pacientes con ese mal rumbo a los hospitales. Así como a los cinco mártires del incendio de la calle Plumereros, que son recordados cada 14 de febrero en el Cercado de Lima.

Contra 'graciosos' y dificultades

Este breve recuento no puede estar completo sin un jalón de orejas a los nueve de cada 10 limeños que utilizan el número de emergencias 116 para hacer bromas pesadas. Miguel Yi, comandante de los bomberos, explica que cada vez que se utiliza esa línea o se sale a atender una emergencia falsa, se pierde la ocasión de ayudar a al menos dos personas que sí lo necesitan. En un hecho por demás deplorable, una de esas bromas le costó la vida al capitán Andrés Román Gutiérrez.

El 26 de agosto del 2000, Román salió con su equipo rumbo a un supuesto accidente de tránsito, pero su unidad chocó con un vehículo que no le cedió el paso en el cruce de la Av. Nicolás de Piérola con el Jr. Rufino Torrico. Hoy, la estación 169 de Ate, que funciona en un ambiente cedido por el Gran Mercado Mayorista de Santa Anita, lleva su nombre como muestra de respeto. 

Para el 2016, se cuenta con 12 mil bomberos en el Perú, agrupados en 226 compañías que responden a 25 comandancias departamentales. Del total de voluntarios, 7 mil prestan servicios en Lima y Callao, en 73 bombas (18 en el Centro, 19 Sur, 25 Norte y 11 Callao). Según sus comandantes, solo 67 de todas las existentes en el país (30% del total) están debidamente equipadas para atender emergencias.

Pese a estas dificultades, cada año postulan 150 hombres y mujeres al CGBVP. ¿Por qué lo hacen? "Porque nada te explica la cara de gratitud y la sensación de saber que pudiste hacer algo por alguien. Alguien que pudo ser tu tío, tu hermano, tu mejor amigo. Claro, a veces te roban o ni te dan las gracias. Pero cuando lo hacen, sientes que tu misión en la Tierra está cumplida", cuenta Paul, un bombero que prefiere el anonimato porque lo que importa es su labor. No que le den el mérito.

Algo similar escribió la madre de Alonso Salas, el último de los mártires de rojo, cuando le dijo: "Es un privilegio que te otorga la vida el descubrir a temprana edad lo que te gusta, te hace feliz y para lo que eres bueno. No dejes, cada uno de tus días, de aprender más, ponerlo en práctica y entregar lo mejor de ti. Porque la gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará como los hiciste sentir".

Esa es la esencia de los bomberos. La solidaridad a prueba de todo.