Ciudadanos sin ciudad, por Angus Laurie
Ciudadanos sin ciudad, por Angus Laurie
Angus Laurie

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La semana pasada, Lima fue anfitriona de la , algo que no había ocurrido en América Latina desde 1967. Uno de los enfoques del evento fue la desigualdad. Al ser la sede, quedó en evidencia lo que este problema significa para nosotros en su dimensión más cotidiana y espacial.

A raíz del evento, la BBC realizó un reportaje con énfasis en el costo exorbitante del agua para los más vulnerables en Lima. También la agencia española Efe habló sobre el “” entre Casuarinas y Villa Hermosa, el cual se ha convertido en uno de los símbolos globales de la desigualdad, al aparecer en noticieros de EE.UU., Reino Unido y España.

¿Pero, más allá de métricas, o casos extremos, cómo se manifiesta la desigualdad económica en una ciudad como Lima? En términos generales, la desigualdad se expresa a través de la segregación de zonas enteras de la ciudad y la separación de lo privado y lo público.

Alzar muros que limitan el acceso a bienes o servicios a ciertos segmentos de la población deviene en una desigualdad espacial, lo cual atenta contra el derecho de todo ciudadano de circular libremente por la ciudad y sentirse parte de ella. Estas barreras pueden ser conscientes e individuales, pero también producto de una falta de visión o un hecho histórico y geográfico. Algunos ejemplos son las autopistas y vías expresas, los cerros desprovistos de accesos, los grandes lotes ensimismados (cuarteles, supermercados, universidades) que terminan aislando la ciudad.

Es a lo largo de estas barreras donde los contrastes se hacen evidentes y se perpetúan. Por ejemplo, el asentamiento humano Leticia, en el cerro San Cristóbal, está aislado por la poca accesibilidad al cerro y el enorme lote del cuartel Potao que forma una gran barrera a lo largo del único frente que podría conectar al barrio con la ciudad.

Otros ejemplos son Villa Libertad, atrapada entre la Av. Raúl Ferrero y un muro, y la urbanización Medalla Milagrosa, ubicada en el acantilado de Magdalena. Todas estas zonas, pese a ser hogar de miles de personas, confrontan serias limitaciones para romper con los patrones de desigualdad que definen la ciudad al no tener acceso a ciertos bienes y servicios básicos.

Muchas ciudades como Río de Janeiro y Medellín tienen problemas parecidos a Lima: tienen zonas de pobreza en áreas poco accesibles. Allí, sin embargo, la discusión sobre cómo mejorar estos barrios ha incorporado conceptos de participación y acceso pleno a la ciudad y sus servicios. En el caso de Medellín, la construcción de equipamientos públicos en zonas vulnerables, como bibliotecas y centros culturales de calidad, ha ido de la mano con una mejora en el transporte público. Lo mismo ha ocurrido en Río, con la construcción de teleféricos y proyectos barriales en paralelo a los proyectos olímpicos para el 2016.

Esperemos que la reunión del BM y el FMI nos ayude a encontrar soluciones para reducir la desigualdad económica en nuestro país. Mientras tanto, pensemos en cómo construir una ciudad que pueda incentivar una mayor coherencia e integración entre los fragmentos que llamamos Lima.