El crimen de Maryorie: crónica del caso que conmocionó al país
El crimen de Maryorie: crónica del caso que conmocionó al país
Enrique Vera

Maryorie Keiko Bonet Vega se despidió de su abuela y cerró la puerta de fierro de su casa, en San Juan de Miraflores. Veinticinco minutos antes había acordado con su enamorado, Jorge Luis Collazos, vía Facebook, ir juntos a cobrar la remesa que su madre le enviaba desde Argentina los 20 de cada mes. Pero en el diálogo virtual la adolescente de 16 años hizo una salvedad: previo al encuentro estaría en el consultorio del doctor Ángel Eduardo Valdivia Calderón, quien la atendía desde pequeña. Debía ser una cita de rutina y no tardar más de una hora allí. Así empezó la mañana del martes 23 de abril del 2013 para Maryorie. La última de su vida.

A las 8:41 a.m. llegó caminando al inmueble de la avenida Pedro Silva 572 y esperó seis minutos en la puerta al médico. Valdivia estacionó su auto Volkswagen rojo AI-9962, se saludaron y entraron al consultorio. Dos minutos después, el hombre de 55 años salió del local y buscó algo dentro del vehículo. Demoró tres minutos e ingresó de nuevo. Cada movimiento en el frontis del inmueble era registrado por una cámara de video vigilancia. Nada, hasta entonces, sugería algo extraño para los vecinos del sector.

Con una mochila en hombros, la enfermera María Nélida Zambrano Azañero apareció en la toma frontal a las 9:28 a.m. Abrió la reja del predio y pasó. Cuarenta minutos más tarde recibió afuera a dos hombres que bajaron de un taxi amarillo. Uno alistó la maletera del vehículo y el otro la ayudó a sacar un colchón de dos plazas. Luego, una cama desarmada y otros objetos. Los tres subieron al auto y se fueron juntos. El doctor Valdivia declarará, ante los agentes de la División de Personas Desaparecidas de la Policía, que ese día su asistente renunció y se llevó todo lo que tenía en el local.

Casi a las 3 p.m. la cámara registró a Ángel Valdivia dejando con apuro la casa. A las 7:01 p.m. el albañil Pedro Celso Mendoza Sánchez llegó al consultorio y abrió las rejas con unas llaves que el galeno le dejó en la tarde, antes de volver al local. Ambos retiraron un bulto de ahí y lo pusieron en el carro de Valdivia. Ese era el cadáver de Maryorie. En seguida, partieron con el cuerpo dentro de la unidad hacia Villa María del Triunfo. El médico regresó minutos antes de las 10 p.m. a la vivienda y, tras él, Pedro Celso Mendoza también accedió, pero en una combi. Tuvieron una reunión breve. A las 10:26 p.m. Valdivia y Mendoza abordaron la combi y se marcharon.

DETRÁS DEL MONSTRUO
El consultorio permaneció en silencio dos días. Valdivia, también. No contestó llamadas y menos se dejó ver por San Juan de Miraflores. Cuando decidió retomar sus atenciones médicas, el 25 de abril, una pregunta en seco de la primera paciente que recibía le heló la sangre: “¿Sabe dónde está Maryorie?” Era una tía de la adolescente que fingió una dolencia para tener frente a frente al principal sospechoso. “No, no la veo hace un mes”, respondió.

Para entonces la Policía ya indagaba intensamente en el círculo cercano de la desaparecida y todo apuntaba hacia el mismo norte. Las amigas de Maryorie, integrantes del grupo de baile “Costumbres y Tradiciones del Perú”, informaron a los detectives que ella les había contado como un doctor de su zona solía sedarla, cada cierto tiempo, para tratarle por largos minutos una infección vaginal. 

El mismo enamorado de la adolescente dijo que una vez la acompañó a su cita con Valdivia y estuvo más de 4 horas en sala de espera. Que al salir, su pareja estaba mareada, y hubo un par de ocasiones más en que la encontró casi desvaneciéndose producto del tratamiento. 

En paralelo, la los agentes también hurgaron en los antecedentes del médico y fueron afinando sus oscuras sospechas. Once meses del año 1995 había estado en prisión por pertenecer a Socorro Popular, el siniestro brazo logístico de Sendero Luminoso. Allí era conocido como el camarada ‘Ramiro’. Además, estaba acusado de violar y practicarle un aborto a la joven Rosmery Zevallos León, en el 2007.

Hacia el 8 de mayo del 2013, los peritos obtuvieron el video de la cámara de seguridad que captó el inusual desplazamiento en la entrada del consultorio, el día que Maryorie desapareció. En la madrugada siguiente, un contingente policial irrumpió en el inmueble y capturó al médico. Sin embargo, por su cerrada negativa a confesar el crimen, la Policía tuvo que buscar a la chica en cada esquina del local, con perros amaestrados, e incluso debajo del piso. No se halló nada. Las pruebas de luminol, empero, arrojaron evidencias de gran cantidad de sangre. Entonces, las especulaciones viraron en torno al colchón que retiró la enfermera de ahí y al bulto que fue sacado horas después.

Más tarde, al término de seis horas de interrogatorio y vencido por las pruebas, Valdivia susurró a los detectives que “se me pasó la mano, jefe, que no quise matar a la niña”. Para entonces, el albañil Pedro Celso Mendoza ya se había entregado. Siempre con voz raposa, el galeno dijo que Maryorie pereció tras el suministro de anestesia cuando le iba a practicar una liposucción, y que su cuerpo estaba en el inmueble signado con el 270 de la calle Ciro Alegría, en Villa María del Triunfo. La noche del 15 de mayo, los peritos tuvieron que romper 10 losetas del patio de esa casa para extraer el cadáver desde el fondo de una fosa. Había unos 60 kilos de cal en el hoyo.

CONTRA LAS CUERDAS
Las pesquisas policiales arrojaron que Valdivia abusaba sexualmente de Maryorie cada vez que la dopaba durante el falso proceso curativo por la infección que él mismo le había diagnosticado. Además, los primeros análisis forenses confirmaron al personal de la División de Homicidios que también fue violada por el doctor el 23 de abril, día en que murió. 

En la acusación fiscal -a la que este Diario tuvo acceso-, se consignó que esa mañana Valdivia le aplicó atropina, dexametasona, y fentanilo, a fin de aprovechar su estado de inconsciencia para ultrajarla. Pero Maryorie recuperó el conocimiento, se percató que estaba siendo víctima de violación, y de pronto entró en una crisis respiratoria que el médico no atendió pues ya había sido descubierto. Es decir, la dejó expirar. Valdivia maquinó unas horas cómo deshacerse del cuerpo y fue en busca de Pedro Celso Mendoza a una construcción, en Breña. En ese trance, aproximadamente a las 3 p.m., el doctor fue grabado por la cámara de seguridad. También a las 9 p.m., cuando metió el cadáver a su Volkswagen rojo, ayudado por el albañil, para llevarlo a Villa María del Triunfo.

Con el cuerpo oculto en la casa de la calle Ciro Alegría, Valdivia y Mendoza concertaron. El albañil cavará la fosa, colocará ahí el cadáver y después lo tapará con concreto y baldosas. El médico le pagará por ello S/.5 mil.

DARDOS CRUZADOS
A un mes de iniciado el juicio oral, en mayo del 2015, Pedro Celso Mendoza se acogió a los beneficios de la conclusión anticipada del proceso y fue sentenciado a 5 años de prisión por encubrimiento de delito. En sus testimonios posteriores reafirmó que Ángel Valdivia no le dijo que iban a llevar un cadáver a la casa de Villa María del Triunfo, donde vivía. Que nunca pensó en esa posibilidad durante el traslado y solo reparó en ello cuando empezó a prenderle fuego a la colcha que cubría el bulto. Aterrorizado, continuó con el trabajo encargado por el médico y al terminar lo llamó. Nadie le contestó, sostuvo. Tres días después vio a Valdivia y escuchó de este que había cometido una negligencia fatal. Recibió el pago acordado y siguió con su rutina.

Ante los magistrados el médico refirió que en la mañana del 23 de abril tenía programado operar a un empresario, pero recibió una llamada telefónica de Maryorie, quien le insistía en que le haga una liposucción. Decidió entonces tomar 45 minutos antes de la intervención a su paciente en agenda para atenderla. La operación sería sencilla, a su juicio, pero no tuvo los resultados que esperaba. Le colocó oxigeno, le aplicó masajes respiratorios, y trató de reanimarla por casi dos horas. Todo fue en vano. Valdivia aseveró que luego de buscar al albañil, le confesó en su consultorio lo ocurrido y este propuso desaparecer el cuerpo por un pago de S/.5 mil. Llevaron el cadáver en el auto rojo y cuadras antes de la casa de Villa María se lo dejó para que lo enterrara, argumentó.

El médico remarcó que nunca obró con malicia hacia la adolescente pues la conocía desde chica. Y que los rastros de sangre encontrados en su consultorio correspondían a distintas personas con heridas expuestas que ahí atendió. Su abogada, la doctora Medaly Barrientos, explicó ante la sala que la homologación del ADN de su patrocinado y la menor salió negativa y, con ello, descartaba el ultraje sexual. Esto fue aprobado por los jueces y quedó reflejado en la sentencia final.

El pasado miércoles, el Poder Judicial ordenó para Ángel Valdivia Calderón 15 años de cárcel por el delito de homicidio simple y el pago de una reparación civil de S/.100 mil. Fue exculpado del delito de violación. La fiscalía lo había acusado de homicidio calificado y pidió que purgue 35 años de cárcel. Jugó en contra de ello que varios indicios, como la sangre hallada en el consultorio, no pudieron ser confrontados con muestras de la víctima por el avanzado estado de descomposición del cuerpo. En el papel, Valdivia debe terminar su condena el 8 de mayo del 2028. Pero la sentencia por homicidio simple le permite acogerse al sistema 2 x 1 y obtener semilibertad cuando haya cumplido un tercio de la pena. Así, el ‘Ángel de la muerte’ estaría suelto de nuevo en solo dos años.

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