Redacción EC

…La calle es un río humano
por cuyo cauce, la gente
muy acompasadamente
camina desde temprano…

Nicomedes Santa Cruz, Al señor de los Milagros.

El amanecer es lento, perezoso como un bostezo. Las palomas hacen coreografías y el hecho de que cinco mil personas se reúnan en una iglesia del un martes a las cinco de la mañana para cargar una imagen de 2500 kilos parece, en sí mismo, un milagro.

Enfundados en una túnica morada con un cordón blanco llegan los “hermanos” –así se conocen entre ellos los devotos de las 20 cuadrillas que conforman la hermandad del Señor de los Milagros–, las sahumaduras y los fieles a la penúltima procesión del año.

En las rejas negras de la Iglesia las Nazarenas hay cadenetas de papel blanco y morado, un enorme póster con la imagen del Cristo Morado en un edificio pintarrajeado (“Ven a mí si estás cansado y agobiado”) y tiendas con provocativos turrones de doña pepa. Se abre la alta puerta y sale cargado – ante el delirio de sus devotos que lloran, rezan, se arrodillan– la imagen del Señor de los Milagros (una réplica de la original que soportó en 1655 uno de los terremotos más devastadores de nuestra historia).

EL RÍO MORADO

Entre oraciones y cantos se inicia la eucaristía presidida por el cardenal . Las horas caminan y el río morado de gente se ensancha, crece y se desborda por la avenida Tacna y las calles aledañas.

La procesión se zigzaguea como olas moradas al ritmo del rezo popular. Cada cierto tiempo suena una campanada y se intercambian los 56 a 60 cargadores mientras curiosos y/o fieles tiran pica-pica y globos por sus ventanas de los edificios de , Nicolás de Piérola, .

–Señor de los milagros,

aquí venimos en procesión

 tus fieles devotos

 a implorar tu bendición–

UN SEÑOR ATAREADO

El Señor sale solo en octubre, todos lo quieren tener cerca y por eso cumple con una agenda apretada: homenaje en la , en el hospital San Bartolomé, luego Editora Perú, el , encuentro con la Virgen María Auxiliadora y visita a la Iglesia de Nuestra Señora de los Desamparados.

Pasada la medianoche, entre juegos artificiales, la sagrada imagen cruza las avenidas Alfonso Ugarte, Garcilaso de la Vega y regresa a la Iglesia de las Nazarenas donde descansará hasta el domingo. Ese día saldrá por última vez en el año, aunque aseguran sus fieles que sus milagros y gracias obran a diario, sin tiempo, sin descanso.