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El espejismo de la Lima competitiva, por Sandra Belaunde

La inseguridad y el caos del transporte que enfrentamos todos los días poco hacen por la competitividad del país

El espejismo de la Lima competitiva, por Sandra Belaunde

El espejismo de la Lima competitiva, por Sandra Belaunde

Lima Metropolitana es, por segundo año consecutivo, la región más competitiva del país, según el Índice de Competitividad Regional de Centrum. Se consolida como la más competitiva, dice con tono victorioso la comuna capitalina. ¿Pero es, acaso, una ciudad consolidada y realmente competitiva a nivel mundial? No lo parece.

Una ciudad competitiva es aquella capaz de atraer inversiones que contribuyen a su desarrollo. Para esto, el bienestar de sus habitantes es crucial y el de los limeños deja mucho que desear. La inseguridad ciudadana es, para el 71% de nosotros, el principal problema de la ciudad, según un sondeo de El Comercio elaborado por Ipsos Perú en enero. Con el auge de las extorsiones y las granadas en meses posteriores difícilmente esta percepción habrá retrocedido. Vivimos con recelo de que nos puedan asaltar en cualquier momento, de que nos hagan una llamada extorsionadora, de los explosivos que todavía siguen apareciendo en colegios, tiendas y calles.

Aunque ya estamos acostumbrados a vivir así, no tendríamos que hacerlo. La percepción de la inseguridad no responde solamente al incremento de la delincuencia, sino también a la ineficiencia de las autoridades responsables de la seguridad ciudadana. Y por ello confiamos poco en la policía (39%), la fiscalía (25%), el sistema judicial (16%) y las municipalidades distritales (43%), según una encuesta de El Comercio conducida por Ipsos el mes pasado. Los consideramos corruptos o ineficientes, y no es gratuito. Algunos representantes de estas instituciones se han lucido para que así sea. Desde autoridades vinculadas con el narcotráfico; funcionarios y alcaldes que cobran para otorgar licencias de construcción o funcionamiento; policías que cobran coimas para no aplicar multas; fiscales que no investigan; hasta jueces que no sancionan a cambio de sobornos.

En otras ciudades, sin ir muy lejos, esto no sucede y la justicia es efectivamente justa y eficiente. Los carabineros en Santiago son respetados y la Policía Metropolitana de Bogotá ha dejado de ser percibida como corrupta. Son autoridades confiables. Pareciera utópico, pero no tiene por qué serlo.

El caos del transporte que enfrentamos todos los días poco hace por la competitividad del país. En este aspecto, Lima funciona como el mundo al revés, donde nada el pájaro y vuela el pez. El 70% de los limeños usa transporte público, pero la capital prioriza la infraestructura para vehículos privados. Para la mayoría de conductores, la luz ámbar significa “acelera” en vez de “ten precaución y empieza a frenar”. Las vías auxiliares son ventanas de oportunidad para que los que creen que son los únicos apurados en llegar a trabajar no respeten la fila de autos. La implementación de la reforma del transporte es fundamental.

Lima tiene que ser una competidora seria en cualquier índice o ránking de ciudades y no comparada con regiones del interior que no tienen la exposición y oportunidades que le dan su rol de capital.

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