Lo que hay que curar es la homofobia, por Raúl Castro
Lo que hay que curar es la homofobia, por Raúl Castro
Redacción EC

Que el congresista Carlos Bruce haya “salido del closet” es un gesto valiente y emblemático de una causa –la lucha por los derechos civiles de las minorías sexuales– que se debe destacar. 

Pero que haya salido a declarar públicamente su homosexualidad apoyado por sus hijos varones es más bien revolucionario.  Y eso hay que resaltarlo.

Lamentablemente en los últimos tiempos las noticias que más han sonado sobre la población LGBT: lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, han estado relacionadas con la intolerancia, la violencia e incluso la muerte. Solo entre enero del 2013 y marzo del 2014 la red que agrupa a estas minorías registró 17 homicidios de personas asesinadas por su orientación sexual distinta.

En estos meses conocimos, entre otros casos, que Joel Molero, de 19 años, fue torturado, descuartizado y quemado en Chachapoyas por su homosexualidad. También que L.E.U.O, de 16, se suicidó colgándose de una viga en Lima por el acoso permanente de su hermana y su madre ante su orientación gay.

La intolerancia hacia la homosexualidad se sustenta erróneamente en la creencia de que esta es una enfermedad, una deficiencia orgánica o un desorden mental. Precisamente, el doctor Elmer Huerta, en un artículo publicado ayer en El Comercio, expuso la falsedad de este argumento, mostrando con evidencia científica que sino una característica humana asociada a condiciones genéticas. O sea, una regularidad normal de la especie.

Sin embargo, los mitos negativos, por más equivocados que sean, ser hacen tangibles al momento de trasladarse a las prácticas sociales marcadas por el acoso y el bullying.

En un estudio de la Organización Panamericana de la Salud del 2011, se documentan experiencias de intimidación y hostigamiento homofóbico en las escuelas de Chile, Perú, México y Guatemala. La tercera parte de los estudiantes admitieron que sus malas experiencias tuvieron efectos negativos sobre su calidad de vida, pues les generaron desde sentimientos de tristeza o gran inseguridad hasta la idea del suicidio.

Este año, en el reporte “Era como ir todos los días al matadero”, la ONU y la Universidad Cayetano Heredia encontraron que el 44% de escolares peruanos sufrió de hostigamiento con secuelas emocionales, la mayoría de ellos por el índole homofóbico de los ataques.

En este escenario, no es arbitrario reconocer la nefasta relación que existe entre el mito erróneo de la  homosexualidad como patología y el clima de violencia social que vivimos (o “matadero”). Un caldo de cultivo en el que la masculinidad exacerbada se materializa en un modelo de comportamiento agresivamente anti gay.

Con ello la presencia de los jóvenes Bruce respaldando a su padre resulta destacable por lo que representa para la quiebra de ese modelo de masculinidad agresiva. Su actitud de comprensión, entereza y cariño, hacen el mejor ejemplo  de apertura que puede haber en un clima tan intolerante como el que vivimos. Son ellos los valientes a quienes hay que felicitar y agradecer explícitamente.