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Joyas del arte virreinal perduran en cinco templos del Cercado

Grandes complejos religiosos del Centro de Lima conservan más de 4 mil piezas de nuestro patrimonio artístico

LUIS GARCÍA BENDEZÚ / @condedemaldoror

Los templos del Centro Histórico de Lima no solo han escuchado por siglos las oraciones de miles de católicos, también han preservado colecciones de pinturas, estatuas y retablos de incalculable interés artístico. Algunas de estas reliquias son exhibidas en los altares; otras están ocultas en los claustros, a la espera de ser puestas en valor.

Las iglesias que conservan más obras de arte están cerca de la Plaza de Armas. A la fecha, el Ministerio de Cultura ha inventariado 4.646 objetos de valor histórico en los complejos de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín, San Pedro y La Merced.

Este registro incluye obras de arte como murales del siglo XVI, sillas de madera labrada o reliquias religiosas. No obstante, la cifra de bienes patrimoniales aumentará debido a que el inventario aún no concluye. 

En estas ciudadelas de la fe, la belleza se encuentra donde uno pose la mirada. El claustro principal del convento de Santo Domingo, por ejemplo, tiene más de 30 mil azulejos sevillanos traídos a la capital a partir de 1604. En otro de sus salones, se expone el “Tránsito de Santa Rosa” , una escultura en mármol hecha por el artista maltés Melchiorre Caffá.

Casi todo el convento de Santo Domingo es hoy un museo y puede visitarse de lunes a domingo de 8 a.m. a 5 p.m.

Pero hay cientos de piezas que no están al alcance del público. Este es el caso del “Arquero de la muerte”, una efigie tallada por Baltazar Gavilán a mediados del siglo XVIII. Esta escultura se guarda en el convento de San Agustín y, según una tradición de Ricardo Palma, mató de espanto a su autor.

Igual de inaccesible es la “Coronación de la Virgen”, pintura barroca del sacerdote italiano Bernardo Bitti. Este mural se ubica en la sacristía de San Pedro, donde se ordenan los sacerdotes jesuitas. Bitti también dejó en San Pedro un retrato de San Ignacio de Loyola y una pintura de la Virgen de la Candelaria.

Según el párroco Enrique Rodríguez, su orden está poniendo en valor el complejo de San Pedro y espera abrirlo al público en el 2018.

LECCIONES DE HISTORIA

En las iglesias del Cercado se aprecia la evolución de los gustos artísticos y culturales en la Lima colonial. Al respecto, el historiador Jorge Estabridis señala que en el templo de La Soledad, aledaño al convento de San Francisco, hay dos cuadros que muestran cómo se realizaba la procesión de Semana Santa en el siglo XVII.

“Uno puede estudiar la ceremonia barroca a partir de esos cuadros. Se ve cómo los fieles sacaban en procesión a un Cristo crucificado, lo desclavaban de su madero y, luego, lo ponían en el Santo Sepulcro para continuar con la procesión”, explica a El Comercio.

También se puede aprender historia del arte al observar los 10 retablos laterales de la iglesia de San Pedro. Ocho de ellos tienen diseño barroco español y fueron recubiertos con pan de oro en el siglo XVI. Los otros dos son posteriores y uno de ellos, el Retablo de las Reliquias, de estilo neoclásico, conserva los huesos de 42 mártires.

El investigador Luis Enrique Tord explica que la finalidad del arte en los primeros años de la Colonia no era la belleza, sino transmitir la fe a una población analfabeta. “La Iglesia buscó cautivar a los indígenas con las imágenes de un Cristo humano, que tenía una madre y era lacerado. Era muy distinto a los dioses antiguos, que parecían animales”, dice Tord.

Hoy, las obras de arte que decoran las iglesias del Cercado perdieron su afán evangelizador de hace siglos. Sin embargo, en ellas queda registrada la incesante búsqueda del hombre por la divinidad.

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