Se estima que para el próximo año estará lista la vacuna contra la actual pandemia del COVID-19, que ha ocasionado la muerte de más de 27 mil fallecidos en el país. (Foto: Andina)
Se estima que para el próximo año estará lista la vacuna contra la actual pandemia del COVID-19, que ha ocasionado la muerte de más de 27 mil fallecidos en el país. (Foto: Andina)
Redacción EC

El interés por el espíritu científico en los estudios de medicina humana en el Perú tiene un año de fundación: 1808. Ese año Hipólito Unanue creó, aun en tiempos virreinales, el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando. En esos tiempos, la lucha contra la viruela era lo que desvelaba a los hombres de , lo cual incluía el buen uso de la vacuna descubierta doce años antes, en 1796.

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PEDRO RUIZ GALLO Y SU VACUNA VEGETAL

Años después, el héroe de la Guerra del Pacífico, el teniente coronel Pedro Ruiz Gallo (1838-1880), destacaría por ser además de un gran militar, un inventor, autodidacta, un agudo observador de la naturaleza, pero también un conocedor de la medicina, un hombre empírico en esa ciencia. Con esas condiciones humanistas, a las que sumó las de un explorador de territorios amazónicos, Ruiz Gallo llegó a inventar una vacuna contra la viruela hecha a base de vegetales, como se hacía antes. Entonces, todo provenía de la naturaleza.

ALCIDES A. CARRIÓN Y SU MARTIRILOGIO MÉDICO

Otro peruano, coetáneo de Ruiz Gallo y héroe también, pero en las filas médicas, fue Daniel A. Carrión, voluntario y mártir por su entrega en bien de la investigación temprana del mal de la ‘verruga peruana’ o ‘fiebre de la Oroya” (bartonelosis). El espíritu de pionero se impuso así en un médico joven que fue internado, en principio, en el Hospital Dos de Mayo en Lima, para luego ser trasladado a la clínica Maison de Santé, donde finalmente falleció.

La entrega de estos dos peruanos, de gran espíritu científico, se dio en medio de un contexto como el del siglo XIX, donde prevalecieron valiosos avances en la detección de los agentes infecciosos que diezmaban a la población. Eso motivó actos extremos de solidaridad y heroísmo como el de Ruiz Gallo y especialmente Carrión.

LA PENICILINA APARECIÓ EN EL PAÍS

Ya en el siglo XX, el Perú como otros países recibió lo mejor de los progresos de la investigación científica médica. Un acto recordado fue la llegada desde Brasil de un lote de penicilina, en marzo de 1944. La droga, observada académicamente por Alexander Fleming en los años 20, pero puesta en práctica por Howard Florey durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), habría llegado a nuestro país como un gesto de ayuda para un grupo de enfermos.

Sin embargo, ya en el Perú se estaba avanzando en la elaboración en la penicilina. Desde agosto de 1942, el Instituto Nacional de Higiene promovió su producción y puesta a prueba, al punto que ya para marzo de 1943, según El Comercio, se inició la “aplicación terapéutica de la penicilina en casi todos los hospitales de Lima (Hospital Dos de Mayo, Hospital Loayza, Hospital del Niño, Hospital Obrero, Hospital Naval, clínica Anglo Americana, etc.)”. La producción en masa de la penicilina en los años siguientes ayudaría a muchos pacientes hospitalizados por infecciones o enfermedades de gran carga viral y tóxica.

LA VACUNA CONTRA LA ‘POLIO’

En mayo de 1955 se dio un paso importante en el proceso de vacunación de los niños para defenderlos de una plaga terrible como la poliomielitis. La aplicación de la “vacuna Salk” por primera vez se dio a un grupo de menores que se atendían en una dependencia de la Central de Asistencia Social de esos años.

La primera niña vacunada con el método Salk: Rita Mercedes Liñán Salazar, de 4 años y seis meses de edad. Momentos después de la inoculación, la menor jugaba alegremente en el columpio (Fuente: Archivo El Comercio)
La primera niña vacunada con el método Salk: Rita Mercedes Liñán Salazar, de 4 años y seis meses de edad. Momentos después de la inoculación, la menor jugaba alegremente en el columpio (Fuente: Archivo El Comercio)

Solo un mes antes la vacuna de Jonas Salk había aparecido en el mundo. Fue en abril de 1955. Salk y su equipo probaron que la vacuna tenía éxito contra la poliomielitis. El Perú se convirtió, pues, en uno de los primeros países de Sudamérica en comenzar este tipo de vacunación preventiva. El proceso de control de la ‘polio’ fue largo, pero valió la pena. Ya para los primeros años de la década de 1990 se registraron los últimos casos en nuestro país.

LOS ENSAYOS DE VACUNA PARA EL CÓLERA

Luego de vivir una terrible epidemia de cólera en 1991, con 380 mil casos comprobados (aunque con baja mortalidad: un 1%), el Perú quedó muy heridom epidemiológica y sanitariamente. Por eso no sorprendió que fuéramos considerados para pruebas de vacunas. Así, en enero de 1996, los pobladores del AA.HH. Pampas de San Juan, al sur de Lima, participaron masivamente en la fase final de evaluación de una vacuna contra el cólera (vibrio cholerae), adquirida por el Ejército norteamericano. La experimentación dio buenos resultados, según sus responsables.

Todo el proceso duró poco más de dos años, desde noviembre de 1993 en Estados Unidos (fases I y II). Pero en el Perú se trabajó la tercera fase con alrededor de 45 mil personas, que aceptaron someterse al programa de lucha contra el cólera desarrollado por la Organización No Gubernamental Prisma, con la colaboración del Instituto Médico Naval de EE.UU. (NAMRID). En ese marco se probó la vacuna. Había esperanza de tener un producto duradero, pues los intentos anteriores fueron ineficaces. Se esperaba que esta sí fuera eficaz, representando entre el 70 y 80% de casos, con un período inmunizador de un año al menos.

LA VACUNA CONTRA EL PAPILOMA HUMANO (CÁNCER CERVICAL)

En octubre del 2005, El Comercio informó que un estudio conocido como Future II, de Fase III, incluyó para sus pruebas finales a un total de 12.167 mujeres en más de 13 países, entre ellos el Perú. De Latinoamérica participaron también Colombia, Brasil y México. El grupo de peruanas fue distribuido en forma aleatoria, para que recibieran una serie de tres dosis de la vacuna contra el VPH o un placebo (sustancia sin propiedad terapéutica) en el primer día y en el segundo y sexto mes. La mitad (6.082 mujeres) recibió la vacuna y la otra mitad (6.075 mujeres) el placebo. El seguimiento fue de dos años.

Tres centros de estudio participaron en el reclutamiento, monitoreo y registro de mujeres peruanas de entre 16 y 26 años: Vía Libre, la ONG Prisma y el Instituto de Investigación Nutricional. Fueron alrededor de mil las seleccionadas del Perú y el punto en común era que se trataran de mujeres sanas que habían iniciado su actividad sexual. Pese a esta inmunización, las mujeres debieron asistir regularmente para hacerse un Papanicolau. El motivo: la vacuna prevenía únicamente el 87% de las causas del cáncer.

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