“Marchas y contramarchas”, por Jorge Ruiz de Somocurcio
“Marchas y contramarchas”, por Jorge Ruiz de Somocurcio
Jorge Ruiz de Somocurcio

Pareciera ser que el drama de es debatirse entre hacer ciudad de forma atávica o ingresar a la modernidad como metrópoli. A continuación, dos recientes ejemplos.

José Gallardo, ministro de Transportes, dio a conocer hace unos días la propuesta de un sistema de movilidad para Lima Metropolitana (El Comercio 9/11/15). Tenía indudablemente como referente el Plan Regional de Desarrollo Concertado al 2025, que propone los trenes de cercanías a las ciudades de Huaral, Huacho y Cañete, en el norte y sur chicos, respectivamente, así como a dos ciudades autosostenibles en las pampas de LurínSan Bartolo y Ancón. Asimismo, mencionó la vía periurbana que va desde Pucusana hasta Ancón y las cuatro líneas de metro que atenderían el 20% de la demanda, inspirándose para ello en el PLAM al 2035. Adicionalmente ha anunciado la creación, por fin, de la autoridad única de transporte. Pero todo esto es la mitad de la película.

La otra mitad tiene que ver con el uso del suelo. Ello ya que la vialidad solo tiene sentido como una función que democratiza y organiza el uso del espacio bajo una visión de ciudad. Por lo tanto, será clave recalificar el suelo de la ciudad ya consolidada y definir urbanísticamente el nuevo suelo que será incorporado gracias al sistema de transporte. Este comprende unas 5.000 hectáreas entre el norte y el sur, cuyo ingreso al mercado debe ser programado. Estos son planteamientos que consolidan el arribo de la metrópoli a la modernidad, representada por los acuerdos sociales que se adopten, y un orden urbanístico no excluyente, a despecho de la premodernidad constituida por las invasiones, el tráfico de tierras, la informalidad y la pura especulación privada.

Sin embargo, sorprendentemente, la Municipalidad de Lima acaba de aprobar la Ordenanza de Procedimientos de Cambio de Zonificación, basada en el dictamen 031 de la Comisión de Desarrollo Urbano, que es un ‘saltapatrás’ en el concepto de zonificación. Ello pues posibilita el cambio de uso por lote, y en cualquier momento del año.

La zonificación es uno de los instrumentos de ordenamiento del territorio, que traduce un propósito de ciudad con su correspondiente asignación de usos de suelo. Es la propuesta de actividades, alturas, densidades, crecimiento, de acuerdo a los intereses de la ciudad. Esa propuesta es la hoja de ruta para los inversionistas.

El siglo pasado el cambio de zonificación se modificaba a simple pedido de parte y por decreto de alcaldía. Luego se modificó la aprobación a una vez por año, con acuerdo distrital y consulta vecinal, a través de un acuerdo de consejo. La ordenanza aprobada ahora es una suerte de regreso a la premodernidad en la que cualquier interesado de parte podrá solicitar el cambio que se le antoja a contravía de lo que señala el plan de la ciudad. La ciudad quedaría a merced de los pedidos “a la carta”.

Ese es el drama de la capital: avanzar de una parte y desandar lo andado de otra.

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