Una nueva y voluntaria generación de rojo

ANA BRICEÑO

Las hermanas Vanessa y Cinthya García Mejía rompen filas y abrazan a sus padres. Se acaban de graduar como bomberas en una ceremonia realizada en el, en San Isidro.

De los 280 voluntarios recién graduados, 76 son mujeres, la más alta cifra de incorporaciones femeninas en los últimos 10 años. Vanessa García es la menor de ellas. Tiene 17 años y confiesa, con la resolución de su ingreso en las manos, que ha cumplido el juramento que le hizo a su abuela antes de que falleciera.

“Ella sufrió de neumonía, tenía escaras en el cuerpo y un día llamamos a los bomberos para que la auxiliaran. Me gustó su labor desinteresada. Entonces, mi abuela me hizo jurarle que yo también sería voluntaria”, dice.

No fue la única en la familia. Su hermana Cinthya, de 22 años, también se inscribió en la Escuela Básica del Centro de Instrucción.

“Las pruebas más difíciles fueron las simulaciones de un derrumbe: nos arrojaban llantas y nos encerraban en habitaciones con equipos de protección respiratoria”, detalla. Ambas viven en Villa El Salvador y anhelan cubrir su primera emergencia juntas.

, indica que las mujeres representan el 37% de voluntarios.

El menor y mayor

Kevin Vergara Ardiles, de 16 años, se convirtió en el bombero graduado de menor edad. “Me preparé los fines de semana. Mis papás me apoyaron”, comenta, mientras su madre lo fotografía.

En la ceremonia se premió a José Portilla Carbajal, el bombero graduado de mayor edad: 61 años. Es microbiólogo y contó que no tuvo dificultad para aprobar las pruebas físicas porque hace deporte todos los días y se alimenta con comida sana.