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Parques para perros, beneficios para todos, por Angus Laurie

No sé cuántas veces he visto a alguien pisar excremento de perro. Solemos tomarlo a la ligera pero es un problema serio

Parques para perros, beneficios para todos, por Angus Laurie

Parques para perros, beneficios para todos, por Angus Laurie

No sé cuántas veces me ha tocado ver a alguien pisar excremento de perro en el parque o vereda de una calle de Lima. Cuando eso sucede, nos burlamos ingenuamente y pensamos que “tendremos suerte”. Sin embargo, el excremento de perro es un problema serio, un elemento característico de todos los espacios, que contamina nuestras áreas públicas. A pesar de que se han convertido en parte de nuestra cotidianidad, la realidad es que representan un alto riesgo para la salud, al contener diversos parásitos y bacterias como el enterococci y el peligroso SARM (‘Staphylococcus aureus’ resistente a la meticilina). Es más, estas excretas no sirven ni siquiera como abono. En una ciudad donde no llueve, el problema se agrava aun más.

Me enteré de la seriedad del problema cuando asistí a una evaluación de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica, llamada Políticas del Objeto. Allí, un grupo de alumnos trabajó una propuesta para sensibilizar a la población sobre el problema de las heces de perros. Como estrategia, en un parque de San Borja colocaron un globo amarillo por cada excremento no recogido. El resultado fue bello y, a la vez, trágico: un parque lleno de globos, que demostraba lo difícil que sería jugar o colocar una manta de picnic sin exponerse a aplastar algún excremento olvidado.

Recientemente se han implementado áreas para perros en los parques, donde estos pueden andar sin cadena, en una zona cercada. En San Isidro se ha inaugurado una de estas áreas, en el parque Bustamante y Rivero. La Municipalidad de Miraflores, por otro lado, ya tiene cuatro zonas afines, dedicadas a los canes. Estos nuevos espacios traen varios beneficios, no solamente para los perros, sino también para las personas que prefieren no compartir sus áreas de ocio con los animales. Dado que muchos dueños permiten que sus perros corran sin correa, a pesar de que está prohibido, estas zonas restringidas ayudan a evitar los conflictos entre los distintos usuarios de los espacios públicos.

Las zonas para perros separan, de alguna manera, a los usuarios incompatibles en los parques. Adicionalmente, permiten que se forme un grupo social entre los dueños de los perros, generando conciencia cívica entre ellos. Esto favorece que limpien la zona antes de dejar el recinto. Así, en el peor de los casos, de esta manera se confina el problema en una zona aislada del parque. Más que reducir el espacio público para las personas, se recupera y preserva el resto del parque para los usuarios a quienes no les agradan los perros.

Han surgido algunas críticas de los vecinos a estas iniciativas. Sin embargo, las personas que no gustan de los perros deberían encontrarse entre las que más aprueban su implementación. Imagínense: si se repite esta medida en toda la ciudad, los perros podrán regresar a sus casas sin haber contaminado las calles o los parques, y el resto de usuarios podrá disfrutar de estos espacios en paz y con las suelas de los zapatos limpias.

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