Parricidio: tendencia se inicia en la infancia
Parricidio: tendencia se inicia en la infancia
Redacción EC

Desde la ferocidad con que Giuliana Llamoja asesinó a su madre asestándole 65 puñaladas, hasta el crimen de a manos de su hija de 14 años en complicidad con su enamorado, los parricidios que estremecieron la capital evidencian las carencias a nivel intrafamiliar, que es donde se forman los valores que primarán durante toda la vida. 

“La familia ya no es un espacio de socialización donde se refuerzan aspectos positivos o generan satisfacciones afectivas para superar las frustraciones. Los padres han renunciado a su labor educativa y la han tercerizado a los colegios. Solo buscan ganarse el afecto del hijo otorgando satisfacciones materiales”, opina Raúl Calderón, antropólogo y docente de la PUCP.

Así también lo entiende el psiquiatra forense del Instituto de Medicina Legal, Moisés Ponce: “El principio de autoridad se ha perdido pues los padres no saben cómo comunicarse e interrelacionarse con sus hijos”.

LAS FORMAS DE CRIANZA
Según los especialistas, el perfil disocial y psicopático del joven parricida se gesta durante los primeros seis años de vida.
 
“Los trastornos disociales se manifiestan luego de los 6 años. A esa edad la persona va desarrollando su conciencia moral, su capacidad para distinguir lo correcto y lo incorrecto”, precisa Horacio Vargas, director adjunto del Instituto Nacional de Salud Mental Hideyo Noguchi.
 
Antes de esa etapa, el niño se rige por lo que dicen sus padres. Sin embargo, en la actualidad, hay una tendencia complaciente para criar a los hijos, no se ponen límites. “Se refuerzan las conductas negativas cuando estas no son corregidas. Por ejemplo, permitir que un niño patee una puerta cuando no se le compra lo que él quiere”, advierte el psiquiatra Freddy Vásquez. 
 
Los estilos de crianza punitivo y permisivo facilitan que el niño no desarrolle principios ni valores. “Se acostumbran a conseguir todo sin mayor esfuerzo, creen que las personas deben estar a su disposición y pierden el respeto por el otro”, agrega.
 
El análisis clínico de los adolescentes y jóvenes parricidas revela que el 75% de ellos tiene antecedentes del denominado trastorno negativista desafiante (niños hostiles que tienden a realizar rabietas). “Estos cuadros se configuran entre los 3 y 4 años y se agravan a los 6. Si no reciben tratamiento, el 25% puede convertirse en un trastorno disocial”, señala Vargas.
 
CASOS EN AUMENTO
Los casos de violencia filio-parental (agresión de hijos a padres) van en aumento. Hasta tres casos al mes de matricidios frustrados llegan al Hideyo Noguchi. Una década atrás, solo se registraba un caso por mes. 

¿Pero por qué son las madres las principales víctimas? Ponce sostiene que ello se debe a que son las madres las que pasan más tiempo con el hijo y, por ende, son las que les han trasmitido los principios y normas, “de los que quieren liberarse”.

Calderón advierte que el factor mediático contribuye al incremento de cruentos homicidios. “El grueso de noticias que recogen los medios tiene que ver con sangre y violencia. Se genera una caja de resonancia a este tipo de comportamientos, con lo cual se termina reforzando la conducta antisocial”, dice.

Los expertos coinciden en que el perfil disocial en muy pocos casos implica la inimputabilidad. “Los homicidas saben lo que hace. No podrán medir las consecuencias de sus actos, pero sí tienen plena consciencia de lo que realizan y saben que matar es malo”, señala Ponce.

TENGA EN CUENTA
Está bien ser amigo de sus hijos, pero no pierda el nivel de autoridad. Recuerde que la amistad se da dentro del grupo de la misma edad, mientras que la confianza debe cultivarse entre padres e hijos.
 
El antídoto contra la personalidad antisocial es el afecto. 

Estas son algunas señales que lo ayudarán a reconocer que sus hijos pueden desarrollar conductas agresivas: empiezan a quebrar normas con frecuencia, mienten con facilidad, toman cosas ajenas, destruyen objetos, maltratan a niños menores o animales y no tienen remordimientos. 
 
Los psiquiatras coinciden en que los niños son agresivos por naturaleza, por eso procure que saquen esa agresividad con la práctica de deportes y otras actividades.