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Gonzalo Torres: “En Lima necesitamos a un loco visionario”

El actor y conductor de “A la vuelta de la esquina” nos abrió las puertas de su casa para contarnos más secretos sobre nuestra capital y ver cuáles serían los retos para el próximo burgomaestre

Gonzalo Torres

Gonzalo Torres dice que resolver problemas como la seguridad o el transporte no implica dejar de lado la cultura. (Rolly Reyna / El Comercio)

Desde hace 13 años, Gonzalo Torres se dedica a recorrer Lima en busca de los secretos que esconden sus rincones. El actor y conductor de “A la vuelta de la esquina” nos recibió en su casa un día antes de la elección del nuevo alcalde. Conversamos con él de los mayores desafíos que debe cumplir el nuevo burgomaestre.

— Parece que su casa también esconde secretos. Nos ha abierto las puertas de este estudio, con un estante lleno de libros...
Es para mostrarte un poco mejor cuánto me interesa el tema. El 80% de los libros que ves acá son sobre Lima.

— ¿Y cuántos son?
He contratado a un bibliotecólogo para que haga un inventario y los catalogue, así que no lo sé con exactitud, pero creo que responde un poco a la pasión que tengo por Lima.

— Sin duda, la ama.
Me encanta desde dos ámbitos: el físico y el espiritual. Es decir, el ethos de Lima, que termina siendo la sumatoria de la gente y lo que subyace al espíritu de Lima.

— ¿Siempre se ha sentido tan atraído por la ciudad?
No, he sido como los mortales [risas]. Pero hay un símil con la gastronomía, siempre comíamos ají de gallina sin pensar de dónde venía o qué lo hacía tan rico hasta que, desde que se comenzó a revalorizar nuestra cocina, empezamos a hacernos muchas preguntas.

— ¿Cuándo se hizo la primera pregunta sobre Lima?
A raíz del programa. Cayó a mis manos de manera casual, no tenía pensado hacer un programa como ese. Es más, cuando empezó pensé que tendríamos 13 capítulos, ahora vamos más de 13 años y se ha convertido en una pasión. Lo que trato de rescatar es el primer asombro que tuve de Lima viendo un grabado de Mauricio Rugendas de una bajada de playa en Chorrillos. Con eso me di cuenta de que, pese a que los espacios o las formas cambian, el sentido de la ciudad es el mismo. La impronta del pasado y los deseos de la gente del presente con respecto al futuro son un todo.

“Estamos en una ciudad que piensa mucho en sus problemas políticos pero no tiene el desfogue que le daría la cultura”.

— Sobre el futuro, en un artículo de hace dos años dijo que debería ser obligación de todo alcalde y ciudadano preguntarse: ¿a dónde va Lima? ¿Lo hemos hecho?
Creo que hemos agitado un vaso con sedimentos del pasado que estaban al fondo. Al hacerlo se oscureció todo y nos hemos confundido por tantas cosas que tienen que ver con lo político y con el pasado que nuestra mirada hacia el futuro todavía no es clara. La intervención de la política, tan manoseada en nuestros tiempos, nos impide tener la tranquilidad y claridad para ver hacia adelante. Sé que tiene que ver con la inmediatez y la estructura actual de la política, pero con esta coyuntura nadie quiere hacer un proyecto a largo plazo, nadie le quiere dejar a otra persona algo que él empezó. Hay cierta mezquindad en ese sentido.

— ¿Entonces nadie abordará las raíces de los grandes problemas que tenemos?
Se abordarán pero con medidas de corto plazo.

— ¿Qué puntos son los que le preocupan de la ciudad?
Los mismos que al común de la gente.

— El transporte…
Y la seguridad y la calidad de vida también. Esto último tiene mucho que ver con el tema cultural. Estamos en una ciudad que piensa mucho en sus problemas políticos pero no tiene el desfogue que le daría la cultura. Estamos construyendo a un limeño muy reprimido y en algún momento eso nos pasará factura.

— ¿Algún proyecto de la última campaña le hizo pensar que eso cambiaría?
Seriamente ninguno. Confío mucho en el PLAM 2035, que es el proyecto que se hizo pensando en el aniversario de Lima para ese año. El proyecto se dejó de lado completamente por los alcaldes, pese a que era una imagen a futuro muy interesante.

— Hace un rato le mencioné el tránsito porque en un artículo dijo que somos una ciudad del Primer Mundo... si fuera 1960.
Así es. E incluso el tema de la bicicleta tiene sus bemoles, las ciclovías son una gran idea pero tienen sus límites. Lo que sí sé es que las mejores ciudades que conozco tienen un sistema de transporte eficiente. Tenemos un atraso de varias décadas en sistema de transporte público eficiente. El adelantado a su época fue Bedoya con la Vía Expresa, pero ha quedado chica porque nadie pensó en el futuro. Creo que en Lima necesitamos a un loco visionario, que apueste por una obra por la que lo aplaudan en el 2035. Aunque va a sufrir las consecuencias en el presente.

— Otro tema que le preocupa es el cuidado del patrimonio inmueble.
Es que veo que están siendo anulados. Buscan convertir a Lima en un estándar, como queriendo invisibilizar nuestro pasado en aras del progreso. Esa es otra medida cortoplacista.

“El odio al migrante, del que se aprovechan las fuerzas políticas para aglutinar votos, no es nuevo en Lima”.

— Como una cirugía plástica a la ciudad.
Sí, cuando en realidad qué bonita es una pequeña arruga, donde se note el paso del tiempo, la sabiduría. Creo que esa visión de progreso es errada, porque nos pasará factura, nos convertirá en una ciudad sin atractivos, sin alma, sin espíritu.

— En estas últimas elecciones la xenofobia tuvo un papel protagónico. ¿Hemos visto situaciones similares en la historia de Lima?
El odio al migrante, del que se aprovechan las fuerzas políticas para aglutinar votos, no es nuevo en Lima. Por ejemplo, el odio a los japoneses en los años 40 es algo de lo que no nos gusta hablar. Fueron perseguidos, pero también azuzados. Lima se paralizó por dos días y sus negocios fueron saqueados. Tuvieron que huir a las quebradas de Lima, a Lunahuaná, a Huaral o a la sierra. Algunos fueron deportados. Fue un odio que se fue formando porque los japoneses comenzaron a ocupar espacios dejados por los limeños, como bodegas, lavanderías o peluquerías. Cuando comenzaron a crecer, la política se agarró de esos pequeños odios. Lo mismo pasó con los migrantes andinos en los años 50, 60 y 80. Y antes con los chinos, que a fines del siglo XIX comenzaron a independizarse de las haciendas azucareras y ocupar sitios en las ciudades. Comenzó a decirse que los chinos eran ociosos, cochinos y que fumaban opio. Se destruyeron callejones de chinos, la policía arrasó locales con funciones chinas, pero ahora, ¿cuál es una de nuestras principales comidas? El chifa.

Gonzalo Torres

Publicista, actor y conductor de TV

Nací en Lima hace 49 años, pero vengo de una familia chalaca. Por eso soy hincha del Sport Boys. Quizás ahora no uso la nariz roja, pero para mí es una filosofía de vida. Soy el conductor de “A la vuelta de la esquina”, “Mañana maldita” y “Lista de deseos”.

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