(Foto: Rolly Reyna)
(Foto: Rolly Reyna)
Rafaella León

Wilder está convencido de que si no hubiese ido a parar al Puericultorio Pérez Araníbar, habría terminado de delincuente en las calles del Callao, donde vivió hasta los 3 años con su familia. Su madre no pudo hacerse cargo de su crianza y optó por llevarlo al albergue de Magdalena donde no le faltó nada material, aunque sí el afecto materno. Entregadas a una labor a cambio de nada, las voluntarias del Puericultorio le dieron los abrazos y atenciones que el chico necesitaba. Hoy es un cachimbo esperando el inicio de sus clases, mientras ellas organizan ventas profondos para apoyarlo a él y a otros ex alumnos del PPA.

¿Por qué viviste desde los 3 años en el Puericultorio?
Un día le pregunté a mi mamá por qué yo no viví en mi casa. Lo más lógico es crecer con tus padres, pero en ciertas circunstancias se dan este tipo de desenlaces. Nuestra situación era complicada económicamente. Mi mamá no podía mantenernos. Una amiga suya le habló del PPA, un lugar que tenía de todo y donde iba a crecer sano. Materialmente no me iba a faltar nada, aunque afectivamente sí

¿Cuánto crees que te afectó el no haber crecido con el cariño de tu madre?
Yo no siento derecho de reclamarle a mi mamá; el hecho de haberme dado la vida es suficiente. Nos mandó a mí y a mi hermano mayor y nos visitaba los fines de semana. Estar el Puericultorio era mucho mejor que estar en la calle. Si yo no hubiese ido al albergue qué sería de mí. Yo creo que sería un vago, un delincuente.

¿Cómo era tu barrio?
Mi mamá solía viajar a la selva por temas de trabajo. A mí me iban a visitar al PPA y me comentaban que la situación en el Callao era complicada. Yo he ido a visitarlos a mis padres, porque ellos una época no venían. Ellos no me han criado, me crié en Puericultorio. Estoy seguro de que cualquier niño del PPA tiene experiencias que le han marcado en su corazón.

¿Qué experiencias te marcaron?
Día a día teníamos actividades, rutinas, talleres de mecánica, carpintería, electricidad, artes gráficas, cocina. Convivía con otros niños, había que aprender a hacerlo. También había castigos, suaves, pero sí eran lecciones. Por ejemplo no dejarte jugar futbol o no ir a la piscina o quedarse limpiando el cuarto. Yo siempre he sido bien travieso, curioso.

¿Cómo es que logras estudiar la secundaria en el colegio Los álamos de Jesús María?
Yo juego bien al fútbol. Unos auxiliares del PPA me invitaron en el 2015 a participar de un campeonato en San Isidro organizado por el director del colegio Los Álamos, Jorge Camacho, en convenio con el Milan Junior Camp, la escuela de fútbol del AC Milan de Italia. El director de esa escuela estaba en el evento y tras verme jugar me eligen como el mejor participante. Viajé a Italia durante dos semanas junto con otros 22 chicos, donde competimos con escuelas Milan de todo el mundo. Quedamos terceros. Me otorgaron una beca para estudiar en Los Alamos y me uní al equipo del colegio. Desde ese momento yo comencé a ver las oportunidades que se me iban presentando.

Ibas al colegio en las mañanas pero vivías en el PPA.
Si, y al mismo tiempo entrenaba en la academia del Milan en el Perú. Actualmente entreno pero como diversión, ya no pensando en ser futbolista profesional.

¿Por qué no?
Es que quiero estudiar ingeniería de gestión empresarial en la UPC; ya ingresé. La Universidad Privada del Norte es otra alternativa, allí la carrera se llama ingeniería empresarial.

¿Qué te falta para empezar a estudiar?
Las voluntarias me están apoyando con un profesor particular, pues debo alcanzar el nivel adecuado. Ahora se han propuesto inscribirme en una academia de inglés. Ellas siempre tienen una mentalidad y un entusiasmo a prueba de todo con tal de ayudar a los niños de PPA. Están día a día pendientes también de quienes ya hemos egresado.

¿Cómo eres en los estudios?
En el PPA el nivel académico no es tan fuerte como se necesita. Un joven que acaba la secundaria no podría ir a estudiar a una universidad particular o nacional porque la exigencia es fuerte y cuesta aún más mantenerse.

Hay una desventaja para los chicos que estudian en el PPA…
No solo económicamente sino académicamente. A mí me otorgaron la beca para Los Alamos cuando estaba en segundo de secundaria. Me costó nivelarme, me esforcé bastante, me saqué la mugre. Era pesado porque a mí me encanta el fútbol. Yo prefería mil veces jugar antes que estudiar. En el colegio Los Alamos me cambiaron esa visión. Mientras otros dormían o veían tele yo estaba estudiando.

Hay que hacer pequeños sacrificios.
Claro. Me acuerdo que a mis amigos yo les enseñaba matemática, química, física, con gusto. Se siente muy bien cuando le enseñas a alguien y que esté contento de aprender.

¿El aporte de las voluntarias qué ha significado para ti?
Fue y es muy importante. Ellas organizan todas las actividades y paseos, en los cuales hay que conseguir refrigerio para cientos de niños, cubrir costos de buses y traslados. Pero lo que más destaco es ese entusiasmo, cariño y amor para apoyar a los niños que tanto lo necesitan. Lo hacen sin pedir nada a cambio, no es obligatorio que vayan. Yo me siento muy agradecido. Conozco a casi todas.

¿Qué te dicen cuando te ven?
Se ponen muy contentas, me preguntan cómo estoy, qué tal la universidad. Les he contado que soy cachimbo y ya me quieren cortar el pelo.

Son como tus protectoras…
Más que eso, son como mis madres, se preocupan por uno. Si lo material no va de la mano con lo afectivo, nadie puede estar bien. Ellas siempre quieren saber cómo me está yendo y conversamos. Las estimo mucho.

¿Ellas llenaron un vacío?
Cuando yo era pequeño venían, me abrazaban, eso yo no lo olvido.

¿Cómo te ves en el futuro?
En la universidad trataré de ser el número uno. Desde el primer día tengo que dejar mi huella.

¿Regresarás al PPA algo de lo que te dio?
En el discurso que di en el colegio Los Alamos como despedida, comenté que uno de mis sueños es ser un filántropo como nuestro padre Augusto Pérez Araníbar. Lo que uno recibe con todo ese cariño que le han dado va a querer devolverlo. Yo conozco y sé qué significa y que se siente estar ahí, qué piensan los chicos y qué necesitan. Me sale del corazón apoyarlos.

EL DATO
​Este jueves 17 de agosto las voluntarias del PPA invitan a un evento en cual se informará sobre las formas en que se puede ayudar a los niños del albergue. Ese día estará a la venta el libro Historia de un sueño, sobre la vida y obra de Augusto Pérez Araníbar. Los fondos servirán para apoyar a los ex alumnos del PPA a continuar sus estudios universitarios.
Dirección y hora: tienda Dédalo, Paseo Sáenz Peña 295, Barranco, a las 7.30 pm
Informes: info@dedalo.pe