Brayan Vidalón, de 35 años, perdió la visión a los 8 debido a un glaucoma congénito. De lunes a viernes, llega a las 6:30 a.m. al paradero frente al centro comercial Minka en la avenida Argentina (Callao) para abordar una coaster con destino a la Plaza Ramón Castilla (Cercado de Lima), donde finalmente debe tomar el Metropolitano. Sin embargo, los cobradores no le ayudan a subir; otros le cierran la puerta. Saben que, al ser una persona con discapacidad visual severa, le corresponde por ley viajar gratuitamente. No les conviene respetar este derecho. Luego de quince minutos de espera, se detiene una combi y Brayan se acerca. “Te voy a pagar S/.1,50, lo prometo”, le dice al cobrador. Este acepta que suba.

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