"El Perú está en los comentarios", por Pedro Ortiz Bisso
"El Perú está en los comentarios", por Pedro Ortiz Bisso
Pedro Ortiz Bisso

El Perú está en los comentarios no es una frase de Paulo Coelho o de Ricardo Arjona. Es, antes que nada, una definición de los extremos a los que puede llegar la estupidez humana en las redes sociales.

En Facebook una página con ese nombre recoge ese costado violento, racista, homofóbico, misógino, canalla, perverso... en otras palabras, espantoso, al que pueden llegar algunos internautas frente a cualquier hecho. La cuenta no lo promueve, solo hace un acopio de estas demostraciones de podredumbre que abundan en la red. Es una suerte de baja policía digital.

En un vistazo rápido se pueden hallar desde memes promoviendo ‘desmariconizar’ la televisión hasta pedidos para no enviar “ni un kilo de arroz ni una frazada ni un pantalón roto” a los departamentos del sur, cuando ocurran heladas, en castigo por haber votado por Verónika Mendoza en las últimas elecciones.

El suicidio de una mujer de 17 años el último lunes, al lanzarse desde lo alto del hotel Sheraton, originó otra catarata excrementicia. “Tan buen hotel que es y ensucia la pista”, “Publiquen el video de frente y que esté en HD si no es mucho pedir”, “¿Si se suicidó en el #Sheraton es porque tiene plata?”.

Pero no son solo comentarios. Tras la muerte de la adolescente, los bomberos, también en Facebook, postearon el siguiente mensaje: “Lamentamos lo sucedido en el hotel Sheraton el día de ayer, pero lamentamos más comprobar lo enferma que está nuestra sociedad. [...] Es triste pensar que los testigos presentes en el lugar agarraron sus celulares para filmar y subir el video a Internet, antes que para llamar a la central de emergencias de los bomberos 116. ¿Dónde vamos como sociedad?”.

La pregunta adquiere mayor pertinencia a partir del testimonio del periodista Juan Pablo León, quien en “” (ver en la siguiente página) da cuenta de cómo, luego de ocurrida la tragedia, se originó una subasta callejera en los alrededores del hotel por el video que registraba la caída. Los participantes eran transeúntes que querían las imágenes para subirlas a sus redes sociales y sumar ‘likes’ de sus amigos.

El caótico tránsito de la ciudad y las reacciones de sus protagonistas –desde conductores hasta peatones– me han llevado a opinar que el enfoque requiere un análisis que vaya más allá de las políticas viales, y que se lo vea también desde el punto de vista de la salud mental. De ello he hablado varias veces en este rincón.

Pues me he quedado corto. El problema es mayor. Internet, como decía Eco, está invadido por idiotas, pero los nuestros son de marca mayor. Es una lástima que ninguno de los candidatos presidenciales haya abordado el tema de la salud mental. Porque la nuestra, no me cabe duda, es una sociedad enferma, y estamos muy lejos de encontrar una cura.

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