Un distrito regido por el crimen, por Raúl Castro
Un distrito regido por el crimen, por Raúl Castro
Enrique Vera

Dos granadas de guerra y S/.3.900 llevaba dentro de una mochila el sanguinario Roger Lucio Condezo Iraita, de 23 años, cuando fue capturado en San Juan de Lurigancho, Lima. A Condezo, número 2 de Los Malditos de Bayóvar, lo seguían por los explosivos que, entre agosto y setiembre, lanzó sobre dos edificios y un colegio en construcción en ese distrito.

Así logró que los ingenieros de las obras entregaran S/.4 mil semanales a la organización de sicarios, encabezada por Darwin Malca Hernández ‘Loco Darwin’. “El pago era por ‘paz laboral’”, dijo el detenido a los agentes que lo interrogaron.

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La policía ha establecido que Los Malditos de Bayóvar operan con un sindicato distrital reconocido desde el 2003 por dos federaciones de construcción. El nexo era Roger Condezo.

EXTORSIONES DESDE ADENTRO

El caso de San Juan de Lurigancho es un molde que se repite en Huaral, Pativilca, Cañete, Áncash, Chiclayo, Trujillo y Piura. El Comercio accedió al último esquema elaborado por agentes de inteligencia de la Dirección de Protección de Obras Civiles sobre las extorsiones en construcción civil, el rol de los delincuentes y los pagos que genera al hampa tomar una obra.

El engranaje criminal empieza a moverse desde que miembros de un sindicato, más su ‘fuerza de choque’ –o sicarios–, irrumpen en construcciones con el fin de conseguir puestos de trabajo para sus ‘afiliados’. De acuerdo con el tamaño de la obra, el empresario a cargo llega a ceder entre 20% y 50% de puestos estimados para la construcción, detalló la policía.

Sin embargo, de todas las plazas otorgadas por el encargado solo algunas son ocupadas por falsos obreros, allegados al gremio, que tienen otra misión dentro de la obra tomada. Allí intimidan al empresario para que pague puntualmente cada salario de los puestos que correspondían al gremio y que no fueron cubiertos: esto es el cobro de cupos por ‘obreros fantasmas’. Además piden a todos los obreros de la constructora, que no son del gremio, una ‘cuota sindical’ que debe ser abonada cada semana.

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