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Los crímenes siguen dejando su huella en la ciudad, como una sombra que no se despeja. En Lima, en menos de un día, la muerte volvió a robarse la calma. La madrugada de ayer, en Los Olivos, un sicario asesinó a balazos a un mototaxista que conversaba con un amigo cuando fue sorprendido por más de cinco disparos. Un día antes, al mediodía, en Comas, una jaladora de combis fue acribillada frente a un colegio. Esa misma tarde, en el Callao, un técnico de celulares fue ejecutado dentro de la galería Polvos Chalacos, desatando el pánico en plena zona comercial.