Poner las manos en la ciudad, por Jorge Ruiz de Somocurcio
Poner las manos en la ciudad, por Jorge Ruiz de Somocurcio

Sábado pasado, 7 de la noche en el restaurante La Milonga, de San Bartolo: un grupo de dirigentes vecinales conspira a favor de su distrito. Acabó el verano y empieza el otoño. Los balnearios del sur cierran puertas, pero un número cada vez mayor de residentes permanece todo el año. Las juntas vecinales de San Bartolo han decidido empezar un camino inédito de construcción de futuro. Han tomado conciencia de la vertiginosa expansión urbana que es como un tsunami que está arrasando formal e informalmente todos los terrenos disponibles desde Lurín hasta Pucusana.

Me invitaron para asesorarlos y hacer una presentación de los alcances e importancia de un plan urbano y fueron quedando claras las siguientes condiciones.

a) Un distrito-balneario como San Bartolo tiene que pensarse integrado a los demás distritos del sur en una mancomunidad. b) Los balnearios del sur son la reserva de expansión urbana de la metrópoli, una bisagra entre la Lima central y el sur chico. Tienen aproximadamente 30.000 hectáreas, casi la mitad de la actual mancha urbana de Lima. c) De acuerdo al Plan Regional de Desarrollo Concentrado (PRDC), del Instituto Metropolitano de Planificación, todo el borde costero desde Chorrillos hasta Pucusana constituye el gran espacio público del sur de la metrópoli. Los traficantes de tierras de todo pelaje están atrás de los apetecibles terrenos de expansión urbana de Lima en el norte y sur con la complicidad de las comunidades campesinas. d) Los municipios distritales asumen erróneamente que su ámbito de gobierno termina en la playa y en la zona urbanizada que representa menos del 10 % del área disponible.
De continuar el actual modelo expansivo de Lima de baja densidad, en 20 años se acabará el suelo disponible.

Los dirigentes de San Bartolo tienen claro el mensaje: necesitan una visión de futuro ordenadora de su desarrollo. El alcalde distrital tiene que ser su primer aliado sí o sí. Y luego el alcalde provincial. La gran interrogante es si el alcalde Luis Castañeda hará suya la preocupación por el crecimiento ordenado en las pampas de Lurín y San Bartolo.

Ahí está prevista una ciudad autosostenible con todos los servicios, que acoja población de bajos y medios ingresos. El PLAM al 2035 y el PRDC plantean la llegada de la línea 3 del metro, así como un tren de cercanías a Cañete y de mercancías hasta el Callao, lo cual producirá una intensa actividad urbana que podría arrasar con el frágil ecosistema marino, sino se toman previsiones desde hoy.

Los dirigentes de San Bartolo pueden marcar una pauta, en planeamiento participativo. Todos son profesionales y se han comprado un pleito que antaño era casi privativo de los dirigentes barriales de los años 80: discutir democráticamente cómo orientar el desarrollo de su barrio y su distrito.

Este es el potencial que el alcalde metropolitano podría promover. Modificaría totalmente esa imagen de contratista de obras sin brújula, por todo Lima. Ahí tiene el PLAM al 2035 como punto de partida. Que empiece el proceso de consultas.

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