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Pornografía de la violencia, en vivo, por Raúl Castro

La reflexión sobre la pornografía de la violencia está llevando a medios a responder por sus criterios informativos

Pornografía de la violencia, en vivo, por Raúl Castro

Pornografía de la violencia, en vivo, por Raúl Castro

El pasado 23 de agosto, la peruana Francesca Uccelli Labarthe denunció formalmente ante la Sociedad Nacional de Radio y Televisión (SNRTV) la emisión de un reportaje en que, sostenía, se incurrió en abuso contra una menor y se atentó contra sus derechos y seguridad.

Denunciaba el caso de una niña de 11 años en Chanchamayo, a quien su vecino golpeó, violó y embarazó, y a quien el reportero del canal RPP TV –donde se emitió el informe– no tuvo mejor idea que interrogar en vivo sobre lo que sintió en el trance del execrable episodio.

El periodista entrevistó primero a la mamá, difuminando su rostro pero señalando su nombre completo. Luego se dirigió a la niña, nuevamente difuminando el rostro, pero pidiendo con nula empatía los detalles del hecho. Reveló, finalmente, la identidad del criminal, y les hizo contar a las víctimas el modo en que este las amenazó por si lo acusaban ante las autoridades.

Increíblemente la queja de la señora Uccelli no fue aceptada. El inverosímil desempeño periodístico ni siquiera fue evaluado por los peritos de la SNRTV porque los canales del cable –decían– no están contemplados en la Ley de Radio y Televisión. O sea, “el procedimiento no resulta aplicable”. Así de indiferente. 

Este desencuentro entre las instituciones vigilantes y la ciudadanía que alerta sobre excesos no solo es frustrante. Nos hace también cuestionar el papel que audiencias y profesionales de la información jugamos en la naturalización de las monstruosidades humanas. 

Nos obliga, asimismo, a pensar en la doble victimización de los afectados, primero ante el delincuente y luego ante el carácter de espectáculo en que se convierte su sufrimiento. 

Eso pasó anteayer, cuando casi todos los noticieros en Lima emitieron varias veces, con sádica fruición, las escenas en que un valeroso policía es víctima de la detonación de una granada, cerca a un colegio, cuando intentaba desactivarla.

Mientras se denunciaba el desborde del crimen organizado, la debacle de los sistemas de seguridad y la instalación del miedo como parte de la vida cotidiana de la gente de Villa El Salvador –como en Villa María del Triunfo, Ate, Lurigancho y otros distritos–, las impactantes escenas se programaban sin pudor o mínima advertencia.
La reflexión ciudadana sobre la pornografía de la violencia es tendencia fuerte en Europa y Estados Unidos, y está llevando a los medios a responder por sus criterios informativos. El reciente caso del niño sirio en Turquía es elocuente.

Los que estamos detrás de los contenidos, en consecuencia, debemos ahora revisar nuestros protocolos informativos y analizar nuestros límites. Pero el rol vigilante también debe estar en ciudadanos como la señora Uccelli, que son la reserva moral que una sociedad debe conservar. He ahí un poder irrenunciable al que hay que saber escuchar y respetar. 

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