La restauradora que da nueva vida a imágenes religiosas
Luis Silva Nole

El autor del video que acompaña a esta nota, Antonio Álvarez Ferrando, fue reconocido con el a Mejor Trabajo Audiovisual, el cual reconoce la calidad del trabajo del video reportero que enfoca de forma audiovisual la cobertura periodística de una noticia. En este sentido, los videos pueden ser realizados de manera conjunta entre equipos multidisciplinarios, dividiendo funciones y maximizando los resultados del producto final. Los trabajos audiovisuales complementarán el texto que los acompaña o, además, podrá tener una lectura independiente del mismo.

Todos la miran. Santiago Apóstol montado en su caballo. Santa Rosa de Lima. San Miguel Arcángel. Un querubín que parece del siglo XIX. Hasta San Martín de Porres, degollado y polvoriento. Todos la observan en silencio desde los estantes, heridos, quiñados, mutilados, esperando su turno para ser salvados.

Raquel Quispe Taboada, acostumbrada a esa poblada soledad, no se inmuta. Lleva 15 de sus 50 años devolviendo a la vida imágenes religiosas. Para ella, la resurrección es cosa de todos los días.

Ha convertido su taller en sala de operaciones. Los bocinazos de la cuadra 6 del jirón Huancavelica, en el Cercado de Lima, son su música de fondo para las intervenciones que realiza en figuras de diversos tamaños, cuales seres inmóviles a los que con escrupuloso trabajo ella inyecta vitalidad cuando todo parece perdido.

Los clientes llegan como familiares dolientes de pacientes terminales. Parecen querer expiar sus culpas llevando al doctor a sus santos. "En Semana Santa debería haber más clientes. No sé qué pasa este año", saca cuentas Raquel, limeña hija de ayacuchanos y madre de dos veinteañeros. 

Experta en resanar con yeso las quebradas y cañones que años y caídas forman en las imágenes –o con masilla si se trata de efigies de fibra de vidrio o de resina–, Raquel, devota de San Martín de Porres, tiene una explicación sobrenatural para el hecho de que el local alquilado que ocupa desde hace cinco años jamás haya sido violentado por ladrones. "Estoy protegida por las bendiciones que me dan las personas cuando se llevan, agradecidas, sus imágenes arregladas. Además, percibo si una imagen ya ha sido bendecida, siento una presencia. Qué mejor que ellas para cuidar mi taller", confiesa.

Ahora el Cristo del Santo Sepulcro, del poblado de Paullo, de Lunahuaná, la mantiene en el quirófano. El Jesús yacente llegó grave en noviembre pasado: pantorrillas desgarradas, brazo derecho partido en dos, cuerpo descolorido. Muy golpeado. Escasos signos vitales. 

Tras un paciente trabajo, en el que los detalles priman, Raquel planea terminar la obra antes del próximo miércoles, día en el que un delegado de Paullo recogerá al paciente para llevarlo, sano, a su pueblo, donde será el protagonista de una fiesta patronal pos-Semana Santa.