Río Huaycoloro, el afluente del Rímac sigue siendo una amenaza
Río Huaycoloro, el afluente del Rímac sigue siendo una amenaza

El 19 de mayo del 2016, hubo una reunión tensa en el local municipal del Centro Poblado Menor de Huachipa. El ingeniero Jorge Tesén, de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), exponía sobre lo hecho hasta entonces en la quebrada del . Por esos días, ni una gota de agua bajaba por el cauce, pues es un río estacional que aparece en los meses de lluvias. 

La cita fue tensa porque un grupo de vecinos y socios del Club Ecuestre de Huachipa temía que las acciones para resolver los complejos problemas de este afluente del Rímac terminaran afectando sus propiedades y el medio ambiente [se incluía la construcción de una trocha carrozable en la margen izquierda].

Tesén explicó que, en convenio con la ANA, Petramás, empresa que acopia el 50% de la basura que produce Lima, había invertido en el 2015 en la descolmatación del Huaycoloro en 5,9 kilómetros. Esas labores que costaron siete millones de soles incluyeron el desalojo de 180 viviendas construidas sobre el cauce o muy cerca de este, la instalación de defensa ribereña y la habilitación de la mencionada trocha.  

Ese día, Tesén describió que era necesaria la intervención porque el Huaycoloro estaba invadido. En algunos puntos, el cauce se había rellenado con tierra para construir encima casas precarias. En otros, las chancherías habían acondicionado sus corrales dentro o muy cerca de la zanja. “Es un área vulnerable”, dijo Tesén. Ese día mostró fotografías de lo que se había logrado en dos años de negociaciones: gente que dejó la ribera por su propia voluntad, el camino abierto que serviría para descolmatar el río seco y la colocación de hitos para señalar la faja marginal. El día de la reunión, Tesén preguntó al auditorio: “¿Se imaginan qué pasaba si ese año venía el huaico?”.

—Sin solución—
A estas alturas del 2017, muchos limeños pueden responder esa pregunta hecha hace un año. Desde enero, el Huaycoloro se activó cinco veces. Llegó a tener un caudal de 40 m3/s, cuando lo normal es que en temporada de lluvias en la zona alta llegue a 2 m3/s, según el Senamhi. El 31 de enero, bajó con tal fuerza que derribó un puente de la autopista Ramiro Prialé e inundó los distritos de San Juan de Lurigancho, el Rímac y el Cercado. Uno de sus últimos desbordes ocurrió la semana pasada, el 16 de marzo. Ese día, se rescató a 26 personas atrapadas en el sector Gran Huerta El Ayllu. Ya van 78 damnificados, pero no hay víctimas que llorar como sí pasó en el 2012: una niña murió arrastrada por el lodo. 

Edward Pagaza, jefe de Defensa Civil de Chosica, dice que todos los años se limpia el cauce, pero el evento de este verano es “anómalo”. Recuerda que la ex alcaldesa de Lima Susana Villarán no cumplió con construir muros de contención en el Huaycoloro. La gestión de Luis Castañeda Lossio tampoco lo ha hecho. Son 16 kilómetros lineales de protección que demanda un presupuesto que este distrito no puede asumir. 

Lo hecho hasta hoy en el Huaycoloro no ha resuelto la exposición al riesgo de las 50 mil personas de Cajamarquilla y Huachipa que conviven con el Huaycoloro. Esta semana, mientras recibía ayuda humanitaria, una vecina del poblado de Saracoto Alto, en Cajamarquilla, contó que el huaico del 16 de marzo cubrió varias viviendas. No lejos de allí, un cargador frontal hacía lo que podía para retirar el lodo acumulado en la zanja.
 
El gerente de Petramás, Jorge Zegarra, dijo ayer que hace tres días el pase para el huaico en el puente de la Ramiro Prialé tenía apenas 90 centímetros, espacio que no resistirá una nueva caída como las registradas entre enero y marzo. Se trabaja para descolmatar esa área, pero el caudal elevado del Rímac y las pequeñas torrenteras del Huaycoloro complican las labores. Está claro que este último punto es solo la desembocadura de un problema que enloda y mata.

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