Robo de identidad, por Gonzalo Torres
Robo de identidad, por Gonzalo Torres
Gonzalo Torres

La columna del dos de mayo en la plaza del mismo nombre es uno de los monumentos más hermosos del Perú. Allá en lo alto de la columna estriada baila la diosa de la victoria, Niké, mirando al mar en donde vencimos en 1866 a la escuadra española. Los peruanos y limeños orgullosamente honraban así a sus héroes y su historia en 1874, año en que se instaló el monumento en el viejo Óvalo de la Reina, paso de entrada a la capital.

Más tarde en 1924, Víctor Larco Herrera regalaba a la ciudad un entorno hermoso con ocho edificios en estilo Segundo Imperio. Todo el conjunto, a pesar de pinturas y retoques a través de los años, luce maltratado por lustros de desidia y desinterés, y en el colmo de males, por robos, primero de fierros y luminarias.

Hace unos días, uno de los escudos patrios que adornan la reja circular fue arrancado de su sitio. En una apareció la información de que el escudo estaba siendo subastado en Internet por una familia que vende antigüedades. Al denunciarlo, lo sacaron inmediatamente de la página, pero no pudieron evitar su venta. En otra página, denunciaron que una cartela azul y blanca del antiguo Estanco de Sal había desaparecido de la esquina de un establecimiento.

Estamos asistiendo al robo sistemático de nuestro patrimonio para aparecer en dudosos establecimientos que compran y venden antigüedades, con la indiferencia de los organismos tutelares. Y va a seguir creciendo, porque la indiferencia parece ser la política pública de quienes están llamados no solo a velar por la identidad de Lima, sino por estimularla. Si ni siquiera han podido recuperar el edificio incendiado hace más de un año, ¿qué les va a interesar que los monumentos y espacios públicos se vayan degradando, se vayan robando luminarias y placas y rejas por doquier? ¿Alguien reemplazará lo robado? No, porque a nadie le importa. Sé que a nadie le importa cuando veo que en vez de mantener la identidad de Lima, la reemplazan por postes de cemento anodinos, se tumban casonas sin chistar, no limpian las esculturas, reemplazan mármoles rotos por maderas pintadas de mármol, etc.

El Ministerio de Cultura tiene una oficina de Defensa del Patrimonio, pero su área de interés es tan vasta (y su presupuesto tan pequeño) que esto se convierte en nimiedades. Por eso, esta noticia de Prolima es alentadora, pero debe ser integral y abarcar otros ámbitos en donde el patrimonio viene siendo ignorado o sustituido. 

A este ritmo, imagino, en poco tiempo, una ciudad invisible, carente de recuerdos, robada de su identidad, no por las siempre ávidas manos del egoísmo y la delincuencia, sino por la indiferencia que mata cruelmente dejando agónico lo poco que nos va quedando. Lima merece ser estimulada, difundida y orgullosamente exhibida. Hoy, a pesar de esta noticia, siento pena y rabia por mi ciudad

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