Óscar Paz Campuzano

La cuadra 11 de la Av. Aviación, justo debajo del metro de Lima, es un baño al aire libre y los pilares del metro son paneles de publicidad no autorizada. La berma no es verde, es más bien un basural clandestino, un cementerio de mascotas y un lugar de constantes robos. Parece mentira que en tan pocos metros cuadrados se puedan aglomerar tantos males capitales. 

Ayer, en esta cuadra, tres shipibas y dos de sus jóvenes hijos (todos damnificados del incendio en Cantagallo) terminaban de pintar una de las columnas empapeladas con anuncios sin permiso. Lo que para muchos limeños pueden ser rayas, cruces o peldaños, para sus autoras son una forma ancestral (y colorida) de ver el mundo. 

Vilma Mayna Imuna describe uno de los formatos artísticos que usa para este proyecto de recuperación urbana: “Mayá kené es un estilo shipibo que representa al bosque, a la orilla del río, a las aves, a los peces”. Puede que este lenguaje tan cercano a la naturaleza sea difícil de entender en un lugar tan saturado de concreto. 

La idea de transformar un rincón tan descuidado no es nueva a lo largo del entorno del metro de Lima. Hay buenos ejemplos en Villa El Salvador y en Villa María del Triunfo, en donde el arte reemplazó al desmonte y a la basura que desaliñaban el paisaje del moderno medio de transporte. Esta intervención en La Victoria la promueve la Línea 1 del Metro de Lima, el Ministerio de Cultura y el sector privado. 

Olinda Silvano es otra artista shipiba que migró hace 17 años y que usa el arte que aprendió de niña para mantener a su familia. Hoy también lo usa para recuperarse del incendio que destruyó todo lo que ella había logrado. 

Ambas han expuesto en varias galerías de Lima. Aquí encontraron oportunidades que en Ucayali no hallaron, pero sienten que falta verdor y sobra la contaminación, los delincuentes y los discriminadores. Pese a todo, incluso, pese a los líos por Cantagallo, Vilma, Olinda y toda su comunidad colorean una ciudad que ya sienten suya.