“Siempre hubo un índice muy alto de inseguridad en Lima”
“Siempre hubo un índice muy alto de inseguridad en Lima”
Renzo Giner Vásquez

Nací en Lima hace 31 años. Estudié periodismo en la USMP y una maestría en Ciencias Políticas en la PUCP. Estoy terminando mi tesis doctoral con un estudio sobre las cuencas cocaleras del Perú, para lo que viajé a Tocache, Aguaytía, Monzón y el Vraem.

La cocaína producida en el Perú mantiene el mismo precio desde 1995. El oro ilegal moviliza cerca de US$2,6 millones por año. Datos similares sobre narcotráfico, corrupción y otros crímenes son analizados a diario por los investigadores del  Laboratorio de Criminología de la PUCP. Frank Casas, parte del equipo, nos recibe en medio del que muchos clasifican como el momento más inseguro de la capital.

—¿Cuál es el perfil del delincuente peruano?
Siempre pensamos que lo criminal está vinculado con temas de policías y la ley, pero el patrón de regularidad de acciones delictivas en el Perú muestra más bien que hay una cotidianidad del delito. El elemento central de la delincuencia común e incluso del crimen organizado se centra en algo que a veces olvidamos: el dinero. Por ello se encuentra una amplia disposición de mano de obra delictiva, en nuestro país no hay tendencia a encontrar asesinos en serie que se deleitan con la sangre, sino una rutina en un entorno criminal.

— ¿Ese tipo de criminalidad tiene algo que ver con cuán desarrollado es el país en el que se presenta?
Los fenómenos delictivos tienen estructuras y causas distintas. Uno podría decir que los mercados ilegales sí están fundamentados con el crecimiento exponencial de las riquezas económicas, pero también con una base ancha de inequidad. Ahí sí encontramos cierto nivel de relación, pero, por ejemplo, la violencia contra las mujeres y niños o las violaciones sexuales no se explican necesariamente así.

—Centrándonos en cifras, ¿vivimos el peor momento de inseguridad en Lima?
No hay cifras exactas porque los datos son muy precarios en el Perú, pero estimaciones del antropólogo Jaris Mujica en el 2013 nos hacen pensar que siempre hubo un índice así de alto. A veces nos dejamos llevar por la tasa de denuncias, pero eso no marca la tasa total, hay una cifra negra. 

—¿Por qué nos sentimos más inseguros entonces? 
Porque estos temas son más difundidos por la prensa, hay más canales de información, como las redes sociales. Además, la cotidianidad de mercados robados genera este tipo de sensación pese a que cifras del INEI del 2014 y del 2015 nos dicen que la victimización está bajando. 

—Ustedes también analizan las políticas criminales. ¿Es cierto que el problema está en el Poder Judicial?
En Ciencias Políticas se conoce a eso como mimetismo institucional. Hemos creado en nuestra cabeza que ya existe un paquete ideal de medidas contra la inseguridad: reformar el Poder Judicial, reformar la policía, más leyes, que salga el Ejército. Son las cuatro cosas que cualquier candidato va a decir. El Poder Judicial y la policía tienen un rol potentísimo, pero se debe ver cómo funcionan los mercados ilegales o las formas de violencia. La literatura especializada dice que el crimen no se debe homogeneizar sino entender su heterogeneidad. Así uno se da cuenta de que esto no solo es labor de los actores públicos sino también de los privados. El lavado de activos es un caso ejemplar.
 
—Cuéntenos más sobre su estudio en las cuencas cocaleras del Perú...
Encontré, por ejemplo, que los actores privados juegan un rol preponderante tanto para la efectividad de las políticas antidrogas como para que estas fallen. Incluso actores criminales pueden generar un impacto positivo en la política antidrogas como el odio que la policía registró por muchos años entre los Quispe Palomino y Artemio, que provocaba enfrentamientos entre facciones de Sendero Luminoso. 

—¿Encontramos grandes actores principales?
Cuando determinas la cadena de producción de la cocaína, la lista de actores es muy amplia: el que transporta los químicos, el que vende las semillas, quien cultiva la hoja de coca... Lo interesante es que el mercado ilegal depende del funcionamiento de circuitos legales. Hay cultivos de coca legales y elementos químicos que sirven para otros rubros, por eso es tan complicado erradicarlo.

— ¿Y sobre el circuito de salida qué nos puede decir? 
Somos un gran queso gruyere [con muchos orificios] y la cocaína, como cualquier otro ‘commodity’ ilegal, sale por diversas partes. El circuito ha cambiado porque hay un mayor nivel de consumo en Latinoamérica, el circuito sur-sur ha ganado preponderancia. La droga sale del Vraem, va a Puno y de ahí a Bolivia y Brasil. Otro punto es la triple frontera que conecta directamente los mercados de Brasil y Colombia. El Alto Huallaga y la ruta a EE.UU. ya no son tan comunes como en los 90.