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Estos castillos se fabrican en sus casas pero ellos "no los ven"

Pese a que pirotécnica está a su costado ellos niegan su existencia. Aunque les decomisaron pólvora y otros insumos, productores clandestinos del Rímac y Puente Piedra siguen fabricando los artefactos.

En Puente Piedra, a la altura del kilómetro 28 de la Panamericana Norte, se exhiben castillos de toritos y dragones hechos con carrizo. Detrás de ellos, las viviendas lucen carteles que publicitan la venta de bombardas, castillos, cohetes y cascadas.

Al asomarnos por una choza hecha con listones de madera vemos los bosquejos de algunos castillos. Están pegados en las paredes.

Una mujer sale a atendernos. Le preguntamos por los precios. Tras meditarlo unos segundos, dice que no tiene stock, que allí no los hacen y que no sabe cuándo habrá mercadería. Le consultamos por el cartel que cuelga en el frontis de su casa publicitando la venta de fuegos artificiales. “No es nuestro y creo que esos teléfonos están inactivos”, insiste y se esconde.

El 11 de noviembre, la Sucamec hizo una operación de decomiso en esta zona. Incautaron una buena cantidad de insumos (pólvora negra, nitrato de potasio, polvo de aluminio, mechas, cal y cartuchos). Pero estos artesanos clandestinos no se rinden. Solo cierran sus puertas hasta que nos vamos.

—Clandestinos—
En Piedra Liza, poco antes de llegar al mercado Las Flores, en el Rímac, hay una cuadra que también se dedica al negocio de los fuegos artificiales artesanales. De acuerdo con la Sucamec, ninguno de esos talleres cuenta con permiso para la producción, almacenamiento, distribución o venta de fuegos artificiales. “No pueden sacar los permisos porque también fabrican cohetones”, indican.

Se refieren a pirotécnicos ilegales como la ratablanca, el cohetón, la bomba rusa, la pokerrata y el guty, que pueden tener hasta 20 gramos de carga pírica y medir hasta 20 centímetros de largo.

La venta aquí no es tan descarada. La mayoría ha guardado los toritos y los carrizos en la parte trasera de sus casas. Al acercarnos, un sujeto nos advierte que nadie declarará. “La dueña está adentro, pero no les va a contestar. ¿Para que lo saquen en su periódico y la perjudiquen?”, pregunta y desaparece.

La señora sale al rato. Tiene cicatrices de quemaduras en el cuerpo. Pero, según ella, no tiene ninguna relación con los fuegos artificiales. “Los que hacen los castillos vienen de otros lugares y se instalan en la pista”, dice. Le preguntamos por los toritos de la parte trasera de su casa. “Aquí no hay nada”, miente. Más allá, dos hombres le piden al fotógrafo que deje de importunarlos. “¿Para qué tanta foto? Anda a ver a los corruptos”, le dicen.

Otra vecina insiste en que el material que vemos en la parte trasera de su inmueble lo han llevado invasores. “Lo usan de almacén. Me he quejado, pero como no tengo título no me hacen caso”, afirma y se mete a su casa.

En Lima, según Sucamec, solo hay seis ferias autorizadas: en la playa Agua Dulce (Chorrillos), el jirón Marañón (Rímac), la Av. Canto Grande (San Juan de Lurigancho), entre las avenidas 27 de Diciembre y Pachacútec (Villa María del Triunfo), en Pro (Comas) y en el parque Próceres de la Independencia (Jesús María).

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