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“El color del ‘Colorao’”, por Pedro Ortiz Bisso

“Las obras son de la gente, no de quien las pinta o pone su nombre”.

Jorge Muñoz

Jorge Muñoz, candidato de Acción Popular, fue elegido como nuevo alcalde de la Municipalidad de Lima. (Foto: Facebook / Jorge Muñoz)

Los genios del humor involuntario no solo están en el Congreso, sino también en los municipios. Algunos empiezan su carrera en la comicidad durante sus campañas. Ahí está el desabrido ‘Thalía challenge’ que nos endilgara una candidata a Comas o el achacoso ‘Kitt’, personaje del “Auto fantástico”, que un postulante fujimorista resucitó para promocionarse rumbo al Concejo de Pisco.

Hay otros actos de ridiculez normalizados por la costumbre. Uno de ellos es el uso de un color para identificar una gestión.

Cada vez que un nuevo inquilino o inquilina acomoda sus posaderas en un Palacio Municipal, los vecinos asistimos al bochornoso espectáculo protagonizado por cuadrillas de trabajadores edilicios que recorren la jurisdicción de turno con el fin de cambiar de color a prácticamente cualquier superficie visible que encuentren a su paso.

Paredes, barandas, vallas, letreros, cercos y escaleras pasan bajo sus presurosas brochas a fin de borrar todo vestigio que identifique al antecesor en el cargo y marque la presencia del reyezuelo de turno.

En esto no parece haber diferencias políticas. Cuando Susana Villarán asumió la Alcaldía de Lima, anunció que no seguiría el rumbo de su predecesor, quien había dejado su rastro amarillo por toda la ciudad. No pasó mucho tiempo, sin embargo, para que el verde de Fuerza Social asomara en las escaleras de asentamientos humanos o las vallas de la berma central de la avenida Canadá.

En el señorío de Chorrillos, que don Augusto Miyashiro legará en unas semanas a su hijo Augustito, el azul marino cubre miles de metros de muros, rejas, pilotes y cadenas. La pregunta que seguramente se hacen los chorrillanos es si el joven heredero mantendrá el sosegado color mar o lo cambiará por el amarillo bartsimpsoniano de Solidaridad Nacional, la agrupación con la que accedió al trono de su papi.

El único beneficiado de estos coloreados esperpentos es el ego de cada autoridad. Para los municipios suponen enormes gastos en recursos; y para la ciudad, la ruina del ornato. Los puentes en construcción sobre la Vía Expresa son expresión fiel de cómo la armonía cromática y urbanística pueden arruinarse por obra de un capricho politiquero.

Si el ‘Colorao’ Jorge Muñoz quiere marcar distancia con sus predecesores, debe prescindir de estos arrebatos. No es solo un gesto. Sería una demostración de que atacará lo sustancial y dejará de lado estos absurdos masajes al ego.

Ya más cómodo en el papel de nueva figura de Acción Popular (hasta saluda con el brazo derecho extendido), el nuevo alcalde de Lima necesita tener presente la frase que acuñara Fernando Belaunde durante sus dos gobiernos: “El Pueblo lo hizo”. Las obras son de la gente, no de quien las pinta o pone su nombre en una plaquita. 

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