Rodrigo Cruz

A Henry Gonzales le cuesta encontrar las palabras para describir lo que está viendo en estos días. En sus más de veinte años de experiencia cremando cadáveres, nunca tuvo al frente algo parecido. Si antes de la pandemia por el atendía en promedio a 10 o 12 cuerpos por día, hoy recibe el triple. Solo el miércoles pasado, nos dice, incineró a 35 y tuvo que pedir a los hospitales que ya no le enviaran más. Al otro lado del teléfono le dijeron que había 90 en espera.

Gonzales dirige el crematorio que, tal vez, recibe más fallecidos a causa del COVID-19 o sospechosos desde que se declaró el estado de emergencia. Sus tres hornos están en el interior del cementerio PNP Santa Rosa, en Chorrillos, y desde allí recibe los cadáveres que sus furgonetas recogen o que le envían los diferentes mortuorios de Lima. Su personal sigue siendo el mismo, entre 20 y 25 trabajadores, pero ha tenido que establecer tres turnos para que puedan darse abasto ante la alta demanda.

Una cremación dura entre una hora u hora y media, nos dice Gonzales. Pese a que trabajan prácticamente las 24 horas, la cantidad de muertos que reciben ha superado sus capacidades operativas. “Sinceramente estoy horrorizado”, nos dice por teléfono por el alto número de cadáveres. “No vamos a poder seguir bajo este ritmo porque tampoco nuestros hornos van a soportar”, añade.

En el crematorio del cementerio "Santa Rosa" están trabajando a tres turnos para poder atender a todos los cadáveres que reciben. Sin embargo, no es suficiente por la cantidad de cuerpos que llegan día a día.
En el crematorio del cementerio "Santa Rosa" están trabajando a tres turnos para poder atender a todos los cadáveres que reciben. Sin embargo, no es suficiente por la cantidad de cuerpos que llegan día a día.

Una directiva sanitaria publicada por el Ministerio de Salud (Minsa) el 22 de marzo señala que las personas fallecidas por COVID-19 deberán ser cremadas y que, salvo en los lugares donde no se pudiera, se procederá con la inhumación (entierro). El 13 de abril, esta orden fue modificada. Se añadió que en caso de que se saturen los crematorios, se optará por los entierros. Hasta el cierre de esta edición, en la capital no se registró ninguno.

De acuerdo con la Defensoría del Pueblo, en Lima existen seis crematorios (dos públicos y cuatro privados), cuyos precios oscilan entre los S/1.650 y S/3.900 por incineración. Según el Minsa, los gastos por los servicios fúnebres corren por parte de Essalud, el Seguro Integral de Salud (SIS) o el seguro privado.

Según Henry Gonzales, otros crematorios pasan por los mismos apuros que él. Este Diario llamó a otras empresas que ofrecen el servicio. Dos de ellas señalaron que, efectivamente, ya atienden los casos de muertos por COVID-19, pero prefirieron no dar más detalles al respecto.

Frank Alfaro Aranzabal, gerente general de Funerarias Aranzabal, que tiene más de cincuenta años de operaciones, señala que si los cadáveres en los mortuorios o en la vía pública (ya sea por coronavirus u otras causas) aumentan, el Estado debe crear fosas comunes. Esto para evitar el colapso de los crematorios.

El jueves 16 de abril, el Equipo Humanitario de Recojo de Cadáveres atendió a una persona que falleció de COVID-19 a la altura del puente Benavides en Surco.
El jueves 16 de abril, el Equipo Humanitario de Recojo de Cadáveres atendió a una persona que falleció de COVID-19 a la altura del puente Benavides en Surco.

La semana pasada, el ministro de Salud, Víctor Zamora, le dijo a El Comercio que una de las preocupaciones es evitar que aquí ocurra lo que pasó en Guayaquil, donde se vieron varios cadáveres en las calles. El periodista peruano Herbert Holguín, quien radica en Ecuador, explicó que mucho de lo que hoy se vive en ese país tiene que ver con el colapso del sistema funerario.

“Las funerarias no sabían cómo atender estos casos y varias optaron por cerrar. En consecuencia, muchos cadáveres no se recogían”, dijo Holguín. El periodista indicó que, por la cantidad de muertos que hay en la ciudad (más de 6.700, entre fallecidos por coronavirus, sospechosos y causas naturales en los primeros 15 días de abril), es imposible que todos sean cremados.

El gobierno de Lenín Moreno se opone a la creación de fosas comunes y dice que lo que ellos quieren son entierros unipersonales “dignos”.

24 horas es el lapso en que deben ser entregadas las cenizas después de una cremación, según una directiva del Ministerio de Salud.
24 horas es el lapso en que deben ser entregadas las cenizas después de una cremación, según una directiva del Ministerio de Salud.

“Hay que entender que esto es nuevo para todos”, nos dice el biólogo Elmer Quichiz, director ejecutivo de la Dirección de Control y Vigilancia (DCOVI) de la Digesa. Y pone como ejemplo lo sucedido el 19 de marzo, cuando se conoció que una de las primeras víctimas por coronavirus murió sola en su departamento en Mirafores.

La demora en el recojo del cadáver, indica Quichiz, puso en evidencia la falta de protocolos para estos casos. Por tal motivo, se creó el Equipo Humanitario de Recojo de Cadáveres (EHRC), unidad encargada de llevar el cuerpo a los servicios fúnebres para que sea incinerado (primera opción) o enterrado.

Consultado sobre el uso de congeladoras para almacenar allí los cuerpos a la espera de que sean cremados, el funcionario dijo que es una posibilidad “pero Dios quiera que no lleguemos a eso”. No obstante, recalca que el Minsa ha establecido que se pueden realizar inhumaciones y que ningún cementerio puede discriminar la atención.

Sobre las fosas comunes, Quichiz manifiesta que los cementerios públicos están obligados de acuerdo a ley a reservar un espacio para su implementación.

Protocolo para el recojo de cadáveres de pacientes con coronavirus. (Infografía: El Comercio)
Protocolo para el recojo de cadáveres de pacientes con coronavirus. (Infografía: El Comercio)

A mediados de marzo, Gonzales dice que fue convocado por las autoridades sanitarias para ofrecer sus servicios. Él nos cuenta que presentó su tarifa (S/2.680). “Nosotros no hablamos de dinero con los familiares del fallecido. Todo le corresponde al seguro”, señala.

El empresario dice que, debido a la orden de distanciamiento social, su crematorio ha decidido dar un plazo de 30 días a las familias para que puedan recoger la urna del cementerio.

Haciendo un cálculo, Gonzales sostiene que atiende a seis asegurados del SIS por cada cuatro de Essalud. Lo que quiere decir que recibe más cadáveres de los centros del Minsa.

“Si ahora estamos así, ¿imagínese cómo serán las próximas semanas?”, se pregunta Gonzales.

Mientras se realiza esta entrevista, en la televisión se reporta la aparición de un cadáver en la vía pública. Se le pregunta al respecto y responde que otro cremador deberá recogerlo. Él debe continuar con el trabajo que le falta.

Protocolo para el recojo de cadáveres de pacientes con coronavirus. (Infografía: El Comercio)
Protocolo para el recojo de cadáveres de pacientes con coronavirus. (Infografía: El Comercio)

¿Cuáles son los síntomas del nuevo coronavirus?

Entre los síntomas más comunes del COVID-19 están: fiebre, cansancio y tos seca, aunque en algunos pacientes se ha detectado dolor corporal, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta y diarrea. Estos malestares pueden ser leves o presentarse de forma gradual; sin embargo, existen casos en los que la gente se infecta, pero no desarrolla ningún síntoma, precisó la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además, la entidad dio a conocer que el 80 % de personas que adquieren la enfermedad se recupera sin llevar un tratamiento especial, 1 de cada 6 casos desarrolla una enfermedad grave y tiene dificultad para respirar, la gente mayor y quienes padecen afecciones médicas subyacentes (hipertensión arterial, problemas cardiacos o diabetes) tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad grave y que solo el 2 % de los que contrajeron el virus murieron.

¿Cómo se contagia el coronavirus?

La COVID-19 se contagia por el contacto de una persona sana con otra que esté infectada. Esta enfermedad se propaga de persona a persona mediante las gotículas procedentes de la nariz o boca cuando el que se encuentra enfermo tose o exhala.

En muchos casos, estas gotículas caen sobre objetos o superficies, que después tocan otros individuos y se llevan a la nariz, ojos o boca cuando pasan sus manos por la cara.

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