(Archivo El Comercio)
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Pedro Ortiz Bisso

Veinticuatro años después del ninguneo de Michael Jackson, que dejó a miles con su entrada en la mano y un impresionante escenario instalado en la tribuna Sur, el vuelve a ser el centro de la noticia a causa de un concierto, aunque por circunstancias distintas.

Por la época en que Jackson canceló su presentación, a un presidente de la Federación de Atletismo se le ocurrió la disparatada idea de que el Nacional debía estar bajo su manejo, dizque porque fue construido para la práctica de ese deporte. Afortunadamente, tamaña extravagancia no cruzó los linderos de algunas notas periodísticas.

Lo que ni él ni nadie imaginaron fue que tiempo después, y sin mediar pedido alguno, el principal escenario deportivo del país pasaría a ser hogar de Elton John, Juan Luis Guerra y otras megaestrellas del espectáculo.

El coloso de José Díaz es un escenario hermoso que, tras su millonaria remodelación (costó unos US$93 millones), se convirtió en uno de los mejores de Sudamérica.

Pero hace varios años que perdió su carácter estrictamente deportivo por la necesidad de generar ingresos para su administrador, el Instituto Peruano del Deporte (IPD), que debe usar su famélico presupuesto para promover el deporte y correr con los costos de su mantenimiento.

En los últimos días, la Federación Peruana de Fútbol y el IPD han intercambiado dardos por el uso del estadio para el partido Perú-Bolivia de este 31, debido a que días antes –el sábado 12– habrá un concierto masivo y el campo de juego no llegará en condiciones óptimas.

Ha sido por ello que esta semana hemos asistido a un desafinado concierto de declaraciones contradictorias y demagógicas, como si el honor del país se pusiera en juego en un encuentro futbolístico.

El Nacional es, antes que nada, un escenario deportivo y esa debe ser su prioridad. Las necesidades del IPD se entienden, pero no pueden estar por encima de su objetivo principal. Toca al Estado proveerlo del presupuesto necesario para su labor. No vaya a ser que la inauguración de los próximos Panamericanos deba cambiar de lugar por un concierto ya comprometido.

En todo este barullo de lo que menos se ha hablado es de quienes adquirieron su entrada para el show de este sábado. Las condiciones que habían contratado estuvieron muy cerca de cambiar de un momento a otro. Se pretendió llevar el concierto al Monumental, como si su seguridad, accesos y comodidades fueran similares a los del Nacional. ¿Alguien habló de respeto por el consumidor?

Luego de tanto lío, el partido se realizará en el estadio crema. Si la solución era tan simple, ¿por qué no se tomó antes? ¿Por qué tuvimos que ser testigos de este espectáculo tan desagradable?
Por una razón: junto con el fútbol, pelearnos entre nosotros es el gran deporte nacional.

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