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¿Y después de los Panamericanos, qué?, por Pedro Ortiz Bisso

El autor de esta columna se pregunta si estamos preparados para dar un uso adecuado a los modernos recintos que dejarán los Juegos Panamericanos Lima 2019. "Abundan los ejemplos de coliseos valiosos que se perdieron", dice

Juegos Panamericanos: lo que debes saber sobre las entradas para la inauguración

La ceremonia de inauguración de los Juegos Panamericanos Lima 2019 se realizará el 26 de julio, mientras que la clausura será el 11 de agosto. (Difusión)

El Comercio

Cuatrocientos soles es el precio más alto de la entrada para los Juegos Panamericanos que se desarrollarán en Lima. Corresponde a la ceremonia inaugural y se empezará a vender, junto con el resto de boletos, desde este lunes.

La localidad más barata cuesta 20 soles.Es un precio relativamente asequible si lo comparamos con los estándares internacionales.

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Para la jornada inaugural de Toronto 2015, la entrada más cara costó unos US$260. Sin ir muy lejos, cuando la selección definió su pase a Rusia 2018 frente a Nueva Zelanda, se cobró hasta 790 soles.

Pese a que estamos a solo dos meses de la inauguración, el ambiente camino a Lima 2019 sigue sin encenderse. La crisis política y los problemas del día a día tienen copado el interés del público. Aún no dimensionamos que nuestra ciudad reunirá a los mejores deportistas del continente, en el evento deportivo más importante de la historia del país.

La fabulosa inversión en infraestructura –se estima que alcanzará los 4.000 millones de soles– es un hito que difícilmente se superará. Nunca se usó tanto dinero para construir estadios y coliseos. De no tener virtualmente nada, Perú pasará a contar con infraestructura de primer orden no solo para fútbol (pese al césped artificial del estadio de San Marcos), sino también para albergar deportes menos populares como atletismo, natación, waterpolo, vóleibol, béisbol, hockey, rugby, pelota vasca, bowling y otros.

El centro acuático de Villa María del Triunfo, los Polideportivos de Villa El Salvador y el Callao son recintos maravillosos. ¿Y cuando terminen los juegos, qué?

No es una pregunta tremendista, inoportuna ni pinchaglobos. Si pensamos en que “Dios proveerá”, como se suele responder en estas circunstancias, demostraremos que, una vez más, no hemos aprendido nada.

El mundo está repleto de ejemplos de infraestructura valiosa, construida para mundiales de fútbol o Juegos Olímpicos, que se perdió rápidamente. La ausencia de una política deportiva que la sostenga en el tiempo y la falta de recursos para evitar su deterioro fueron las causas del desastre.

Brasil es un ejemplo reciente de lo que no se debe hacer. Para la Copa del Mundo se construyó un hermoso estadio en Brasilia, el Mané Garrincha, que desde entonces se ha usado para bodas o como estación de buses, porque en la ciudad no existe balompié profesional.
El Velódromo levantado para Río 2016 también ha traído problemas porque su mantenimiento cuesta unos US$3 millones al año.

¿Estamos preparados para dar un uso adecuado a los modernos recintos que dejarán los Juegos? ¿Existe una política deportiva que permita pensar que los Panamericanos serán un parteaguas para el desarrollo del deporte en el país? 

Crucemos los dedos.

**El Comercio no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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