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El drama de los sobrevivientes de las peores caídas de buses

Fueron afortunados y se salvaron de morir en los accidentes de tránsito más sangrientos de Lima y Arequipa en los últimos meses, pero todavía luchan, solo con el apoyo de sus familias, para curar las heridas

El drama de los sobrevivientes del cerro San Cristóbal y Pasamayo

Lenin Bances tiene ambas piernas fracturadas desde el accidente de Pasamayo. El SOAT no alcanzó para cubrir su tratamiento. (Alessandro Currarino / El Comercio)

El Comercio

Lenin Bances, de 25 años, es uno de los seis sobrevivientes del accidente en Pasamayo. Dos meses después de la caída del bus de la empresa San Martín (que lo traía de Huacho a Lima), aún tiene fracturados el fémur derecho y la tibia, el peroné y el talón izquierdos. Unos familiares le han prestado un departamento en Magdalena para que pueda acudir a las terapias de rehabilitación que él mismo costea, cinco veces por semana, en la clínica Ricardo Palma. El departamento queda en un tercer piso y el único acceso es por una angostísima escalera de caracol. “A veces me cargan entre mi tío y mi esposa. Si no está él, debo arrastrarme y mi esposa baja la silla”, cuenta Lenin.

El día del accidente venía despierto y vio cuando el tráiler de la empresa Levisa empujó al bus hacia el abismo. “Me aferré a un asiento lo mejor que pude mientras el bus daba vueltas. Estuve consciente en todo momento. La gente chocaba contra el techo y el piso, y otra vez contra el techo y el piso. Giraban como en una licuadora. Luego todo fue silencio y sentí que algo salpicó mi cara. Me toqué. Era sangre. Bastante”, recuerda. La sangre provenía de un cadáver a su lado.

Lenin fue trasladado al hospital Carrión del Callao. Allí lo estabilizaron, pero el SOAT no ha alcanzado para costear las cirugías que necesita para que sus huesos sanen. Y así, la recuperación es más lenta. “Me dicen que quizás vuelva a caminar en año y medio”, suspira.

El joven estudiaba mecánica automotriz y hacía prácticas en una empresa de camiones. Con eso mantenía a su hijo de 8 años, quien ahora debe ayudarlo a cambiarse la ropa. “He tenido que dejar el trabajo y mi esposa, Rocío, ha renunciado al suyo para poder atenderme. Vivimos, prácticamente, de la generosidad de la familia”, explica. Para financiar sus terapias tiene que hacer polladas.

Los representantes de Levisa, la dueña del tráiler que causó el accidente, ni se acercaron a la familia para saber si Lenin había sobrevivido. “Por carta notarial les he pedido que asuman su responsabilidad. Me han contestado que eso se verá en un juicio”, se queja Lenin mostrando el documento.

—Pausa larga—
“Los de Levisa se comportaron como inhumanos. Se esfumaron”, denuncia Roberto Villalobos, padre de Kevin Villalobos Rojas, otro de los sobrevivientes de Pasamayo.

Kevin, de 27 años, estaba dormido cuando el bus cayó al precipicio. Se despertó con el estruendo y los llantos. El impacto lo dejó temporalmente ciego, con los ojos negros, los brazos adormecidos y dificultad para respirar. Además, estaba atrapado entre los fierros. Un pescador corrió a auxiliarlo y le avisó a su familia que había sobrevivido. La vista recién se le disipó cuando llegaron los bomberos y lo subieron al helicóptero.

“Estábamos en el sofá viendo las noticias. Así nos enteramos. Fue horroroso porque decían que eran solo seis sobrevivientes. Las probabilidades de que Kevin fuera uno de ellos eran mínimas. Se nos iba el alma”, cuenta el padre.

Kevin sufrió fracturas en ambos brazos, en la pierna izquierda (la tibia se partió en cuatro) y en la penúltima vértebra. Además, tuvo una leve complicación en el hígado y en uno de los pulmones y una fisura pequeña en el cráneo. Y ha necesitado dos injertos de piel en el costado y codo izquierdos.

Sigue internado en el Hospital Naval gracias a un seguro de su padre, que es marino en retiro. “El SOAT y los mil dólares que nos dio Norvial no alcanzan para todo lo que mi hijo necesita”, cuenta Roberto Villalobos. “Lo único que no cubre el Hospital Naval son los equipos ortopédicos que necesita el paciente. Por eso he tenido que insistir a La Positiva [aseguradora de la empresa San Martín], para que se encargue de esas facturas, y han aceptado”, agrega.

El primer fijador externo que le colocaron en la pierna costó S/17.000 y era solo para estabilizarla. Este lunes le operarán nuevamente la pierna para colocarle placas y tornillos internos.

Por lo de la vértebra, Kevin está prohibido de sentarse. Como máximo pueden inclinarle la camilla en un ángulo de 35°. También necesita que alguien lo acompañe la mayor parte del día. Por ese motivo, el nacimiento continúa armado en su casa y las ventanas mantienen las luces navideñas.

—Cuatro milagros—
Jorge Sánchez y Antonia Mandujano abandonaron temporalmente su casa, en lo alto de un cerro de Huaycán, en julio del año pasado. El cuerpo no les daba para subir tantas escaleras luego de la caída de un ómnibus de Green Bus en el cerro San Cristóbal, a la que sobrevivieron con sus dos hijos. “Tuvimos que venir donde mi madre”, cuenta Jorge.

El drama de los sobrevivientes del cerro San Cristóbal y Pasamayo

Jorge Sánchez y Antonia Mandujano se salvaron de morir en el cerro San Cristóbal. (Lino Chipana / El Comercio)

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Al cerro San Cristóbal fueron a pedido de Ahrens, de 7 años, el mayor de los niños, que había insistido bastante ese día por el paseo. “Todo estuvo bien, pero al regreso el bus iba muy veloz. Mi esposa y yo pateábamos el piso para increparle al chofer, pero no disminuía la velocidad”, cuenta Jorge. En una curva pronunciada, el bus se salió de la pista. “Vi que mi hijo volaba y traté de cogerlo del polo. No pude”, recuerda el padre, quien salió disparado contra un árbol y se desmayó. Ahrens lo despertó y le señaló dónde había caído su hermana.

“Cuando la vi, me pareció que se movía de manera agónica. No quise acercarme. No quería verla morir”, confiesa. Pero Ahrens insistió y Jorge, con una costilla rota, fue a cargar a la pequeña. Solo tenía algunos rasguños. A Antonia la encontraron sobre un montículo de maleza y plantas espinosas, que se le incrustaron en el pecho y los brazos. “No podía respirar. Sentía que mi cuerpo era un acordeón”, cuenta la mujer. En ese momento irrumpieron los saqueadores. “¡El coche de mi hermana!”, gritó Ahrens. Pero ninguno de los esposos tuvo fuerza para reclamarlo. Y el niño se quedó llorando: “Es mi culpa”. “Hasta ahora tiene pesadillas por eso. Se despierta gritando por su hermana”, señala la madre.

“Días después, se acercaron unos representantes de Green Bus para ofrecernos S/300. Pero querían que firmemos unos papeles raros. No aceptamos”, explica Jorge. Un abogado de oficio asumió la defensa legal de la familia. “Pero hasta ahora no hemos logrado nada”, afirma.

—Un sobreviviente de Rey Latino—
A Walter Lipa Quispe, de 45 años, le hace compañía una estampa de la Virgen del Socorro mientras se recupera en la cama 416- A del hospital Regional Honorio Delgado, en Arequipa. Es uno de los sobrevivientes de la volcadura del bus Rey Latino el pasado 21 de febrero en la carretera de Ocoña, en Arequipa.

Walter trabajaba como mototaxista en Pichanaqui, Chanchamayo. Fue unos días a Chala, Arequipa, pensando que podría abrir un restaurante allá y, antes de regresar a Chanchamayo decidió visitar a sus padres en Sicuani, Cusco, por lo que compró un boleto de Rey Latino.

El bus, recuerda, partió con una hora de retraso. El chofer manejaba malhumorado y recogía pasajeros en el camino. Walter viajaba sentado en el primer asiento del segundo piso, frente al parabrisas. Se despertó a medianoche con una tremenda sacudida y vio cómo el bus entraba de cabeza a un abismo. "Sentí mucho frío y no pude gritar", dice. Tras el primer impacto, Walter salió expulsado por el parabrisas y quedó noqueado por varios minutos.

Cuando despertó, tenía el rostro ensangrentado, había perdido los zapatos y no podía ponerse de pie. Apenas logró sentarse. El codo izquierdo se había dislocado y tenía fracturada la clavícula.

Cerca de él unas mujeres murmuraban gemidos de ultratumba. 45 personas murieron en ese accidente. Muy cerca de él había caído el cuerpo de un niño.

Walter fue el tercero en ser rescatado. Lo llevaron al hospital de Camaná, donde le cosieron el rostro. Más tarde lo transfirieron a Arequipa, al hospital regional Honorio Delgado, donde le pusieron unos clavos en el brazo izquierdo. "Tengo miedo de que esta mano no vaya a responderme para el trabajo", dice indicando el brazo operado. Es viudo y tiene un hijo pequeño que depende de él.

"Le pido a la empresa que no solo asuma los costos de la curación. Si no que considere una pensión de invalidez parcial, hasta que recupere la movilidad del brazo", insiste. [Con información de Zenaida Condori]

Walter Lipa,

Walter Lipa sobrevivió a la caída de bus que causó 45 muertos en Arequipa. (Foto: Zenaida Condori)

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