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Un año electoral atípico y apático [CRÓNICA]

Una compleja coyuntura política y los repentinos cambios en la tendencia de voto marcaron hasta ayer este proceso electoral.

Jorge Muñoz

Jorge Muñoz

Archivo El Comercio

Hace un año, Jorge Muñoz inauguraba una cuadra remodelada de la calle Porta, en Miraflores, un distrito con casi la misma cantidad de personas que el aforo del estadio Monumental. Pocos imaginaban que 12 meses después ganaría las elecciones de una provincia con 10 millones de habitantes.

Hace un año, Daniel Urresti, su principal adversario en la última semana de campaña electoral, disparaba ‘tuits’ contra todo político y hasta ofrecía “dos entradas a palco para el partido Perú-Colombia” a quien le llevara “una foto de Keiko trabajando”. Este militar en retiro venía de postular a la presidencia, se lanzó a la alcaldía usando chaleco y gorra de policía mientras enfrentaba un juicio por la muerte del periodista Hugo Bustíos.

Era octubre del 2017 y nadie presagiaba lo que pasaría en los próximos meses: cualquier cosa menos un año electoral común y corriente.

—Vale todo—
El último domingo, más de 23 millones de peruanos fueron convocados para acercarse a 80.940 mesas de sufragio en 5.164 locales. Lima agrupó casi la tercera parte de ciudadanos facultados para votar: 7,2 millones. Las universidades Agraria, Ricardo Palma y la Nacional de Ingeniería (UNI) fueron algunos de los locales con más mesas.

Los primeros candidatos en ejercer su voto, desde las 9 de la mañana del domingo electoral, fueron Alberto Beingolea y Ricardo Belmont. Para entonces, más del 30% de mesas de sufragio no habían terminado de instalarse y se denunciaban casos del mal funcionamiento del sistema electrónico de la ONPE.

Antes del mediodía, Jorge Muñoz terminó de desayunar en un comedor popular de Villa El Salvador y se dirigió al colegio Pestalozzi, en el distrito de Miraflores, “una de las islas de Lima que funcionan bien”, como lo describe el arquitecto y urbanista Jorge Ruiz de Somocurcio.

[La ubicación de ese colegio ayuda a definir el sustantivo ‘isla’: está arrinconado entre Surco, Barranco y Surquillo, distritos con graves problemas de informalidad y tráfico. Muñoz no había ganado las elecciones para la Alcaldía de Lima, pero ya respiraba sus problemas].

Para sorpresa de muchos, el candidato por Acción Popular había ido a votar sin su DNI y tuvo que ir a su casa para recogerlo. Mientras esto sucedía, su principal contendiente también ‘pecaba’ de distraído: Urresti apareció frente a las cámaras con una lampa –símbolo del partido de Muñoz– mientras ayudaba a desenterrar una pachamanca en el cerro Centinela para el tradicional desayuno electoral. 

Cuando el ex ministro del Interior acabó de comer y se encontraba camino a votar a su centro de sufragio en La Molina, debió haber visto una enorme cantidad de titulares en portales de noticias y publicaciones de redes sociales donde se le mostraba, inconscientemente, 'apoyando' a su contrincante y terminando de cavar su derrota. Luego de emitir su voto, no dio mensajes a la prensa.

—En reversa—
El panorama electoral para Muñoz cambió en dos semanas. Su escalada en la intención de voto pudo haber comenzado tres días antes del primer debate electoral del domingo 23. Cuando se supo que Renzo Reggiardo no participaría, Muñoz lo retó en redes sociales: “No te corras, Renzo”. Ese mismo jueves 20, Muñoz asedió por segunda vez, pero ante la prensa: “Que Reggiardo no se corra”. El 21 de setiembre, la demanda se convertía en amenaza: “Mañana iré a tu local a dejarte una carta para que vayas a debatir”.

Fue entonces cuando un apacible Jorge Muñoz mostraba su lado revoltoso: “Eres solo el conductor de un programa de TV sobre seguridad en el que muestras el trabajo ajeno (PNP, serenazgo, etc.). No te corras”. Dos días después, tras el primer debate electoral al que Reggiardo no acudió, Muñoz fue declarado ‘ganador’ de la cita.

Ayer a la 1 p.m del domingo. el candidato por Perú Patria Segura, quien lideraba las primeras encuestas y que luego cayó algunos puestos, acudió a la Universidad Agraria para votar. Se presentó con mucho menos entusiasmo que en semanas anteriores. Los problemas con el sistema electrónico lo obligaron a esperar una hora y media.

Para la 1:30 p.m., 17 de los 20 candidatos ya habían cumplido su deber cívico. Entre la ciudadanía las quejas por mesas no instaladas continuaban.

—A oscuras—
La convocatoria para este proceso electoral se realizó el 10 de enero, pero hasta hace un mes casi no se percibía la campaña política. El Mundial de Rusia, la migración venezolana, la difusión de audios de miembros de Consejo Nacional de la Magistratura, los planteamientos para modificaciones constitucionales y la anulación del indulto de Alberto Fujimori distrajeron la atención sobre estos comicios.

“Hay un elemento que hizo todo aún más atípico: la no reelección”, dice Rolando Arellano, uno de los más reconocidos especialistas en mercadeo. “Esta vez solo se observaron caras nuevas. Ningún alcalde ha podido usar como arma de campaña el conocimiento de la ciudadanía sobre él. Además, se ha percibido que los ciudadanos exhortaron a ejercer un voto responsable entre ellos mismos”.

Según Arellano, esto explica por qué estas elecciones no han tenido, como en anteriores campañas, a dos contendientes ‘peleándose’ por liderar las encuestas, sino a un numeroso grupo de candidatos que se alternaban entre los primeros puestos. Lo que sí hubo fueron planes de gobierno con propuestas irrealizables o fuera de las competencias del alcalde.

Para las 4 p.m. de día de elecciones, los limeños conocíamos los primeros resultados. No ganaron los candidatos vinculados a la seguridad (Reggiardo, Urresti) ni al transporte (Cornejo, Guerra García). Tampoco los favorecidos por su participación en algún programa de televisión (Belmont, Beingolea y Reggiardo). “Los ciudadanos no han elegido a su alcalde por sus propuestas de campaña sino por lo que él significa como persona”, dice Arellano.

¿Qué hacía el actual alcalde Luis Castañeda Lossio hace un año? Era citado por el Congreso de la República para que asistiera a responder sobre presupuesto fiscal y, en las encuestas, alcanzaba un 60% de desaprobación.

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