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Formación en el INPE: ellos van a la cárcel por su voluntad

En el Callao, frente al penal Sarita Colonia, se forman los agentes que trabajarán en los 69 penales del país. El 60% de los aspirantes proviene de las FF.AA.

Formación en el INPE: ellos van a la cárcel por su voluntad

Los aspirantes a agentes penitenciarios realizan sus ejercicios en el patio de entrenamiento del Centro de Estudios Criminológicos y Penitenciarios. El 19 de marzo pasado iniciaron su preparación. (Foto: Rolly Reyna / El Comercio)

En el patio de entrenamiento, un centenar de aspirantes a agentes del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) hace lagartijas y planchas, y corea cantos al estilo militar. Otros grupos dan brazadas en la piscina, aprovechan para usar el gimnasio o reciben clases de defensa personal penitenciaria.

“De todos los servidores públicos, los agentes penitenciarios tienen la tarea más difícil”, dice Max Flores Quispe, director del Centro de Estudios Criminológicos y Penitenciarios (Cenecp), ubicado en el Callao. “Cuando se gradúen tendrán que lidiar con penales hacinados. Es un problema latinoamericano. Por eso les enseñamos a manejar su voz, para que puedan hablar frente a 200 o 300 internos”, explica.

Por la tarde, Javier Llaque Moya, vicepresidente del INPE, visita a los aspirantes. Inspecciona sus clases y los acompaña durante el rancho. Antes de que los jóvenes levanten los cubiertos les dice: “Deben estar alertas. Ser agente penitenciario es un desafío. Aceptan un sol y los internos les pierden el respeto”.

El director de la escuela nos comenta luego: “No podemos negar que hay mucha corrupción en la institución. En los penales corre mucho dinero. Por eso estamos fortaleciendo el tema de la ética en el currículo”.

Esta es la única escuela del INPE. Se fundó hace 33 años y abastece de agentes a las 69 cárceles del país. Está situada frente al penal Sarita Colonia y funciona a modo de internado. La preparación dura seis meses y durante ese tiempo los jóvenes permanecen bajo observación. “Se revisa que no presenten antecedentes policiales ni judiciales, y se les realiza constantemente exámenes toxicológicos. Solo los mejores irán al INPE”, dice Flores.

—Nueva promoción—
Para muchos el trabajo penitenciario no fue su primera opción, pero optaron por él por temor al desempleo. Como agentes ganarán, mínimo, S/1.800. “Soy técnico de estructuras metálicas. Soldador 3G. Pero el canon minero bajó y comencé a pensar en otras opciones. Tengo familiares en el INPE que me motivaron”, cuenta un aspirante de Iquitos.

#250 jóvenes

fueron elegidos entre 3.200 postulantes para integrar la nueva promoción de agentes del INPE. El 60% de ellos proviene de las Fuerzas Armadas.

1.800 soles

es el sueldo mínimo de los agentes penitenciarios, excepto de los que son asignados a establecimientos de máxima seguridad. Estos reciben S/2.300.

En enero de este año, 50 mujeres y 200 hombres alcanzaron una plaza en la escuela. Según Llaque, el 60% de ellos proviene de las Fuerzas Armadas y el 35% tiene estudios universitarios o tecnológicos.
Los estudiantes Gabriela Arias, de 23 años, y Ángel Espinoza, de 25, son licenciados del Ejército y, además, estudian Derecho. Arias, de Lima, tiene como meta ser alcaide de algún establecimiento penitenciario. “Y, por qué no, directora del INPE”, dice la joven. “Muchas personas me dijeron que me dedique a otra cosa, que me incline por el Derecho Civil. Pero siempre me han gustado los retos”, afirma.

Espinoza, de Tumbes, viene de una familia de militares y agentes penitenciarios. “Es mi vocación. Acá sigo aprendiendo sobre armamento y, además, soy el trompetista de la banda”, cuenta.

Rosa Alfaro Martínez, de 28 años, estudia a la par Comunicaciones. Con menos de un mes en la escuela, la han nombrado responsable del gimnasio. Ella supervisa que sus compañeros entrenen una hora y veinte minutos al día. “Siempre me ha gustado entrenar, estar activa. Esto es para mí”, dice. Y agrega: “Necesitamos mucha fuerza física, tenemos que estar preparados para afrontar motines, reyertas”.

Su familia también le pidió que piense en otras alternativas laborales. “Luché para estar aquí. Me gusta. Acá todos somos iguales”, afirma. 

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